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El colisionador interno

laitman_2009-05-04_1337Pregunta: ¿Tengo la posibilidad de hacer algo fuera de los límites de la película en que vivo, de “mejorar” el escenario?

Respuesta: Además de un escenario planificado tienes la posibilidad de profundizar en la ciencia interna estudiándote a ti mismo.

No puedes limitarte sólo a las ciencias exteriores: la psicología, la cultura, la sociología, la política. Todas las formas externas con las que percibimos el mundo en realidad no nos dicen nada y por ello estamos constantemente equivocándonos.

A través de ellas, no podemos entender nada sobre este mundo, ni sus leyes, ni la dirección en la que cambian.

Después de todo, los psicólogos, sociólogos, políticos, etc. dibujan la imagen que perciben como externa. Cada uno la ve conforme a sus metas y objetivos que no conoce, según sus propios estándares.

Por eso nos es tan necesaria la ciencia de la Cabalá, porque allí profundizamos en nosotros mismos “hasta el nivel de las partículas elementales” y estudiamos nuestro verdadero material. Éste sin duda está más cerca de la verdad que todas nuestras fantasías psicológicas subjetivas.

Si pudiéramos ahondar en nosotros mismos, y entender qué es lo que pasa en el nivel más bajo pasando a través de todas las membranas colocadas como capas de cebolla, si pudiéramos traspasar las múltiples formas en las que percibimos el mundo exterior, entonces dejaríamos de equivocarnos.

Si nos examináramos a nosotros mismos, veríamos qué es lo que sucede en la realidad y por qué, que acciones nos mueven y que es lo que nos favorece y que perjudica. Pero todo esto sucede sólo con la condición de que el hombre alcance la verdadera visión.

Para realizar esto en las ciencias externas, debemos construir un colisionador, un acelerador de partículas elementales. Lo mismo tenemos que conseguir en nuestra propia visión interna.

El colisionador se encuentra dentro de mí. Tengo que conseguir una resolución tan fina y precisa que empiece a entender las fuerzas que actúan en mí. Luego, tengo que hacer un trabajo interior como hace el acelerador.

Esto es lo que nos permite hacer la ciencia de la Cabalá. Entonces entenderemos exactamente cómo empezó la creación, donde estamos y a donde tenemos que llegar al final del camino.

Y entonces veremos en cada instante como ir en una optima dirección y dejaremos de equivocarnos.

(Extracto de la lección por el libro Zohar, correspondiente al 15 de abril 2010).

¡Cada uno debe convertirse en el autor de la creación!

laitman_2009-07-18_0906_wEl descubrimiento siempre es personal y no lo podemos recibir de nadie, sólo podemos aprender a leer de él.

La lectura y la escritura pertenecen al nivel humano. Cuando empezamos a leer, nos encontramos en el nivel animal. Por esto necesariamente alguien debe enseñarnos a leer.

Necesitamos a alguien que se encuentre en el escalón del “hombre”, que nos ayude a subir hasta el nivel humano y nos enseña a leer y escribir.

El libro es toda la creación, desde su plan inicial hasta su última acción.

Pero para descubrir este plan, el hombre debe pasar a través de la historia y escribirla en su corazón (“Escribe toda la Torá en tu corazón”), preparando sus vasijas espirituales.

Leyendo la Torá el hombre aprende del superior, y escribiéndola se convierte en semejante y empieza a entenderle. Así sube al escalón de la idea de la creación, al final del libro.

El libro es la idea de la creación que se conoce al final. El relato lo leemos y reescribimos en nosotros mismos, cambiando nuestros deseos y construyendo de ellos las letras.

Así nosotros mismos nos convertimos en autores al descubrir su Autor. Hacemos una copia del libro, en esto consiste todo nuestro trabajo.

El autor no inventa el libro de su cabeza, ante él ya está un libro completo de los cielos, y lo copia.

