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El ser humano es quien puede sentir al Creador

img_3151_100_wp[1]El ser humano empieza su camino como un animalito que puede solamente sentir si se siente bien o mal. Así es como uno siente la Luz en el Kli, en el deseo. Sin embargo, gradualmente nuevos Reshimot (datos informativos) se le revelan y además de sentirse bien o mal, estos Reshimot ocasionan que la persona efectúe un análisis suplementario sobre lo verdadero y lo falso.

La sensación de bien o mal es natural en el ser creado. Todas las formas de creación reaccionan a las influencias negativas o positivas: se contraen o se expanden, en la forma que los objetos inanimados se abren o se cierran, una flor vive y muere y lo mismo ocurre con un animal. Esta es la reacción natural de la ausencia o presencia de la Luz.

Sin embargo, cuando el ser creado empieza a revelar su dependencia en el ambiente y a conectarse con las sensaciones de bien o mal, entonces una percepción adicional de “Verdadero o Falso” empieza a aparecer en él. Empieza a tener dos perspectivas diferentes o análisis de su estado, que depende del ambiente y de sí mismo. Nosotros evaluamos lo que es verdad o falso con respecto al beneficio de la sociedad y bueno y malo (dulce contra amargo) con respecto a nuestro propio bienestar. Basándonos en estos esclarecimientos entre el deseo interno y externo (Kli) desarrollamos al “ser humano”, Adam (semejanza con el Creador) en nosotros.

Un ser humano difiere de lo animal en nosotros, porque la percepción del ser humano se lleva a cabo “afuera”, en la sociedad que lo rodea. Un ser humano es capaz de sentir el Creador, el Superior, lo que existe fuera de su cuerpo. Pero en realidad, el ambiente, la sociedad y el Creador son la misma cosa.

Eso es porque con respecto a nuestro egoísmo, todo lo que existe fuera de nosotros es lo mismo. La percepción de lo externo comparado a la percepción del yo es lo que separa el desarrollo espiritual del desarrollo corporal.

(Extracto de la Preparación a la lección, correspondiente al 25 de noviembre 2009.)

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problema-1_100_wp[1]El Zóhar: La iluminación de la cabeza del Partzuf Atik del Mundo de Atzilut, llamado “la cabeza inalcanzable”, es el Infinito. Es la fuente de los estados pequeños y grandes de las tres cabezas (sistemas de gobierno) de Arij Anpin, llamado Keter, Moja de-Ovira (la membrana del cerebro) y Moja Stima (una mente oculta), que es el Yud Hey Vav de Zeir Anpin mismo.

El Libro del Zóhar consiste de diferentes partes. Algunas de ellas emplean el lenguaje austero de la Cabalá, mientras que otras son más vivaces, narradas en el lenguaje de la Biblia o las leyendas. Sin embargo, no debemos prestar atención a las palabras mismas. No debo dar importancia a las palabras que escucho. Pues los cabalistas tomaron palabras de este mundo, pero lo que es importante para nosotros es recibir una respuesta interior, una cierta sensación, en lugar de las palabras. La palabra misma no está verdaderamente conectada a esa sensación.

Baal HaSulam escribe en el punto 155 de la Introducción al Talmud Eser Sefirot que atraemos la Luz Circundante al tener un gran deseo y aspiración por comprender lo que estudiamos; “comprender” significaría recibir inspiración, recibir una impresión y conectarse con algo. Está escrito: “Y Adam conoció a Java”, lo que quiere decir que adquirieron una conexión interior. El conocimiento no juega un papel, solamente el deseo.

En lugar de escuchar las palabras, debemos desear sentir lo que sucede en nuestro interior. Así nos estaremos concentrando en lo más importante. El mundo espiritual no puede alcanzarse con la mente. Se necesitan nuevas vasijas de percepción, nuevos sentidos (Kelim) que se desarrollen solamente en virtud de la aspiración. Tu aspiración es lo que atrae la Luz que Reforma, la Luz Circundante.

Las palabras rigurosas escritas en El Zóhar empleando el lenguaje de la Cabalá pueden no inspirarnos y dejarnos una sensación de aridez, pero si a pesar de estas palabras austeras, de cualquier forma intentamos encontrar la sensación y la imagen que debe aparecer ante nosotros, entonces las cosas escritas en el lenguaje de la Cabalá terminarán por ser más benéficas que los textos que están escritos en el lenguaje de la Biblia o las leyendas. Por consiguiente, aunque el lenguaje de la Cabalá es austero, es el que despierta el mayor deseo en la persona que desea avanzar.

(Extracto de la lección sobre El Libro Zóhar, correspondiente al 25 de noviembre 2009)

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Empezar a sentir la espiritualidad

laitman_2009-05-27_8216_w[1]La entrada de una persona en la espiritualidad no depende en absoluto de si conoce la estructura de los sistemas espirituales descritos en El Libro del Zóhar; si entiende lo que lee, o no. Por el contrario, el conocimiento y la comprensión pueden ser un obstáculo que lo detenga para poder sentir el mundo espiritual.

