Cómo hablar con la mafia interior

in2520the2520news2520the2520biggest2520physics2520expeCuando una persona desea trabajar para el otorgamiento, su egoísmo presenta pelea. Se necesitan un buen número de acciones para dividir el deseo general de una persona en dos bandos: aquél con el cual la persona puede trabajar para el otorgamiento, y aquél con el cual no puede.

Uno tiene que “dar obsequios” a su egoísmo para calmarlo y hacerle entender que sale ganando al tomar parte en el camino del otorgamiento. No podemos simplemente separarnos de nuestro deseo de recibir placer. Más bien, constantemente tenemos que despertar este deseo para recibir nuevos deseos de él, que después corregiremos para ascender hacia la meta.

Por esto no es suficiente sencillamente restringir nuestro egoísmo. Por el contrario, hay que nutrirlo, darle regalos, abrazarlo y decirle: “¡Somos hermanos!”. Tenemos que actuar como Jacob que fue al encuentro de Esau llevando presentes.

Todavía tendremos mucho quehacer en el deseo de disfrutar. Sin embargo, mientras que no podamos trabajar con él, tenemos que nutrirlo y mostrarle que todo nuestro trabajo espiritual es en beneficio de él. Después de todo, no sabe que usted está planeando corregirse para poder otorgar.

Tiene que tratarlo como un cuerpo extraño que por el momento no está corregido. Y usted tiene que nutrirlo para poder construir la línea media. Es como la mafia que viene a visitarlo en el momento que quiere abrir un negocio grande y le informa: “Le vamos a permitir abrir su negocio pero cada mes tiene que darme una parte de sus ganancias”.

Así es exactamente como tenemos que trabajar con nuestro egoísmo, pero tenemos que ser más astutos. Cada vez que le mintamos, extraeremos nuevos trozos de egoísmo de él que pueden ser corregidos, asegurándole al ego que lo hacemos por su bien.

Continuamos nutriéndolo para que nos permita trabajar todavía más, como la mafia que está feliz del hecho que su negocio esté creciendo: “¡Haz lo que quieras mientras me pagues!” Así es como engañamos al egoísmo. El deseo de recibir placer es la materia de la creación y no podemos ni descuidarlo ni extinguirlo. Tenemos que sostener su vida, esperando que algún día lo podamos corregir completamente.

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