No trabaja con su propia mente, ni siquiera sabe leer y escribir y tiene que primero aprender.

Pero si aprendemos a leer y escribir y copiamos en nosotros mismos toda la creación —detrás del Creador—, recibiremos el titulo de autor.

¡El Creador no es el autor porque Él no ha escrito nada! Todo se realizo en su único pensamiento.

Pero nosotros descubrimos su idea en nuestros deseos corregidos. Por eso, su pensamiento se separa para nosotros en el libro, el autor y el relato.

Si aprendo a leer, su pensamiento empieza a descubrirse en mi material. Y yo lo leo en mí en la medida de mi aproximación con este pensamiento, copiándolo sobre mi mismo.

La idea de la creación es la línea derecha, mi material es la línea izquierda, y yo en la línea media copio esta idea a mi línea izquierda.

El libro, el autor y el relato son el Creador, la creación y la relación entre ellos, que se llama Torá.

(Extracto de preparación a la lección sobre el libro Shamati, correspondiente al 18 de abril 2010).

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El escribano de la Torá

izuchayu_knigu_100_wpDel libro Shamati: El libro, el autor, el relato. El libro es el estado antes de la Creación (la idea).

El autor es el dueño del libro. La unión del autor y el libro se descubre como “el relato”.

Es necesario “recibir el relato”, o sea la Torá junto con el Dador de la Torá.

¿Nos percibimos en alguna realidad y debemos descubrir lo que significa?

¿Es una ilusión o la verdad?

En mí se desarrolla algún programa en una cadena de causa y efecto, pero ¿quién es su autor? ¿Podré conocer al autor de la historia que estoy leyendo dentro de mí?

El mismo libro (toda esta realidad) ya existe antes de que empezara a leerlo y descubrirlo.
Pero todos los descubrimientos están en mí, dependen de como leo esta historia, de como paso por este libro de principio a fin, y de mis impresiones.

Y dentro de este relato, en la media de mi conocimiento e inclusión en él, descubro al autor del libro.
Entro dentro de este libro, y su historia empieza a construirme y me prepara además para ser su autor (escribano).

La historia es la Torá que nos lleva al descubrimiento completo de todo el libro, en el cual nos encontramos junto con el Dador de la Torá.

Cada uno de nosotros descubre el libro de nuevo individualmente, pero necesita al maestro que le ayuda a leerlo.

En nuestro mundo, el adulto lee el libro al niño hasta que este aprende a leer solo.

Igual en la ciencia de la Cabalá, el adulto(espiritualmente) tiene que ayudar al niño, porque es imposible descubrirlo solo. Esto se produce únicamente por la transmisión del maestro al alumno.

Así, cada uno de nosotros aprende a leer este libro, y pasa a través de toda la historia para descubrir en él a su autor.

Hasta que no aprenda a leer solo y no termine todo este camino, no descubriré el libro y a su autor, ya que sólo es posible en la semejanza a Él.

Poco a poco yo mismo me convierto en autor porque escribo la Torá en el material de mi deseo, que cada vez adquiere las nuevas formas de las letras.

Aunque el libro ya está escrito por su Autor, yo mismo me convierto en su autor. Pasando este relato de principio a fin, me comparo y me uno con el libro, con su autor y la historia.

Nota: En hebreo existe la palabra Sofer que significa el escritor (el autor) y el escribano.

Se considera que el autor es sólo el Creador, el cual escribió un único libro que incluye todo, la Torá.
Nosotros tan sólo la copiamos (descubrimos), cada uno dentro de sí mismo.

(Extracto de preparación a la lección sobre el libro Shamati, correspondiente al 18 de abril 2010).

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Qué nos cuenta El Zóhar

laitman_2008-11-14_7127El Zóhar nos cuenta sobre la conexión entre las almas. Por parte del Superior, todas las almas están conectadas juntas en el sistema del Mundo del Infinito, donde la Luz infinita los llena.