Entramos a la espiritualidad como un bebé que viene a este mundo y empieza a sentir algo muy insólito. Primero siente y solamente después empieza a entender las conexiones entre las cosas que siente. Pulsa un botón, y el juguete se mueve, gira una perilla y la puerta se abre, etc. Con nosotros es igual: primero desarrollamos la sensación y después el conocimiento.

(Extracto de la lección sobre El Libro Zóhar, correspondiente al 25 de noviembre 2009)

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De la lección del Zohar, 25/11/2009 

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El Libro del Zóhar fue escrito para crear una conexión entre nosotros

idra_raba_100_wp[1]Cuando leemos sobre la estructura de los Sistemas Superiores en El Libro del Zóhar, lo más importante es que siempre pensemos en dónde se encuentran estos sistemas. Están dentro de cada uno de nosotros y tenemos que revelarlos.

Cuando escuchamos nombres de Partzufim, Sefirot y diversas acciones (como Atik, Arij Anpin, Parsa separando a uno del otro, ascensos, descensos, unificaciones, divisiones) debemos esperar que suceda una sola cosa: ¿Cuándo voy a sentir que esto está ocurriendo dentro de mí? ¿En dónde están estas cualidades en mi interior, dentro de mis sensaciones? ¡Ah! aquí está Atik y allí está Arij Anpin y ahí en el medio está Parsa. Y es el Parsa que no me está dejando sentirlo.

Todo esto tiene que revelarse en nuestro interior porque la espiritualidad está dentro de nosotros. Pensamos que el mundo espiritual está en algún sitio apartado, en algún tipo de reino. Sin embargo, cuando estudiamos sobre la percepción de la realidad, aprendemos que toda la realidad la percibimos dentro de nosotros y la espiritualidad es percibida en la capa más profunda y recóndita de nuestro interior.

Por esta razón cada uno de nosotros tiene que ser como un cirujano que se adentra en el descubrimiento del Sistema Superior que describe El Zóhar. Estamos tratando de descubrirlo en lo más profundo de nuestras sensaciones. Entonces, cuando leemos frases como, “El plan Superior”, “RADLA”, “Atik”, “Arij Anpin” y “ascender a Keter”, podremos sentir que todo esto está sucediendo adentro de nosotros. Tienes que desear que cada palabra que está escrita en El Zóhar evoque en ti una respuesta y una sensación. Cuando trabajas constantemente en ello, significa que estás tratando efectivamente de revelar la espiritualidad. ¡Nunca debemos olvidarlo!

Antes de cada lección y cada extracto que leemos en El Libro del Zóhar, tenemos que volver a la intención correcta y recordar que ahora estamos estudiando la parte interior de la Torá, la interioridad de la Torá, que se revela dentro de una persona. Tenemos diferentes pensamientos, deseos y cualidades y la realidad espiritual de lo que leemos en El Libro del Zohar se revela en toda su profundidad. Por eso es que toda nuestra atención y todas nuestras expectativas deben centrarse en lo que estamos por revelar en nuestro interior. Esta debe ser nuestra principal concentración y siempre debemos pensar en ello, intentando discernir movimientos y reacciones interiores en las palabras que leemos. Aunque solamente las imagines, no importa; lo más importante es intentar sentir estos movimientos internos dentro de ti.

Esta aspiración por sí misma es ya una plegaria. Primero tenemos que acostumbrarnos a tratar el texto de esta forma y después agregaremos a este hábito la conexión entre nosotros. A fin de cuentas, El Libro del Zóhar fue escrito para crear una conexión entre nosotros. Pero esta conexión no se lleva a cabo entre los cuerpos; se filtra dentro de cada uno de nosotros, entre los puntos en el corazón de las almas, que también están dentro de mí. Tengo que crear esta conexión dentro de mí, una conexión entre la imagen de “mi mismo” y la imagen de “todos los demás”. Dentro de esta conexión que creo en el interior, construiré mi vasija espiritual de percepción (Kli) y en ella revelaré la espiritualidad.

(Extracto de la lección sobre El Libro del Zóhar, correspondiente a 25 de noviembre 2009)

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Descubre los juicios del infierno en tu interior

laitman_2008-12-07_6476[1]El Zóhar. En Gehenom (el infierno) hay secciones sobre secciones: la segunda, la tercera y así sucesivamente hasta la séptima (siete Sefirot-Klipot). Bienaventurados sean los justos (quienes otorgan) que se guardan de no cometer las obras de los pecadores (quienes actúan en beneficio propio), que se apartan del camino criminal (que son opuestos al Creador: amor y otorgamiento) y el pecado no los ha corrompido (la recepción).  

Pero esto es así ahora con aquellos que se han corrompido. Cuando mueren (cuando se apartan de la Luz de la Vida) y van al mundo de la verdad (cuando toman consciencia de la verdad), descienden hasta la sección más baja de Gehenom (para tomar conocimiento completamente de la naturaleza de la recepción y el otorgamiento).

