El juego de la Luz y la vasija

rav_2008-11-07_blackpool_lesson_12_wEstá escrito que la entrada y salida de la Luz en el deseo crean en él la cualidad de tener consciencia de la Luz y de Su Fuente. Por lo tanto, ¿cuántas veces tiene que entrar y salir la Luz en mi deseo para que me empiece a estar consciente de mí mismo, de mi estado y de mis acciones? ¿Y en dónde se encuentra el principio de mi propio deseo, discernimiento, libertad de elección e intención?

La entrada y salida de la Luz, Sus influencias intermitentes, crean el deseo (Kli, la vasija). El deseo se vuelve cada vez más complejo por las distintas acciones de la Luz y gradualmente empieza a entender su estado, a tomar sus propias decisiones independientemente de la Luz en cuanto a cómo desearla y cómo aspirar a Ella.

La vida espiritual se valora por la frecuencia de las salidas y entradas de la Luz en el deseo; con qué frecuencia el hombre atrae estas entradas y salidas, cómo las tolera y cómo las utiliza.

Algo semejante ocurre en nuestra vida material en donde las cosas siempre van en constante aumento. Con el desarrollo de la tecnología, la frecuencia empleada por los aparatos creció de los Hertz a los Megahertz y de las ondas largas a las ultra cortas y el láser.

En la espiritualidad, la persona, al igual que el aparato que se mide por la frecuencia de su movimiento, los intervalos  “prendido-apagado”, o la entrada-salida de la Luz en su deseo. Cuanto más avanza la persona, más se alegra de los cambios que ocurren en sí mismo y sabe más cómo utilizarlos, cómo controlarlos.

(Extracto de la lección sobre Prefacio a la sabiduría de la Cabalá, correspondiente al 3 de noviembre 2009)

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