La verdad le pertenece a todos

textsRecibí una pregunta: Cuando usted habla del Creador, se podría pensar que está hablando de religión. ¿Puede usted explicarlo con una terminología real, de todos los días?

Mi respuesta: Entiendo que estas palabras provocan asociaciones desagradables y que para muchos se relacionan con una gran cantidad de estereotipos. Pero, en la raíz de la narrativa bíblica se encuentra la revelación de la fuerza Superior al hombre y ese relato  no es el conocimiento privado de ninguna religión. A nadie se le ha concedido el derecho personal de ser el dueño de Él. Muy por el contrario, cada persona tiene que descubrir al Creador por sí mismo. Los primeros que lo hacen son aquellos que sienten que hay algo dentro de sí que necesitan corregir, como se ha dicho, “Yo he creado la inclinación mala y la Torá como un medio para corregirla”.

La ciencia de la Cabalá es la verdadera Torá. Con toda certeza se la llama Torá-emet (“emet” cuya traducción es “verdad”). Por eso es que todos tienen que entender que la Torá habla solamente de la espiritualidad y le pertenece a todos. A medida que alguien estudie Cabalá y se corrija, comprenderá el significado de estas palabras.

Por esta razón debemos cambiar nuestra actitud hacia las referencias que hace Baal HaSulam y otros cabalistas sobre la Torá, los Salmos y la Mishna. El objetivo no es memorizar todas las palabras, sino sentirlas dentro de uno mismo.

Supongamos que alguien memoriza todo el Talmud. ¿Piensan ustedes que eso significa que esa persona ha corregido alguna parte de su alma? Tendrá que regresar a esta tierra en otra reencarnación como si no hubiera hecho nada en su vida. Es mejor conocer una sola frase y al corregirse, comprender aunque sea esa porción, sentirla dentro. Esto sería más precioso que mil páginas del Talmud memorizadas.

No les deben asustar las referencias a Tanaj y otras interpretaciones de hombres sabios, sencillamente hay que comprender lo que ellos hablan. Es muy complejo transmitir explicaciones cabalistas empleando un lenguaje secular. Pero no es necesario. Por ejemplo, una gran cantidad de personas alrededor del mundo lee el Libro de los Salmos, así como los cinco libros de la Torá (El Pentateuco).  Todo mundo conoce estos textos más o menos. Lo único que hay que hacer es explicar su verdadero significado y el individuo entenderá que el contenido está dirigido a él desde su fuente original. Esta fuente le pertenece a toda la humanidad y engloba el método para corregir el alma. Si una persona no utiliza la luz que reforma que encierra la Torá, no posee la Torá. Todo lo que tiene es un libro impreso.

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