Esto es semejante a un organismo perfecto y sano, en el cual todas las partes están en armonía y en la intercomunicación correcta.

Por otro lado, El Zóhar describe este sistema respecto a sus partes llamadas almas o personas.

Existen personas que sienten las almas y la conexión entre ellas. Existen otras personas que no sienten esto y perciben el sistema en su forma exterior. Es decir, ellas ven nuestros cuerpos animales, en los cuales existimos en este mundo en una cierta conexión entre nosotros.

Toda la Torá habla sólo sobre los tipos de conexión entre nosotros. Se trata solamente de como sentimos esta conexión: o en la forma exterior —en forma de este mundo que todo el tiempo cambia, avanzando hacia una cierta meta— ,o profundizando hacia dentro —en base a este mundo, comenzando a sentir la conexión entre nosotros a nivel de las almas.

En las formas de conexión entre nosotros, a nivel material y a nivel espiritual, existen nociones como “mundo”, “año”, “alma” y “percepción de la realidad”.

Las mismas nociones que existen en nuestro mundo, existen también en el mundo espiritual. Sin embargo, allí todos ellas hablan sobre la forma, la fuerza, el tipo de la conexión entre nosotros. Justamente esto debemos alcanzar.

(Extracto de la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 08 de marzo 2010).

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Gematría en mí

laitman_2009-05-28_8354_wPregunta: Yo estudié la Torá, sé cinco idiomas, escucho sus lecciones y más o menos conozco los términos cabalísticos.

Cuando estudias un idioma y sabes las palabras, lees el relato y lo comprendes.

Pero en la lección del Talmud Eser Sefirot (TES) leo un párrafo del texto y no comprendo nada, a pesar de que conozco todos los términos. TES me parece chino. ¡¿Por qué?!

Respuesta: Todavía debes estudiar este idioma. La palabra “idioma” proviene de la noción “aguja (en hebreo=legua) de la balanza” que se encuentra en el medio.

A medida que reveles las definiciones espirituales, en el medio entre el bien y el mal, se construirá tu idioma.

Es la línea media que la persona debe construir en sí misma. Entonces comenzará a comprender y a sentir las graduaciones de las cualidades.

Hasta que la persona no alcance la sensación espiritual, casi nada le quedará del estudio, sin importar cuanto estudie. Es semejante a cuando le tratamos de explicar mil veces a alguien sobre el gusto de un plato que nunca ha probado.

Ya que todos nuestras percepciones son gustos. Todas las definiciones que existen en TES, son de los cabalistas que “han saboreado” la Luz que entró al deseo con intención de otorgamiento, conforme a la ley de la semejanza de las cualidades.

La Primera Restricción actúa y no nos da la posibilidad de recibir la Luz si no somos semejantes a ella. Sin pantalla, sin intención para el otorgamiento, no podemos sentir la Luz.

Por eso, mientras que no tenemos la pantalla, no comprendemos de qué se trata. Ya que todo se revela en la sensación.

Por eso se dice: “¡Saboreen y se persuadirán de lo bueno que el Creador!”. Debo “saborearlo” porque todo se revela en mí.

Y por eso, esto realmente es un problema. No importa cuánto estudias aquí, este idioma se desaparece todo el tiempo.

Pero por otro lado, el idioma te prepara para que sientas. Cuando tengas las sensaciones, comprenderás de qué se trata.

Entonces no tendrás necesidad de estudiar. De repente comprenderás como se llama cada cosa. No tendrás que leer sobre esto en los libros.

Sintiendo un fenómeno espiritual, sabrás también como se llama. ¡¿De dónde lo sé?! ¡¿Quién me enseña?! Nadie.

La Luz, vistiéndose en tus deseos, les entrega la impresión según cuatro fases —Taamim (sabores), Nekudot (punto bajo las letras que representan vocales), Taguin (coronas sobre las letras), Otiot (letras) — y construye en la gematría (significado numérico de la palabra).

