A través de la oscuridad ya se ve la liberación…

laitman_9156_1_wp¡Al comienzo de nuestros estudios de Cabalá a veces recibimos tal inspiración y entusiasmo que ardemos en deseos y nos disponemos a poner el mundo patas arriba!


Otras veces caemos en una insensibilidad total, no entendemos nada, como si estuvieramos entre la niebla, y el mundo se hunde en la oscuridad.


Es decir, cuando tengo contacto con la Luz, hay vida dentro de mí. Apenas me desconecto de ella y deja de iluminarme, entonces lo asemejo a la muerte.


Después llega otra etapa. A causa de que actúo (estudio, hago difusión de la Cabalá, créo la conexión con los amigos), se construye el sistema que empieza a iluminarme incluso en los estados que no son del todo buenos, cuando por mi mismo no atraigo la Luz.


¡Es como una persona que está entre otras personas que siempre van a ayudarla!


¡Tal estado no se denomina “el mandamiento” que me ilumina en el momento cuando lo cumplo, sino “la Torá” que me ilumina siempre! (Debemos olvidarnos del concepto universalmente admitido que se tiene acerca de “el mandamiento” y la Torá”).


Incluso si me siento mal y estoy confundido, tengo un respaldo exterior que me ayuda a mirarme a mi mismo como desde fuera y llegar a la conclusión que lo que me ocurre no es terrible. Ya ha pasado así antes y ya se fue.


La Torá (la Luz Circundante del grupo, del entorno) me defiende incluso cuando no la estudio, es decir, cuando no estoy cerca de la Luz.


Cuando nos acercamos al Majsom, de un lado sentimos una ocultación grande, como la oscuridad de Egipto.


Pero por otro lado, tenemos el apoyo del entorno, cuando no me desvío del camino espiritual hacia un estado totalmente animal.


Entiendo qué significa esta oscuridad, la siento y entiendo de dónde proviene y por qué, qué debo hacer y cómo debo unirme al Creador.


De esta oscuridad, me llega el mandato del Creador hacer señales de nuestra unión (“Mezuzot sobre las puertas”), preparar las vasijas para la salida de Egipto, escapar precisamente a la media noche…


Se trata de la conexión con la Fuerza Superior que se denomina la Torá, es decir, la Luz que llega a mí aunque no esté en el estado del “mandamiento” (la conexión personal con el Creador que se denomina “el día”). De este modo avanzo.


La ocultación no es tal cuando me aíslo totalmente y no entiendo ni siento nada, como lo que ocurre con los principiantes.


Después, la ocultación recibe unas formas especiales. Empiezas a distinguir en ellas diferentes matices, cualidades, entendiendo cómo puedes trabajar con ellas. Cuanto más avanzamos, tanto más se revelan las formas de la oscuridad, de estos espacios vacios.

De ellos aclaramos la forma de la liberación, al otro lado del Majsom.


(Extracto de lección según el artículo del libro Shamati, correspondiente al 16 de abril 2010)

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