Este maratón se ha alargado demasiado

laitman_2008-11-13_6710En los próximos años el mundo llegará a una situación en que la gente querrá  entender cómo pueden vivir de otra manera. Incluso no será debido a las difíciles condiciones materiales, sino a una sensación agobiante en el alma.

Por ahora en el mundo gobierna el dinero y nada más que el dinero. Pero esto muy pronto se terminará y la persona sentirá que eso no la llena, que  se siente mal, a pesar de todas las riquezas de la vida.

La gente ya se siente mal ahora, pero por el momento todavía logra abandonarse al juego, cerrar los ojos ante las cosas serias y perseguir metas  temporales, que imaginan bajo la forma de placeres como el dinero, el poder, la fama. ¿Y qué otra cosa pueden hacer en esta vida? Nos miramos uno al otro y sin pensar hacemos lo mismo que hacen todos. Si me parezco a los que me rodean, entonces me  siento bien. Por eso la persona escoge para sí misma algún objetivo convencional y lo persigue, tratando de ocultarse de la sensación de vacío.

La fuerza de conservación del organismo lo obliga a buscar un objetivo que mantenga a  la persona ocupada perpetuamente para que “sepa para qué vive”, con la mente ocupada en algo, pues de otra forma, se queda sin “apoyo” en la vida, como un niño perdido.

Y si eso llegara a suceder, la persona sentiría temor de todas estas eternas preguntas: ¿Para qué  existo? ¿Qué ocurre con mi vida? Pero tarde o temprano, la persona recibirá  otro deseo y no será capaz de seguir pensando fanáticamente en las cosas terrestres desde el amanecer hasta el atardecer. Entenderá de repente que esa carrera fue preparada especialmente para desviarla de lo más importante en la vida.

En algún momento el individuo podía cerrar ojos y correr junto a todos los demás, pero ahora ya no tiene más la fuerza para continuar así. Todos siguen corriendo pero él se ha salido del camino, porque para él todo eso ya no tiene sentido. Su deseo se ha vuelto tan profundo que es imposible llenarlo con los objetivos terrenales:

a)            Placeres corporales: alimentos, sexo, vivienda, familia

b)            Placeres sociales: riqueza, poder, fama, sabiduría

Es así que el hombre empieza a buscar la Meta Superior.

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