Nuestro deseo por la espiritualidad es como el aceite que se necesita para encender el fuego

laitman_2007-03_ba-iam_045_wp La revelación es un resultado del ocultamiento, igual como el fuego nace de la mecha de una vela. Una persona experimenta un gran ocultamiento en su camino. Y este ocultamiento es necesario, como lo es el aceite en donde se sumerge la mecha, el mismo aceite que alimenta la mecha y que permite que se encienda la lámpara. Pero la luz y la mecha no tienen combustible para quemar, solamente el aceite (el deseo) lo tiene.

El aceite, sin embargo, no puede quemarse por sí solo, necesita los “medios de revelación”. La oscuridad, el mal y el corazón agobiado que siente la persona en su camino espiritual, todo esto permanece. Pero no se pierde ni un momento: todos nuestros esfuerzos a través del período del ocultamiento del Mundo Superior se acumulan y crean un cuerpo, como el aceite en una lámpara o la cera de la vela. Cuando se reúne suficiente aceite o suficientes deseos para la revelación del Creador entonces aparece la mecha junto con la chispa de fuego.

Entre mayor es el ocultamiento y más tensa se ponga la persona esperando alcanzar la revelación, más ardiente será la llama de la revelación que aparecerá. Después de todo, desde Arriba, recibimos solamente la chispa para encender la mecha. Pero la combustión de la mecha no viene de Arriba; es la Luz Reflejada (Or Joser) que se enciende por el aceite ardiente.

El Creador solamente pone una chispa que enciende a la persona, siempre y cuando esté preparada para la revelación del Creador. Entonces la persona se enciende como una vela y la flama nutre el aceite de desilusiones y búsqueda: los estados que por los que pasó mientras estuvo en ocultamiento.

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