Vivimos en el Mundo Inverso

rav_2008-11-14_sl_img_7185_wNuestra percepción de la realidad se divide en los Kelím internos -la “raíz”, el “cuerpo”, el “alma”- los cuales siento como a mí mismo y por eso cuido por ellos; y los Kelím externos -las “vestiduras” y los “palacios”- que percibo como ajenos, como no siendo míos, y  por eso parecen opuestos a los Kelím internos.

Cuanto más amo a mis Kelím internos, más odio a los Kelím externos, y siempre les separó y les valoro unos opuestos a los otros. Es que entre los Kelím internos y externos está el límite de la partición. A partir de éste, miro hacia afuera sólo con el punto de vista de como puedo lo externo para mi propio bien; es decir, siempre de manera egoísta, con odio. Cuanto más mal le vaya a los demás, tanto mejor me irá a mí.

La fuerza de la partición hace esta división: gozo mi propio llenado y que los demás carezcan de éste. Siempre valoro mi estado en función de este límite: la diferencia entre mí y todo el resto del mundo; cuanto peor le va al mundo, tanto mejor es para mí (si esto no amenaza a mi propia seguridad).

El ser humano está hecho de tal manera que sólo tiene miedo cuando recibe noticias sobre un desastre en el mundo que le puede influir a él. Sin embargo, si éstos no le tocan, está encantado oír estas noticias. Él siempre se valora a sí mismo en relación con los demás, es decir en relación con los Kelím exteriores, las “vestiduras” y los “palacios”, que le parecen ajenos. “Ajenos” no significa que me sean indiferentes; sino que su bienestar me envenena la vida. Si estoy ganando 10 mil al mes y los demás sólo 5 mil, entonces ¡qué placer siento! Pero si alguien gana 20 mil, entonces sufro una desilusión…

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¡No puedo estar satisfecho con todo lo que tengo, necesito que los demás tengan menos que yo! Esto me da un llenado adicional. Ellos me llenan sólo cuando les falta algo. Al ser humano le da placer escuchar noticias sobre los desastres que ocurren en el mundo, porque esto mejora su propio estado, y él odia saber que alguien ha ganado un premio.

¡Es decir que siento estos Kelím externos como si ellos me pertenecen a mí, porque no siento indiferencia respecto a ellos! Pero ellos me pertenecen a mí en una forma opuesta, negativa. Cuanto más tengo dentro de mí, equivale a un más, pero cuanto más tienen los otros, para mí es un menos.

Esto es el funcionamiento de la fuerza de la partición de los Kelím. Hace mucho tiempo, por encima de ellos estaba una pantalla que les unía, pero ésta se rompió. De esto se obtuvo el mundo opuesto… En éste, cuanto más grande es el egoísmo, tanto más grande es la división entre “yo” y el “mundo”; tanto más es el alejamiento entre la gente.

Los sufrimientos me hacen sentir menos mi egoísmo, para que sufra menos. Y por eso el sufrimiento une la gente. Si los sufrimientos que afectan a la gente son semejantes, entonces surge el deseo de unirse para disminuir los sufrimientos personales. A los sufrimientos de los demás, yo los percibo mejor porque éstos son semejantes a los míos y pueden pasarme también a mí.

(Extracto de la lección sobre, La introducción al libro del Zohar correspondiente al 06 de enero de 2010.)

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