Página Diaria del 6 de diciembre 2009

MG_9154_IYLa actitud hacia la asociación lo determina todo

Lo más importante que debemos recordar a cada momento es que todos nosotros como una sociedad, y cada uno de nosotros como miembro en esta sociedad, debemos encontrarnos en una crítica propia interna: ¿soy yo un justo en una asociación de justos? ¿Acaso queremos, yo y todo el grupo, llegar a un estado de anulación propia y de amor al prójimo, en el cual revelemos el otorgamiento al Creador, y a Él como nuestro otorgador y proveedor? Debemos poner atención a esto todo el tiempo.

Cada momento en el que no estoy en esto, caigo automáticamente bajo la influencia de mi naturaleza – el deseo de recibir. Y entonces, me encuentro en una “compañía de escarnecedores”, en una sociedad egoísta, ya que la actitud de la persona hacia la sociedad es la que la determina.

Y entonces uno no tiene nada que esperar – en vez de la poción de la vida entra en la poción de la muerte. Los cambios de un extremo al otro se determinan respecto a si pongo yo atención a las cosas apropiadas en la medida en que puedo hacerlo, o no lo hago. Por eso es que debemos esforzarnos sin cesar en esta averiguación, este análisis.

No podemos sin la “Luz que reforma”

Después de que el individuo invierte en el estudio y en el trabajo con el grupo, por  un tiempo, la Luz que reforma lo lleva a los discernimientos correctos: que la cualidad de otorgamiento, que la propia cualidad de amor es la que le da libertad a la persona. Entonces la persona llega al reconocimiento de querer la espiritualidad porque ésta le es más conveniente que todo lo mundano. Y esto ya es un buen discernimiento a nivel de “Lo Lishmá” (no por Su nombre). “Yo quiero otorgar, amar, salir de mí mismo, anularme, salir de la cárcel”. Esto es bueno, aunque sea “yo quiero salir de mí mismo para estar bien, pero en definitiva, quiero salir de esta cárcel de mi tendencia egoísta”.

Cuando uno se encuentra en el grupo y anhela llegar a la Meta espiritual junto a otros amigos, estos ya no se denominan “compañía de escarnecedores” sino “Mekubalim” (Cabalistas), con respecto a la meta que desean conseguir. Y entonces, cuando esta persona comienza a trabajar con los otros e intenta salir de sí misma, comienza a sentir que nada cambia en ella, que no puede cambiarse a sí misma. La luz que actúa sobre ella le trae estos discernimientos.

En cada una de las fases, la Luz que reforma es la que le trae el sentimiento, el intelecto, la visión, la sensación de conexión con los demás y las averiguaciones. Y entonces ve que no es capaz sin la ayuda de la Fuerza Superior y demanda el tercer componente.

Es decir, “Yo y el grupo influimos bien el uno al otro, pero somos cero”. Aquí hay desilusiones muy grandes y comienzan a formarse tensiones y problemas colectivas en el grupo.

Yo espero que sintamos muy bien cómo todos nosotros recibimos de una vez una buena sacudida, así como está escrito: “las Luces sacuden las vasijas”. Pero como resultado de esto ya comenzaremos a entrar en algún tipo de armonía, si bien es negativa, y quizá sea positiva, ¿quién sabe? Pero al menos esto ya sucede en forma recíproca, en una cierta medida de unión, en conjunto. Y entonces, la Luz comienza a influir más fuerte sobre cada uno, ya que cada uno comienza a sentir estos cambios en forma muy pronunciada, como por medio de un amplificador. Y entonces se llega al reconocimiento del mal – que ya no podemos sin el Creador, sin la Luz que reforma.

Llegar a la sensación del Creador

Mira qué difícil nos es entrar al concepto del “Uno” en todos nuestros pensamientos y deseos, y atribuirnos día y noche, sin cesar, a alguna fuerza superior a modo de “Por detrás y por delante me has cercado”. Mira cuánto nos escapamos de esa conexión. No digas “yo no lo siento a Él”, pues claro que no lo sientes. Si lo sintieras, estarías conectado a Él. Esa sensación ya te estaría obligando a ello, sin duda. Nosotros, que ya tratamos y leemos sobre esto, no somos capaces de atribuir todo lo que sucede en el grupo, en la familia, dentro nuestro, en el mundo, en nuestro trabajo interno, al “uno, único y especial Creador”. Esto se debe a que no sentimos al Creador.

Hasta que no lo siento con mis sentidos, hasta que no estoy conectado a esa Fuente por un rayo de Luz, hasta que yo no estoy en Él y Él en mí de alguna manera, no puedo pensar en Él cuando algo me pasa, sino que inmediatamente pienso en mil y una razones distintas y no en Él.

Según su naturaleza egoísta, la persona no es capaz  de estar conectada al concepto del “Uno”.

Pregunta: ¿Por qué?

Rav: Porque estamos en una partición, porque estamos hechos de Luz y de vasija, de oscuridad y de luz, de calor y de frío. Nuestra sensación se compone del deseo y de la sensación de un llenado, o de alguna carencia dentro de ese deseo. Uno llega directamente del Creador y el otro nos llega de Él en forma indirecta. Tanto el placer como la carencia nos llegan en forma indirecta, y por esto no puedo atribuir ninguno de ellos al Creador. ¿Cómo podría atribuírselos a Él?

Así es que hasta que el hombre no llega al reconocimiento, a la sensación, a la revelación del Creador, entonces, cada vez que decimos “Shemá  Israel, HaShem Elokeinu, HaShem Ejad” (Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno), lo que decimos resulta una mentira, ya que no lo sentimos de verdad. Por lo tanto, llegar a ese lema y decirlo en forma genuina, significa llegar a la “revelación del Creador”.

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