Esta gematría se convierte en la palabra. La “lees” y de pronto comprendes: este deseo se llama “árbol”, este otro se llama “sol”. Sabes que esto es así. Incluso si vives en algún lugar en el fin del mundo y no sabes el idioma, comenzarás a comprender.

(Extracto de la lección sobre el artículo Preámbulo a la sabiduría de la Cabalá (Ptijá), correspondiente al 16 de abril 2010).

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La ciencia de la recepción de la Luz

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El Zóhar, capítulo Shemot, punto 177: En el Jardín del Edén en la tierra, todos se ubican en la imagen y figura en la que se encontraban en este mundo.


(“Este mundo” es el peldaño espiritual, donde se encuentra ahora el ser humano“).


Y este ocultamiento y secreto es entregado a los sabios. El espíritu que desciende a la gente, que es del lado de la mujer es siempre tallado en un grabado tal como este sello, cuyas letras están grabadas.


Eso es porque la imagen del cuerpo en este mundo es protuberante y el espíritu esta tallado en su interior.


Cuando el espíritu se extiende del Guf (cuerpo) y asciende al Jardín del Edén en la tierra, ese espíritu es protuberante en el Jardín del Edén en la tierra, con la imagen y figura del Guf actual en este mundo, ya que siempre es como un sello.


El “cuerpo” (deseo) y el “espíritu” (la Luz que le llena) se corresponden uno al otro como un sello y su impresión porque se han dividido sólo para unirse de nuevo.


¡La ciencia de la Cabalá nos enseña cómo corresponder uno al otro! Y por eso ella tiene tal denominación (“Cabalá” significa la recepción), porque empezamos a organizar y dirigir la entrada de la Luz en el deseo, determinando en qué forma la Luz debe entrar en los deseos y llenarlos.


Por eso estudiamos la naturaleza de la Luz y la naturaleza del deseo, porque con anticipación no la conocemos. ¡Al principio no vemos lo espiritual!


¡Debemos conectarnos con la Luz, conectarnos con el deseo, recibir la forma exacta de la Luz y del deseo y ajustarlos de tal modo que uno entre en el otro!


El resultado que recibiremos se llamará “la ciencia de la recepción” de la Luz (la ciencia de la Cabalá).

(Extracto de la lección nocturna sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 15 de abril 2010)

La sabiduría que nos enseña la Luz

vdochnovenie_100_wpEl Zóhar, capítulo Shemot, punto 177:…Ruaj reviste el Guf del hombre en este mundo, sumido como las letras sumidas en un sello, ya que es el interior del Guf que sobresale hacia afuera y es considerado exterioridad.

Por eso es que hay solamente luz de VAK en él. Ruaj, el interior del cuerpo está sumido. Contiene Jojma pero no ilumina.

Cuando Ruaj se expande desde el Guf y asciende al Jardín del Edén en la tierra, …se vuelve protuberante.

Los Ruajs que ascienden allí tienen la misma forma que el Guf en este mundo que es protuberante.

Es como apretar una masa a través del molde. Si el molde tiene una forma de estrella, entonces la masa sale en forma de estrella. Si el molde es redondo, entonces la masa sale en forma redonda.

Es decir, la Luz que estaba dentro de un deseo (Kli) fue recibida por este deseo dentro de la Luz Reflejada (como la vasija espiritual). ¡Por eso la Luz se reveló!

Por eso, la Luz recibe la misma forma que tenía el “cuerpo” (deseo). Incluso cuando lo abandone, en el deseo queda el recuerdo (Reshimo) sobre la forma del deseo en que estaba vestido.

Se trata de la Luz especial: no es una Luz abstracta, simple, una Luz que nunca estuvo aceptada por el cuerpo. El cuerpo aceptó esta Luz y se corrigió según esta forma.

