Por Su mandato y mi elección

privet_s_morya_100_wp[1]Todas nuestras acciones en este mundo se efectúan porque se han dictado desde Arriba, con excepción de aquellas en las que tenemos libertad. Nuestro libre albedrío consiste únicamente en crecer y corregir el alma para que sea semejante al Creador. Todo lo demás en mi interior y alrededor mío está dictado desde arriba por las leyes del Mundo Superior.

Si no tengo la libertad en lo tocante a lo terrenal y todo está gobernado desde Arriba, entonces no existe ni el castigo ni la recompensa por ninguna acción en la vida. Porque nada de ello lo hicimos nosotros, se llevó a efecto a través de mí, desde Arriba.

Por esto se dice que todos somos como animales, hasta que nos volvemos semejantes al Creador. En la medida de nuestra semejanza con Él, nos llamamos Adam, “semejante” (Dome, en hebreo). La semejanza con el Creador empieza con un punto de deseo, una aspiración a Él, que se llama “el punto en el corazón”. Si existe y se revela, la persona indudablemente llegará a la Cabalá, pues el punto lo conducirá a ella.

El punto en el corazón es como una gota de semen, a partir de la cual nos hemos desarrollado. Sin embargo, solamente podemos desarrollar el cuerpo espiritual, el alma, mediante nuestros esfuerzos. En esto consiste nuestra libertad de elección (consultar el artículo La Libertad de Baal HaSulam)

Aparta a todo mundo a un segundo plano y empieza a desarrollar este punto en el corazón, elevándote al Sistema Superior. Tienes que estar dispuesto a rechazar todo solamente para permanecer allí. Esta es la única elección, la única acción que puedes hacer. La recompensa es la vida en el alma.

(Extracto de la lección sobre La introducción al libro de la boca de un sabio, correspondiente al 13 de noviembre 2009)

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