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La llave para el equilibrio esté en las manos de la persona

laitman_2007-03_ba-iam_066_wpToda la realidad está en equilibrio y sólo la persona, con su fuerza egoísta, lo vulnera y provoca todos los problemas. Toda la Naturaleza aspira a la homeostasis. Es una ley general del universo: dos fuerzas opuestas siempre deben estar equilibradas.

La luz y el Kli siempre estarán juntos y siempre serán opuestos. Sin embargo, la persona tiene que estar en la línea de en medio. Esta es la condición para la existencia perfecta. Cuanto más lejos se encuentre la persona de la línea de en medio,  más sufrirá a medida que vaya desarrollándose y los sufrimientos lo obligarán a encontrar la solución: la línea de en medio, el equilibrio correcto entre dos contraposiciones.

Una persona no debe intentar destruir una cosa por el bien de otra, ya que no hay nada en el mundo que haya sido creado en vano. Todo tiene su lugar. Por lo tanto, no trates de corregir a la Naturaleza que te rodea. Corrígete solamente tu mismo, porque eres tu quien debe equilibrarse con la Naturaleza.

Aparte de ti, no hay nadie que esté en desequilibrio. Después de todo, la naturaleza está estructurada de tal manera, que todos los demás se comportan instintivamente por la ley de equilibrio. Y esto fue dispuesto con toda intención para que tú utilices tu libre albedrío para corregirte y alcances el equilibrio: la conexión con otras almas y con el Creador.

No obstante, tú no puedes lograrlo por tu cuenta. Únicamente debes exigir que ocurra,  que llegue la Luz que te devuelva a esa unión.

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El Lugar del Deseo. Hay tres actos que yo tengo que realizar con mi deseo de recibir:

  • La restricción (Sumisión)
  • El anhelo de la fuerza de influencia (Separación)
  • La utilización de esta sobre el deseo (Endulzamiento)

Pero estos actos no los puedo realizar solo, pues ocurren en total oposición a mí deseo natural, en una sensación de oscuridad absoluta, de ocultamiento. En esta se revela una contradicción insoportable entre el odio a los demás y mi total dependencia de ellos.

Solo si entro a un grupo, me comunico y exijo de el la grandeza del Creador que es luz y la bajeza de mi condición que es oscuridad, obtendré la influencia de la Luz que reforma que me apoyará en esta hermosa tarea. Entonces en vez de sentir la tristeza por descubrir mi maldad hacia el Creador, tengo que provocar la alegría, pues mi maldad revela la posibilidad y aptitud para la corrección. Hay que verlo de forma deportiva gritando: ¡Todos juntos venceremos! Nos sobreponemos por la fuerza del grupo: Me humillo y recibo la importancia del Creador abriendo de esta forma carencias adicionales para la influencia de la Luz.

Todo se encuentra en mis manos, depende de mí libre elección, de elegir “el lugar” donde se suman los puntos en el corazón (la fuerza de influencia) En él se transforma esta fuerza animal que quiere recibir para sí mismo, en “Adam”, que recibe con la intención de otorgar e influir.

Este “lugar” es un sistema por encima del tiempo y el espacio, por encima de los cuerpos, en el que se unen todos los deseos de ser como el Creador y anhelar su fuerza de influencia. El hombre se encuentra en “el lugar” donde sus deseos se encuentran. Podré estar lejos corporalmente pero si mis deseos están en equivalencia, yo estaré allí: Ese “lugar” donde se revela el Creador.

(de la Lección del 21-09-2009)