El Creador libra nuestras batallas

laitman_2009-08_2936[1]El Libro del Zóhar, Capítulo Shmini (En el octavo día), punto 25: Derecha e izquierda, misericordia y juicio. Israel están en la derecha y las naciones idólatras están a la izquierda. Israel, aunque sean malvados y se rindan, está en la derecha, no se adhieren a la izquierda y nunca se mezclan con ella. Por eso está escrito, “Salva con Tu mano derecha y contéstame”, pues cuando asciende la derecha, Israel, que se adhiere a ella, se eleva y se corona en ella. Entonces el lado izquierdo y todo lo que viene con éste, se rinde, como está escrito, “Tu mano derecha, Oh, Señor, destroza al enemigo”.

No debemos concentrarnos en la línea izquierda, porque si empezamos a hacer esto, estaremos analizando nuestros deseos y nos parecerá que estamos haciendo discernimientos y de hecho haciendo frente a nuestras malas cualidades. Pero en realidad nos estaremos mezclando con ellas y eso no es bueno.

Hay que intentar ignorarlas como si ni siquiera existieran. No debemos querer tratar con éstas sino aspirar a la línea derecha. Cuando aspiramos a la meta espiritual, a la adhesión con el Creador, el Grado Superior, el otorgamiento, entonces Su Luz nos corregirá, a nuestras cualidades egoístas y a la línea izquierda.

Nosotros solos nunca podremos oponernos a estas cualidades, así que lo mejor es que nos mantengamos alejados de ellas. La línea izquierda se despierta en nosotros para que nos aferremos a la derecha. Este es nuestro camino. Sin embargo, si volteamos a la línea izquierda, pensamos que somos como héroes, capaces de trabajar con estos deseos y derrotarlos. Pero eso nunca sucederá. Únicamente el Creador los puede derrotar por nosotros. Esta batalla la libra el Creador, no nosotros.

No tenemos la fortaleza para ello. El que aspira al Creador es pequeño y débil, e incapaz de oponerse a las cualidades egoístas por su cuenta. Todo lo arregla el Creador y todo lo que necesitamos hacer es desear que ocurra. Solamente debemos llegar a hacer la petición correcta.

Por eso todo nuestro trabajo se llama “el trabajo del Creador”, porque la Fuerza Superior, el Grado Superior, el Creador, realiza todas las acciones mientras que nosotros solamente expresamos nuestro deseo de que suceda.

Todo nuestro trabajo se resume a desear que ocurra. Esto se llama, “Yo despierto el amanecer”, cuando el caballo (nosotros) obedientemente se mueve solo, adivinando el deseo del jinete (el Creador) con anticipación.

(Extracto de la lección nocturna sobre El Libro del Zohar, correspondiente al 11 de enero de 2010)

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