El egoísmo nos está llevando justo a las fauces de la serpiente

doReportaje: (de GfK): Para la encuesta internacional de GfK sobre el engaño, que se llevó a cabo en 19 países, a los individuos se les preguntó que si engañar era más común ahora que hace diez años, especialmente en la escuela, en lo que se refiere a los impuestos, en los deportes, en el lugar de trabajo, en los negocios y relaciones. Casi la mitad de las personas que contestaron pensó que actualmente se engaña más que hace diez años.

Mi comentario: Ciertamente el egoísmo está creciendo y no hay forma de frenarlo. Aunque admitamos que las acciones que cometemos son malas, ya no sentimos vergüenza por ello y hasta nos sentimos orgullosos.
Reportaje: (traducido de Israelinfo.ru): “Los israelíes se han vuelto más crueles con los débiles”. Las estadísticas muestran que más de la mitad las víctimas que murieron en las carreteras en Israel en 2008 eran los más desprotegidos: peatones, motociclistas y conductores de bicicletas.

Mi comentario: Eso es la evidencia del egoísmo creciente, descuido por los débiles y el sentimiento de impunidad debido al hecho que este comportamiento egoísta se está volviendo una regla. Ya ni siquiera se informa sobre los accidentes en la televisión y las personas no adoptan la actitud correcta hacia estos. Ciertamente el egoísmo no nos permite ni siquiera tomar las medidas básicas de precaución. ¡Desamparada, nuestra sociedad se dirige derecho a la boca de la serpiente!

Reportaje: (de times Online): Aunque no existe una lista definitiva de los pecados mortales, muchos creyentes aceptan los siete pecados capitales: lujuria, gula, avaricia, ira, envidia, soberbia, pereza… nuevos pecados han aparecido en el horizonte de la humanidad como corolario al imparable proceso de globalización. Mientras que en el pasado se pensaba en el pecado como un asunto personal, ahora tiene “resonancia social”. Se ofende a Dios no solamente robando, blasfemando o deseando a la mujer del prójimo, sino también arruinando al medio ambiente, realizando experimentos científicos moralmente dudosos, o permitir manipulación genética que altere el ADN o afecte embriones.

Mi comentario: ¿Entonces en qué orden espiritual colocaríamos a los pecados?

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