Como no sucumbir en las fauces de nuestro egoísmo

untitledPara entrar en el mundo espiritual, es necesario efectuar una “restricción” (Tzimtzum) de nuestros deseos egoístas. Maljut (el atributo de recepción) debe incorporarse a Biná (el atributo de otorgamiento) y someterse a su poder.

Allí no existen barreras o cortinas que separen lo permitido de lo prohibido. No hay coerción en la espiritualidad. No existen paredes con señales: “¡Entrada prohibida!”, si tú deseas algo y algún extraño te lo prohíbe.

No podemos reprimir ninguno de nuestros deseos y prohibirnos desear. Lo que necesitamos es una corrección interior, dentro del deseo mismo.

El deseo continúa pero junto a él surge la sensación de que es importante no usarlo de modo egoísta. Por el contrario, nos damos cuenta que existe la posibilidad de darle un uso superior, para el otorgamiento, para el beneficio de otras personas.

Aunque el deseo fue creado para desear el llenado, podemos corregirlo para que no reciba nada además de su necesidad natural de consumir, gracias a que percibe la importancia del otorgamiento. Por ejemplo, ¿han visto a los leones amaestrados en el circo? ¿Por qué en lugar de devorar al domador, el león obedientemente abre la boca y permite que el hombre introduzca una mano o la cabeza? ¿No querrá el león arrancarla? ¡Por supuesto que quiere! Sin embargo, considera que este hombre es alguien muy importante porque lo alimenta. Por consiguiente, el león suprime su deseo natural.

También dentro de nosotros, conservamos el deseo de recibir placer. Pero, este deseo empieza a sentir la importancia del atributo de otorgamiento. Lo que quiere es que el otorgamiento gobierne sobre él.

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