Cómo emplear la sensación de ser único para beneficiar al mundo entero

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Con la finalidad de alcanzar el propósito de la Creación, necesitamos una fuerza especial que es externa, que existe fuera de nosotros. Sin su ayuda, todos nuestros esfuerzos para llegar al Mundo Superior (en otras palabras, realizar acciones de amor y otorgamiento) serán inútiles. La razón es que nuestra naturaleza entera es el deseo de recibir, por lo que todas nuestras acciones las realizamos para satisfacernos. Incluso si tomamos en cuenta las necesidades de los demás, lo hacemos por temor o porque a la persona a la que damos es tan cercana que sentimos que es parte de nosotros.

El motor de todas nuestras acciones es el amor propio. Por lo tanto, no podemos preocuparnos realmente  por los demás y otorgarles. Tenemos el deseo de alcanzar plenitud a costa de los demás, lo cual se llama “egoísmo.” Este deseo es lo que diferencia al nivel humano del animado.

Cuando el ser humano no está corregido, es más bajo que un animal, pero cuando alcanza la corrección, se vuelve equivalente al Creador. Cada persona en el mundo se siente único y excepcional, pero cuando este sentimiento se agrega al egoísmo, se convierte en la peor y más destructiva fuerza de la naturaleza.

Sin embargo, esto también tiene su propósito: tenemos que descubrir la degradación absoluta de este estado para separar la forma corrupta del sentimiento de ser único, exclusivo y excepcional. En ese momento podremos suplicar verdaderamente al Creador, pidiéndole que cambie la forma en la que empleamos este sentimiento. Se transformará en bondad y amor para todos, y el amor de cada persona para todos será único y especial.

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