Todo servirá al final de la Corrección

laitman_2009-04_9136_w[1]El Zóhar, capítulo BeHar, punto 78: Y a pesar de que él es llamado “una canción”, un hijo primogénito del Creador, tal como está escrito, “Mi hijo, Mi primogénito, Israel”, él no debe excluirse de ser un esclavo, sirviendo a su padre en todos los servicios que glorifican a su Padre.

De ahí que cada persona debe ser un hijo para su padre, para hurgar en Sus secretos y conocer los secretos de Su casa, para esforzarse por ellos y ser como un esclavo para su padre.

Todo depende de las cualidades y deseos en los cuales se encuentra el hombre. En los deseos pequeños, cuando no tiene las pantallas, es un esclavo. Pero cuando tiene unos deseos y unas pantallas grandes, es el hijo.

Nunca un escalón grande borra los escalones anteriores, porque en lo espiritual no existe la desaparición. Ellos existen sin borrar uno al otro.

¿Qué ganancia hay en que el escalón grande (Gadlut) guarde a los escalones pequeños (Katnut)?

En el Fin de la Corrección todos ellos se unen, pero no en la misma imagen que borra todas las percepciones anteriores.

Al contrario, todas ellas también existen. Porque por cuenta de que empezamos a entender nuestros estados anteriores, corregir estos “pecadores”, los pecados y errores no desaparecen.

Vemos hasta cuanto teníamos razón o cometíamos errores, maldecíamos al Creador o le bendecíamos a Él.

Todas estas graduaciones de las cualidades —el extremo derecho, extremo izquierdo, del pasado y del futuro— se unen, creando para nosotros toda la fuerza de la riqueza de la revelación.

(Extracto de la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 26 de abril 2010).

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