¡No golpees el ordenador; no está vivo!

laitman_2009-08_2622[1]Pregunta: ¿Cómo explicar que el Creador se enoje?

Si hablamos de las constantes leyes espirituales, ¿por qué en el libro del Zóhar el Creador se percibe como si tuviese cualidades humanas, tales como la ira, la envidia, etc.?

Respuesta: La Torá nos habla en el lenguaje humano, contándonos sobre lo que nosotros percibimos y relacionamos con el Creador.

Siempre doy como ejemplo el ordenador. ¡Cómo nos irritamos con él aunque sabemos que es, simplemente una barra de metal! ¿Qué entiende él?… Sólo cumple con lo que está indicado en su programa. Todas sus acciones son correctas.

Y si pulsas una tecla incorrecta o no sabes cómo debe funcionar un programa, puedes irritadamente darles miles de veces a las mismas teclas, y miles de veces el ordenador te va a devolver el mismo mensaje de error.

Él no es como un hombre que pueda cambiar su comportamiento. El ordenador no cambia, no está vivo.

Pero tú lo tratas como a un hombre: “¡¿Por qué no me haces caso?!” Me irrito al recibir perpetuamente la misma respuesta.

Nosotros relacionamos nuestras cualidades, es decir, nuestro carácter, con el del ordenador deseando que cambie para que sea como nosotros. En realidad, somos nosotros quienes estamos quebrados y siempre cambiamos. El ordenador no está quebrado y, por lo tanto, siempre se comporta de la misma manera y siempre tiene razón.

Lo mismo ocurre respecto al Creador. No hablamos de Él mismo, sino de Bo-Re (Ven y Verás; de la percepción del Creador por el hombre.

El hombre reconoce al Creador, lo imagina en sus deseos (las vasijas de la percepción, Kelim). Y por eso adjudicamos al Creador las mismas reacciones y cualidades que nos caracterizan a nosotros.

Por eso está escrito que la Torá habla en el lenguaje del hombre. Para explicarnos cuál debe ser nuestra conducta correcta y ayudarnos a cambiar. Estamos obligados a imaginar al Creador igualmente cambiante, aunque en Él no haya cambios.

Lo perfecto no se puede cambiar. En el caso contrario, no sería la perfección.

Adjudicando al Creador nuestras cualidades y valorando su, supuestamente cambiante, actitud hacia nosotros, podemos vernos en dos manifestaciones: cómo soy por mí mismo, cómo me veo desde fuera y como estoy cambiando, en un mundo cambiante o constante.

¡Esta dualidad de la percepción, que nos permite imaginar que algo fuera de nosotros está cambiando, es un gran regalo del Creador!

Gracias a esto llegamos a la percepción de otra medida y el entendimiento del mundo espiritual. Gracias a esto podemos entrar en la percepción de este mundo siendo libres e independientes.

Por eso, la percepción de la realidad en nosotros, como existente fuera de nosotros y cambiante, fuera de nosotros, es nuestra salvación con respecto al encarcelamiento en la célula de nuestro mundo (de la percepción de la claustrofobia espiritual).

Esto es un punto fundamental que permite a la creación elevarse por encima de lo creado y convertirse en un hombre, Adam, semejante al Creador.

(Extracto de la lección por el libro Zóhar, correspondiente al 27 de abril 2010).

Material Relacionado:

En busca de una base sólida

Toda la creación es un juego del creador

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta