La ciencia manejada por el egoísmo se convierte en un instrumento del mal

En las noticias (de PLOS ONE): “¿Cuántos científicos fabrican y falsifican la investigación?” Una opinión popular difundida por los medios de comunicación y por muchos científicos es que los defraudadores no suman más que unas “cuantas manzanas podridas”. La antigua imagen de la ciencia se basa en la teoría que la comunidad científica se guía por normas que incluyen el desinterés y el escepticismo, las cuales serían incompatibles con malos manejos. Sin embargo, la evidencia sugiere cada vez más que los fraudes que se conocen son tan sólo la “punta del iceberg” y que muchos casos nunca salen a la luz.  …en la mayoría de ellos, las malas conductas fueron reportadas por los investigadores médico/farmacológicos y no por otras fuentes.

… es probable que si un promedio de 2% de los científicos aceptaran que han falsificado la investigación al menos en una ocasión y hasta un 34% admitieran otras prácticas dudosas en la investigación, la frecuencia real de malos manejos se elevara considerablemente.

Mi comentario: El egoísmo aunado a la ciencia la convierte en un instrumento del mal. Por esta razón, los grandes científicos del pasado, Platón y Aristóteles, estaban en contra de la difusión de la ciencia  a las masas y aceptaban únicamente a los estudiantes que “habían corregido el egoísmo”. (Ver Introducción al Libro el Árbol de la Vida de Baal HaSulam).

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