Tocar tu partitura

A continuación una carta que me envió Maxim Matushevsky, miembro de Bnei Baruj en Moscú:

¿Recuerdas tus primeros pasos cuando empezabas a estudiar música? Te sentabas en un banquillo incómodo y los pies casi si podían tocar el piso. Ante ti un rígido y rebelde teclado y encima un cuaderno lleno de símbolos y garabatos incomprensibles y apuntes en italiano. A tu lado un maestro

Tratabas  de entender el mensaje oculto en esta hoja impresa mientras se dislocaban las articulaciones de tus dedos al intentar colocarlos en las teclas correctas en el orden y con la presión indicada. La cacofonía de tus esfuerzos llenaba la habitación. El maestro no estaba satisfecho. Pensaba que eras un inepto y un perdedor.

Sentías que odiabas al compositor. Seguramente había sido un pervertido: ¿cómo pudo componer esto y tocarlo encima de todo? Te sentías molesto con el maestro, con tus padres, contigo mismo y el estúpido instrumento. Entretanto el sol brillaba afuera, los amigos jugaban fútbol y se divertían. ¡No, no quiero volver a tocar esto! ¡Déjenme ir!

Los días se sucedían. Los dedos se acostumbraron a tocar las teclas correctas. Podías ya  distinguir fragmentos de una melodía y no se escuchaba tan mal.

Pasaron las semanas y ya no tenías que leer la partitura, los dedos recorrían el teclado. ¡De pronto te diste cuenta que estabas disfrutando esta hermosa, polifónica melodía llena de matices! Te sentiste orgulloso de ti mismo y experimentaste un mar de emociones.

Así que fue esto lo que el compositor experimentó cuando compuso esta música maravillosa. ¿Y si yo ahora acentúo este fragmento?  ¡El resultado es un sonido distinto que inspira nuevas emociones!

¡La música es bella e infinita! Sientes afinidad con el compositor. Estás agradecido porque te permitió experimentar estas emociones. Agradecido con el maestro que no te abandonó y te enseñó a leer música. ¡Te sientes feliz y libre!

¿Pero en qué consiste esta libertad? Estrictamente tocas la música siguiendo la pauta que alguien más compuso según leyes estrictas de armonía. Sin embargo, ahora puedes contribuir con tu modesta participación al tocarla e interpretar la composición sin apartarte de su plan e integridad. ¡Te has convertido en su co-compositor! Es tu instrumento y TU música y fue compuesta para que TÚ la tocaras.

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