El bien y el mal son estados espirituales

43_100_wp[1]Cuando revelo las fuerzas del mal de los mundos espirituales, llamadas Klipot, y las fuerzas del bien contrarias a ellas (como está escrito “El Creador las hizo una contra otra, maldad contra santidad), entonces alcanzo un nivel de existencia dentro de estos sistemas paralelos de los mundos del bien y el mal. Entonces, siento el cielo y el infierno opuestos uno al otro. Es imposible sentir uno sin el otro.

Esperemos que alcancemos todo esto y nos convirtamos en los “pecadores” de los que habla la Torá. Ser un pecador significa existir en oposición a tu estado de “justo”; es cuando te tambaleas entre el “pecador” y el “justo”, alternativamente convirtiéndote en uno u otro. Si uno zigzaguea de esta forma, sube más alto.

Todo esto se refiere al sistema de mundos espirituales que tenemos frente a nosotros. No existe allí nada que se parezca a las imágenes pintorescas del cielo y el infierno con las que la religión ha querido intimidarnos. Tenemos que liberarnos de estas supersticiones primitivas y darnos cuenta que nada le sucede a nuestro cuerpo después de la muerte más que la desintegración, puesto que el cuerpo no es más que una materia compuesta de proteínas.

Tenemos que entender que solamente hay dos fuerzas que actúan dentro de nosotros: la recepción y el otorgamiento. Sin embargo, se les pueden llamar de diversas maneras. Todo está compuesto de ellas y todo existe solamente en nosotros.

Un nombre es un deseo (HaVaYaH) con la Luz (Ohr Pnimi) en él, que fue alcanzada por un ser humano. Un nombre sagrado se refiere a la propiedad de otorgamiento y un nombre vil se refiere a la propiedad de recepción. Incluso el nombre del peor villano descrito en la Torá se refiere a la revelación del Creador, pero en el lado opuesto: se refiere a la propiedad de egoísmo dentro de una persona. Todos los nombres del bien se refieren a la revelación de Su “Rostro”, la bondad, el atributo de otorgamiento dentro de una persona. Todo esto habla sobre la revelación del Creador dentro del hombre.

Todas las fuerzas buenas y malas que actúan “por encima de este mundo” son la revelación de las fuerzas del Creador ya sea desde Su lado anterior o Su lado posterior, como le dijo a Moisés, “Y tu verás mi espalda, pero no verás Mi rostro”.

Nada existe además de la creación y el Creador y el Creador puede estar oculto o revelado a la creación. Nuestra tarea es revelar al Creador: la única fuerza que actúa en el universo. Todo el resto que ahora percibimos como un “mundo externo” está también dentro de nosotros, pero en nuestros deseos que aún no han sido revelados.

Esta es la imagen que tenemos que imaginar. Tenemos que entender que nada es peor que nuestro estado presente, el estado de total separación del Creador. Es decir que nuestro mundo es el peor de todos los mundos (estados).

(Extracto de la lección sobre El Libro del Zóhar correspondiente al 22 de diciembre 2009)

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