El cuerpo terminó esta corrección y ahora la Luz anterior que estaba en el cuerpo y el mismo cuerpo están uno delante del otro. El cuerpo continúa corrigiéndose en una forma más avanzada, pero la forma anterior no desaparece.

Las formas anteriores nos ayudan en nuestra corrección ulterior, porque la Luz que estaba antes en el cuerpo se viste en él otra vez y ayuda a los estados siguientes.

Aunque el próximo peldaño puede ser totalmente distinto, la misma Luz la misma sabiduría espiritual que una vez vestí en mí me ayuda en mi camino adelante, de mismo modo como en esta vida me ayuda la experiencia de lo que he pasado en los peldaños anteriores.

Cada estado se queda, “nada desaparece en lo espiritual”. Y cada estado que se ha cambiado deja detrás de sí las formas que ayudan a otros estados.

La comparación, la revelación y la unión de estas formas es precisamente lo que nos lleva a la sabiduría (a la ciencia de la Cabalá).

(Extracto de la lección nocturna sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 15 de abril 2010)

Para que no desaparezca de nosotros la Luz…

v_okno_100_wpNo podemos exigir de la Luz que realice todas las correcciones que necesitamos ni todo el llenado.


Cualquier cosa en la que pensemos está en la Luz porque es la fuente que nos creó.

Cuando con todas nuestras acciones (el estudio, el trabajo en el grupo, la difusión de la Cabalá…) atraemos la Luz y ésta empieza a influirnos, al cabo de un tiempo notamos que estamos ante algo desconocido.


Esta Luz empieza a acercarse a nosotros. Aunque no la veamos todavía, podemos sentir cómo nos llega su “aliento” (Ruaj).


A partir de ese momento, emprendemos diversas acciones, temiendo esta Luz y esta sensación.


Comienzo a relacionarme con la Luz, por miedo a perderla. Es un ejercicio del otorgamiento. La Luz me da a entender que, si no la quiero perder, ¡estoy obligado a ser el otorgante!

Empiezo a checarme todo el tiempo. Intento quedarme en esta intención y cualidades para salir de mi ego. Es entonces cuando siento, cerca de mí o en mí, alguna presencia de la Luz.


Es así como el hombre comienza a construir “la sombra” de su innato y natural deseo de placer. Tal ejercicio lleva a cabo con nosotros la Luz, como diciendo: “¡¿quieres sentirme?! Entonces, ¡haz así! Si no, yo desaparezco…”.


Este juego permite al hombre acostumbrase, poco a poco, a quedarse “en la sombra” hasta que esto no se convierte en su segunda naturaleza.

Ahora él quiere estar en la sombra. Siente que es un estado especial: la elevación por encima de sus intereses particulares. Así, de “Lo Lishma” llega a “Lishma”.


Ve que este estado emana la perfección y la eternidad. O sea, es por su bien. Más tarde, comenzará a valorar el estado y la cualidad en sí mismo, es decir, el otorgamiento y el amor al prójimo.


Todo esto es lo que nos provoca la Luz con su juego. Ella se acerca y se aleja, para que la sombra esté o en el lado de la Luz o en el lado del hombre. Es decir, o el hombre oculta su deseo egoísta o se oculta la Luz.


Así, el hombre, poco a poco, construye su pantalla contra el egoísmo (Masaj).

(Extracto de la lección del libro Shamati, correspondiente al 16 de abril 2010)

A través de la oscuridad ya se ve la liberación…

laitman_9156_1_wp¡Al comienzo de nuestros estudios de Cabalá a veces recibimos tal inspiración y entusiasmo que ardemos en deseos y nos disponemos a poner el mundo patas arriba!


Otras veces caemos en una insensibilidad total, no entendemos nada, como si estuvieramos entre la niebla, y el mundo se hunde en la oscuridad.


Es decir, cuando tengo contacto con la Luz, hay vida dentro de mí. Apenas me desconecto de ella y deja de iluminarme, entonces lo asemejo a la muerte.