Dos secciones del infierno (las cualidades egoístas del hombre) contiguas se llaman Sheol y Avadon. Aquellos que descienden a Sheol son juzgados ahí (se juzgan ellos mismos) y reciben un castigo (que les ayuda a corregirse). Entonces son elevados a una sección superior. Y así van ascendiendo grado por grado hasta que logran salir de allí. Sin embargo, aquellos que descienden a Avadon nunca ascienden desde allí (ya que esta cualidad no puede ser corregida). Por eso se llama Avadon, pues quien se encuentra allí está perdido (Avud en hebreo) para siempre. Esta cualidad se corregirá cuando todas las almas alcancen la corrección final. Cada alma debe pasar por todas las correcciones y nadie se encuentra libre de estas dos cualidades egoístas.

Todo esto habla de los discernimientos interiores que una persona debe realizar en su interior. No habla una sola palabra de este mundo, sino únicamente del mundo interior de uno. Después de todo, una persona es un pequeño mundo.

Debo profundizar en mi mismo y descubrir a qué cualidad interior alude cada palabra. En realidad sólo existen dos cualidades en mi interior: la recepción y el otorgamiento, no existe nada más. Así pues empiecen a profundizar y busquen estas cualidades que menciona El Zóhar, como si estuvieran en la oscuridad sin otra cosa más que una vela. Gradualmente, una nueva dimensión empezará a abrirse dentro de ti y empezarás a ver toda clase de cualidades de recepción y otorgamiento. Todas las palabras del Zóhar encontrarán sus lugares allí. Al igual que un niño empieza a percibir su entorno, así este mundo interior nuevo, gradualmente se empezará a formar dentro de ti. Y entonces empezarás a entender que el mundo que te es familiar también se percibe allí dentro.

Así es como El Zóhar nos cambia cuando buscamos lo que está escrito en nuestro interior, en lugar de intentar juzgarlo con nuestra mente como si fuera algo externo.

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El alma es una parte eterna del Creador

privet_s_morya_100_wp[1]Pregunta: Muchas personas no piensan en su cuerpo y alma o acerca de quiénes o qué son.

Respuesta: Eso no es correcto. Todo el mundo piensa: Me voy a morir, pero mi alma continuará existiendo. Subconscientemente todos sabemos que somos eternos y nos preocupa este pensamiento: ¿Qué le pasará a mi alma?

Nadie piensa en sí mismo, como un cuerpo físico solamente. Incluso los materialistas más acendrados, a pesar de sus convicciones, involuntaria y subconscientemente piensan que son eternos. Esta idea forma parte de nuestro fundamento mismo y esta entrelazada en la materia de la que estamos hechos. Está en el núcleo mismo de nuestros deseos, que fueron creados por la Luz y sobre los cuales el ser humano no tiene poder alguno.  

Nuestro deseo de ser llenados consiste de cinco capas, una de las cuales es nuestra necesidad de conectar con el Creador. Como resultado del rompimiento de las vasijas, cada uno de nosotros está conectado al reino espiritual. Por eso es que muy dentro de nosotros, aunque sin tener consciencia de ello, sentimos que somos eternos y que la vida no se terminará en el momento de nuestra muerte natural. Si no fuera por esta idea no tendríamos la energía para vivir.

Algunas personas piensan que continuamos viviendo a través de nuestros hijos o consagrando nuestras vidas al servicio del país o la sociedad en general. Pero eso no es exacto. Si supiéramos efectivamente que cuando esta vida termine, sería el fin de nuestra existencia y además, que la tierra dejaría de rotar en poco tiempo, o en otras palabras, si tuviéramos conocimiento que no somos eternos, no tendríamos la energía para vivir.

Todos fuimos creados con el entendimiento subconsciente que somos eternos. Nuestro origen es el Creador y por lo tanto poseemos una parte de Él que es perpetua. Por una parte, somos similares a los “animales mortales”, pero podemos avanzar por encima de su nivel a otro nivel más elevado llamado “humano” (o hablante), porque tenemos la sensación de ser eternos. Sin esta sensación nunca habríamos evolucionado a un nivel más elevado que los animales que se desplazan a cuatro patas.

Para desarrollarnos como “seres humanos” y alcanzar el nivel “hablante”, debemos percibirnos como criaturas inmortales. El Creador nos provee esta sensación y eso es lo que hace que un ser humano sea diferente a un animal.

El mundo interior de una persona empieza con su conexión subconsciente con el Creador y su sensación de vida eterna. Ser “humano”, Adam, significa “semejante al Creador” (en hebreo, Adam significa semejante). Es por eso que todas nuestras decisiones, aspiraciones, estrategias e incluso los intentos de suicidio se originan en nuestra creencia interna de nuestro estado eterno.

(Extracto de la lección sobre el artículo El cuerpo y el alma, correspondiente al 24 de noviembre 2009)

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De la lección del artículo “Cuerpo y Alma, 24/11/2009

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El precepto es la vela, y la tora es la luz