El Nuevo Mundo

laitman_2009-10_usa_0310_wCuando dirigimos la mirada hacia nosotros mismos, desde fuera, como lo haría un psicólogo de forma objetiva, empezamos a ver como somos dirigidos por el Creador.
De esta manera podemos llegar a hacer las conclusiones correctas, y dirigirnos hacia la meta y usar todo nuestro empeño para lograrla.

Siempre hay que  intentar captar “qué y cómo me dirige”. A veces se trata de mis deseos, los cuales no puedo vencer y que me gobiernan de tal manera que acabo por rendirme frente a ellos y no puedo hacer nada más que llevarme las manos a la cabeza. Por momentos, casi olvido que estos deseos llegaron y me vencieron. Pero ellos no son “yo”.

Y a pesar de esto, debo actuar como un juez para mí mismo, y debo luchar por obtener un empujón espiritual. Esto es posible sí encuentro una fuerza adicional fuera  de los deseos materiales. Y esta fuerza la recibiré solamente del ambiente correcto. Yo existo con mis deseos materiales; un ambiente dónde prevalecen los deseos de dinero, de la fama, del poder, del conocimiento. Para avanzar espiritualmente debo estar fuera de este círculo, dentro de alguna tercera fuerza de origen espiritual.  Tengo un punto en el corazón, pero esto no es suficiente, necesito el grupo y el estudio, los libros y el maestro. Necesito una fuerza “grande” que me eleve de todos mis deseos terrenales al mundo espiritual, pero  junto con ellos. No intento menospreciar mis deseos, simplemente los tomo como la base que, junto con la nueva fuerza, me capacita para elegir el rumbo correcto. De este modo, el punto en el corazón, que ha surgido entre mis deseos, me ayuda a encontrar un ambiente nuevo, un mundo nuevo, sin el que yo no sería nada.

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