Después llega otra etapa. A causa de que actúo (estudio, hago difusión de la Cabalá, créo la conexión con los amigos), se construye el sistema que empieza a iluminarme incluso en los estados que no son del todo buenos, cuando por mi mismo no atraigo la Luz.


¡Es como una persona que está entre otras personas que siempre van a ayudarla!


¡Tal estado no se denomina “el mandamiento” que me ilumina en el momento cuando lo cumplo, sino “la Torá” que me ilumina siempre! (Debemos olvidarnos del concepto universalmente admitido que se tiene acerca de “el mandamiento” y la Torá”).


Incluso si me siento mal y estoy confundido, tengo un respaldo exterior que me ayuda a mirarme a mi mismo como desde fuera y llegar a la conclusión que lo que me ocurre no es terrible. Ya ha pasado así antes y ya se fue.


La Torá (la Luz Circundante del grupo, del entorno) me defiende incluso cuando no la estudio, es decir, cuando no estoy cerca de la Luz.


Cuando nos acercamos al Majsom, de un lado sentimos una ocultación grande, como la oscuridad de Egipto.


Pero por otro lado, tenemos el apoyo del entorno, cuando no me desvío del camino espiritual hacia un estado totalmente animal.


Entiendo qué significa esta oscuridad, la siento y entiendo de dónde proviene y por qué, qué debo hacer y cómo debo unirme al Creador.


De esta oscuridad, me llega el mandato del Creador hacer señales de nuestra unión (“Mezuzot sobre las puertas”), preparar las vasijas para la salida de Egipto, escapar precisamente a la media noche…


Se trata de la conexión con la Fuerza Superior que se denomina la Torá, es decir, la Luz que llega a mí aunque no esté en el estado del “mandamiento” (la conexión personal con el Creador que se denomina “el día”). De este modo avanzo.


La ocultación no es tal cuando me aíslo totalmente y no entiendo ni siento nada, como lo que ocurre con los principiantes.


Después, la ocultación recibe unas formas especiales. Empiezas a distinguir en ellas diferentes matices, cualidades, entendiendo cómo puedes trabajar con ellas. Cuanto más avanzamos, tanto más se revelan las formas de la oscuridad, de estos espacios vacios.

De ellos aclaramos la forma de la liberación, al otro lado del Majsom.


(Extracto de lección según el artículo del libro Shamati, correspondiente al 16 de abril 2010)

Antes de la lectura del libro del Zóhar

laitman_2009-11-06_zohar_tv_8165_wAntes de la lectura del libro del Zóhar debemos tener tal disposición que sintamos que estamos en el grupo.


Porque entonces estamos en semejanza a las cualidades del mismo grupo de cabalistas que escribieron el Zóhar y podemos entender con más facilidad lo que ellos desean transmitirnos.


El entendimiento llega como resultado de la influencia de la Luz. Ésta influye sobre nosotros de la conexión entre las almas de los diez cabalistas que estaban en el estado de la corrección final, es decir, en la conexión corregida entre sí.


Por eso, cuando corrigieron la conexión entre ellos mismos hasta tal nivel que ninguno de ellos tenía ni un sólo deseo de recibir no corregido, revelaron entre sí la Luz Superior que se denomina “El Zóhar”. Es la Luz que procede de Rosh (cabeza) de Arij Anpin, la Luz del Infinito.


Y por eso, si intentamos alcanzar la misma actitud entre nosotros, como la que tenían los autores del libro del Zóhar, atraemos la Luz del mismo estado que ellos alcanzaron.


Esta Luz también puede crear una conexión entre nosotros, como está escrito: “Quien crea el mundo en lo alto, hará el mundo en nosotros”. Precisamente esto debemos esperar de la lectura del libro del Zóhar.

(Extracto de la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 16 de abril 2010)

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