“Dejar que cada día empiece de nuevo”

25_100_wp[1]El Zóhar, Capítulo Shmini, Punto 46: “Y le dijo a Aaron: ‘Toma un toro-ternero’”, para expiar por el ternero por el que había pecado como está escrito, “…y lo hizo un ternero fundido”.

Una de las cualidades dentro de una persona, llamada Moisés, sube al monte, mientras que otra, una cualidad muy elevada, llamada Aaron, comete el gran pecado: adorar al becerro de oro. Así es como estos dos puntos extremos trabajan dentro de una persona.

Un toro-ternero y no un toro-vaca. Ganado alude a un buey, Gevura de ZA y una vaca alude a Maljut. Y Maljut tiene tres caras: la cara de un león, la cara de un buey y la cara de un águila. Un toro-ternero alude al buey que está en Maljut.

No debemos intentar recordar las palabras de este texto: no importa si todo parte de nuestra memoria en los siguientes segundos. No debe preocuparnos. Nuestra única preocupación debe ser tratar de sentir las palabras que leemos a medida que las vamos leyendo y eso es todo.

No debemos intentar recordar nada. Cuando escuchamos una historia de nuestro mundo común, no tenemos que recordar lo que significan “una vaca” o “un ternero” o “un hombre”. Sencillamente sentimos estas nociones. Lo mismo se aplica a las nociones espirituales: solamente necesitamos que todas se nos revelan, en lugar de memorizarlas mecánicamente.

Por el contrario, si recordáramos algo, caeremos en el peligro de asumir que ya hemos alcanzado algo, pero eso sería una mentira. Nos sentiríamos satisfechos con cosas equivocadas.

Por consiguiente, lo mejor es no recordar nada en absoluto y dejar que “cada día empiece de nuevo”. Debemos terminar la lección sin recordar nada, como si no hubiéramos leído nada en absoluto. Lo importante es que nos hemos aplicado y hemos esperado una revelación. 

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