Uno a uno con el Creador

rav_2008-11-07_blackpool_lesson_19_wSupongamos que entiendo que mi vida es una película y yo revelo Sus mandatos, a través de los cuales instila esta imagen en mí. De sus mandatos llego hasta Él, como está escrito, “Te conoceré a través de Tus acciones”. Empiezo a conocerlo y a revelar el plan de la creación, entendiendo lo que Él quería cuando creó toda está película imaginaria dentro de mí.

Quería que volviera a Él, regresando por el camino de mi creación: de la pantalla externa a las fuerzas; de las fuerzas a Sus pensamientos; de sus pensamientos hasta Él. Eso significa subir por los grados de los mundos espirituales, desde el mundo de las acciones hasta el mundo de los pensamientos, después al mundo de las intenciones, más tarde al mundo de la unidad y finalmente a Él.

Por consiguiente no tengo elección en lo que respecta a mi progreso. Necesito un libro que sea mi instructivo y guía, así como la ilustración del proceso que prepara el camino para que yo pueda aferrarme a las formas de la pantalla externa. Por eso los cabalistas me hablan sobre el uso de las palabras de nuestro mundo y necesito descifrar este significado. ¿Pero cómo lograrlo? No es diferente de la forma en que un recién nacido aprende todo en nuestro mundo.

Por esta misma razón, los cabalistas me dan unas cuantas recomendaciones que intento llevar cabo. Estos intentos al final me darán la capacidad de entrar en el mundo espiritual. Únicamente el esfuerzo cuenta, ya que efectivamente no puedo hacerlo yo mismo. Está escrito: “Me afané y encontré”.

Nuestros esfuerzos se deben realizar para este propósito: imaginar que todos somos una persona y el Uno que nos influye es la única fuerza y voluntad. Debe existir una imagen general de nuestra parte y una de la Suya. Así es como prepararemos el camino que nos conduzca a encontrarlo y a eso le llamamos Cabalá práctica.

La sencilla lectura de El Zóhar sin explicaciones y esclarecimientos influye en la persona y le comunica la dirección interior. Es una inmersión emocional en donde uno busca por qué habla este libro. Es como un niño: no crece porque entiende que tiene que crecer, sino por el esfuerzo que realiza. Adquiere el entendimiento más adelante, como un resultado.

(Extracto de la clase sobre El Libro del Zóhar, correspondiente al 9 de diciembre 2009).

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