¡Nuestro “Yo” está fuera de de nosotros!

Reportaje noticioso (tomado de The Epoch Times): La mayoría de las personas suponen que nuestras memorias deben existir en algún lugar dentro de nuestra cabeza. Pero, a pesar de muchos intentos, a los investigadores no les ha sido posible determinar qué región cerebral almacena lo que recordamos. ¿Será posible que nuestras memorias moren realmente en un espacio fuera de nuestra estructura física?

Según el biólogo Dr. Rupert Sheldrake, autor de numerosos libros científicos y artículos, la memoria no reside en ninguna de las regiones geográficas de nuestro cerebro, sino más bien en una especie de campo que rodea permeando el cerebro. Entretanto, el cerebro mismo actúa como un “decodificador” para el flujo de información producida por la interacción de cada persona con su ambiente. Sheldrake compara el cerebro a un receptor de televisión, presentando una analogía para explicar la manera en que la mente y el cerebro interactúan.

… todos los organismos pertenecen a su propio tipo de forma-resonancia, un campo que existe tanto dentro como alrededor de un organismo, que le da su instrucción y forma… el enfoque morfogénico ve a los organismos íntimamente conectados a sus correspondientes campos, alineándose a sus memorias acumulativas, que la especie como en un conjunto ha experimentado en el pasado

… “El concepto clave de la resonancia mórfica es que cosas similares influyen a cosas similares a través tanto del espacio como del tiempo…”, escribe Sheldrake.

Mientras la búsqueda de la memoria constituye un reto para la biología tradicional, los investigadores como Sheldrake creen que la evidencia real de la memoria debe encontrarse en una dimensión espacial que no se puede observar… el cerebro no actúa como un servicio de almacenamiento, ni siquiera la mente misma, sino es el nexo físico necesario para relacionar al individuo con su campo mórfico.

Mi comentario: La Cabalá nos explica que tenemos una cadena de registros informativos (Reshimot). Estos registros “cobran vida” uno tras otro bajo la influencia del campo que nos rodea (Luz), convirtiéndose en la imagen dinámica del mundo que percibimos. Es similar a la manera en que una computadora reproduce una grabación de video que descarga de su memoria.

No podemos influir en la cadena de grabaciones. Sin embargo, tenemos la capacidad de aprender el programa que los reproduce y facilitar que se lleve a cabo con éxito por medio de nuestros esfuerzos. En este caso, echamos a andar el programa y logramos su causa, flujo y propósito, por lo tanto, elevándonos al nivel del Creador.

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