El método de corrección

laitman_2009-03_7958 El hombre tiene que compararse a sí mismo con la luz, el atributo de otorgamiento. En ésta medida recibirá su fuerza de la Luz que le corregirá. Todos nuestros esfuerzos deben estar encaminados a desear que la Luz actúe sobre nosotros, y que haga nacer dentro de nosotros el nuevo atributo otorgamiento. ¡En el hombre no hay nada! Todo lo hace la luz, la necesito para cualquier acción. Si el hombre se preocupa solamente por atraer la Luz de la corrección, no se confundirá, y no malgastará sus fuerzas en acciones inútiles.

Habitualmente solemos intentar hacer de todo menos atraer la Luz que Reforma. Pero esta Luz es lo único que necesitamos. Ella nos de la inteligencia correcta y realiza todas las acciones. Yo solo no hago nada. Todo lo que  podemos hacer sin la ayuda de la Luz, corresponde a las acciones animadas que no me acercarán a la meta ni por un milímetro.

Por esto en todo momento, en cada pensamiento y acción nuestra, tiene que estar presente la pregunta clave: “¿Dónde está la Luz que Reforma?” Sólo ella puede hacer por mí el trabajo, incluyendo la acción y  las aclaraciones. Por eso es que está escrito: “He creado el mal y la Torá para su corrección, porque la luz oculta en ella, nos devuelve a la Fuente.” La Luz debe hacerlo todo, no el hombre. Ella tiene que devolverle al bien y corregirlo.

No está escrito que con la ayuda de la luz, cada uno con su propio esfuerzo tiene que volver al bien. Más bien, la Luz lo realiza todo de principio a fin. Si el hombre hace algo más aparte de atraer la Luz, se confundirá, gastando de esta forma su preciosa vida.

(Extracto de la tercera parte de la lección diaria de Cabalá)

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