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El sentido espiritual del diezmo

rav_2008-11-07_blackpool_lesson_19_w[1]Pregunta: ¿Cuál es el sentido espiritual del diezmo (Maaser)?

Respuesta: El Maaser es la décima parte de las diez partes en las que está dividida  Maljut. Según la Torá debo deducir, a través de la sociedad, las partes que no puedo usar directamente para otorgar. Mi cálculo yo lo llevo a cabo sólo con el Creador, para otorgarle a Él.

En la Torá hay descritos varios tipos de impuestos, pero todos se basan en el siguiente principio: como no puedo efectuar el otorgamiento por mí mismo, con los deseos que tengo en mí y con la Luz que llega hasta mí, los paso al deseo común (Kli).  En el deseo común, a través de la sociedad, sí puedo llevar a cabo este tipo de otorgamiento.

Mi Kli es solamente parcial, es decir, la pantalla cubre sólo una parte de mis deseos, los cuales estoy listo a recibir para otorgar. ¿Cómo puedo corregir la parte con la que no puedo hacer esto?

Recibo Luz para esa parte y transfiero este deseo de recibir placer, junto con la Luz recibida, al Kli exterior. De este modo lo preparo para la corrección.

Debido a que hoy no uso el Maaser (la décima parte de Maljut que es imposible corregir) con esto preparo esta parte para la corrección, a través de la sociedad.

En la ciencia de la Cabalá estudiamos que en nosotros hay deseos que se denominan las “vestiduras” y los “palacios”. Se corrigen así: ahora me parecen externos pero, y sucesivamente, los convierto en internos.

Lo mismo pasa con el Maaser.  Al principio le doy un uso externo, para después convertirlo en algo que está en mí; que vuelve a mí con los deseos que antes consideraba como ajenos.

Por ahora, no puedo corregir en mis sensaciones esta parte; es decir, no puedo usarla para recibir para otorgar.

(Extracto de la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 28 de abril 2010).

¿Cómo recibir un pase al nuevo mundo?

laitman_2008-12-07_6468[1]Hasta ahora, la fuerza que dirige este mundo ha estado desarrollando nuestro egoísmo. Éste ha estado creciendo, de una generación a otra, durante miles de años. ¡Y, ha terminado de hacerlo!

¡Nuestro ego ya no sabe hacia dónde ir! El ego ha llegado hasta el límite de la esfera donde estuvo creciendo y la ha llenado por completo.

Ha comenzado una nueva actitud hacia nosotros, que muestra hasta qué punto estamos conectados uno al otro dentro de esta esfera egoísta.

Esta fuerza de compresión va a empujarnos cada vez más cerca uno al otro, así encerrándonos y mostrándonos hasta qué punto no podemos escondernos de los demás.

Es una actitud totalmente nueva de la Naturaleza hacia nosotros. Y año tras año nos sentiremos peor. Por eso, todos los países y gobiernos se inquietan y no saben qué hacer con el mundo.

Llevar el mundo a la corrección sólo se puede hacer atrayendo la fuerza que nos corrige y, en la medida en que lo deseemos. ¡Pero debemos desearlo!

Cada uno de nosotros estará obligado a unirse con los demás a través de una buena conexión: por obligación o por comprensión de la necesidad.

A través del estudio, los encuentros, las canciones, y la cadena de televisión nos unimos con el sistema desde el que nos llega esta fuerza y nos corrige.

Cada uno debe conocer esto y revelar al Creador en la misma medida en la que él se sienta, hoy,  a sí mismo, al mundo, a la gente y a la naturaleza. De este modo él debe revelar otro nivel de la realidad, otro mundo.

(Extracto de la lección según el artículo La entrega de la Torá de Baal HaSulam, correspondiente al 28 de abril 2010).

¡No golpees el ordenador; no está vivo!

laitman_2009-08_2622[1]Pregunta: ¿Cómo explicar que el Creador se enoje?

Si hablamos de las constantes leyes espirituales, ¿por qué en el libro del Zóhar el Creador se percibe como si tuviese cualidades humanas, tales como la ira, la envidia, etc.?

Respuesta: La Torá nos habla en el lenguaje humano, contándonos sobre lo que nosotros percibimos y relacionamos con el Creador.

Siempre doy como ejemplo el ordenador. ¡Cómo nos irritamos con él aunque sabemos que es, simplemente una barra de metal! ¿Qué entiende él?… Sólo cumple con lo que está indicado en su programa. Todas sus acciones son correctas.

Y si pulsas una tecla incorrecta o no sabes cómo debe funcionar un programa, puedes irritadamente darles miles de veces a las mismas teclas, y miles de veces el ordenador te va a devolver el mismo mensaje de error.

Él no es como un hombre que pueda cambiar su comportamiento. El ordenador no cambia, no está vivo.

Pero tú lo tratas como a un hombre: “¡¿Por qué no me haces caso?!” Me irrito al recibir perpetuamente la misma respuesta.

Nosotros relacionamos nuestras cualidades, es decir, nuestro carácter, con el del ordenador deseando que cambie para que sea como nosotros. En realidad, somos nosotros quienes estamos quebrados y siempre cambiamos. El ordenador no está quebrado y, por lo tanto, siempre se comporta de la misma manera y siempre tiene razón.

Lo mismo ocurre respecto al Creador. No hablamos de Él mismo, sino de Bo-Re (Ven y Verás; de la percepción del Creador por el hombre.

El hombre reconoce al Creador, lo imagina en sus deseos (las vasijas de la percepción, Kelim). Y por eso adjudicamos al Creador las mismas reacciones y cualidades que nos caracterizan a nosotros.

Por eso está escrito que la Torá habla en el lenguaje del hombre. Para explicarnos cuál debe ser nuestra conducta correcta y ayudarnos a cambiar. Estamos obligados a imaginar al Creador igualmente cambiante, aunque en Él no haya cambios.

Lo perfecto no se puede cambiar. En el caso contrario, no sería la perfección.

Adjudicando al Creador nuestras cualidades y valorando su, supuestamente cambiante, actitud hacia nosotros, podemos vernos en dos manifestaciones: cómo soy por mí mismo, cómo me veo desde fuera y como estoy cambiando, en un mundo cambiante o constante.

¡Esta dualidad de la percepción, que nos permite imaginar que algo fuera de nosotros está cambiando, es un gran regalo del Creador!

Gracias a esto llegamos a la percepción de otra medida y el entendimiento del mundo espiritual. Gracias a esto podemos entrar en la percepción de este mundo siendo libres e independientes.

Por eso, la percepción de la realidad en nosotros, como existente fuera de nosotros y cambiante, fuera de nosotros, es nuestra salvación con respecto al encarcelamiento en la célula de nuestro mundo (de la percepción de la claustrofobia espiritual).

Esto es un punto fundamental que permite a la creación elevarse por encima de lo creado y convertirse en un hombre, Adam, semejante al Creador.

(Extracto de la lección por el libro Zóhar, correspondiente al 27 de abril 2010).

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