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Cómo hacer frente a las “víboras venenosas”

thumbs_Laitman_014Resumen breve de la porción semanal de la Torá, Jukat, parte 7: Nuevamente, la nación comienza a quejarse por haber salido de Egipto. A cambio, el Creador les envía víboras que dan muerte a muchos, y entonces la nación le pide a Moisés que suplique por la supresión de esa aflicción. Moisés reza por ellos y recibe instrucciones para remediar la situación con la ayuda de una “serpiente de cobre”.

A través de todo el sendero spiritual, la persona se confunde con numerosas preguntas y no sabe qué hacer. Se encorva bajo su carga, suscitando la aparición de “víboras venenosas”, deseos de placer instilados en el fundamento mismo de la creación. Sin embargo, al crear aparentemente una “serpiente de cobre”, la persona puede ayudarse. Comienza a entender y sentir que todo lo que percibe no está realmente vivo, sino que de hecho es una “efigie”.

Si las víboras vienen del exterior, aparecen como una manifestación de la Fuerza Superior. Cuando la persona trata de crearlas por su cuenta, le queda claro que no tienen nada que ver con la Fuerza Superior, sino que más bien son producto de su imaginación, y que se presentan como un obstáculo absurdo en su sendero. Por esta razón tan pronto como Moisés moldeó una serpiente de cobre, el problema quedó resuelto y el pueblo de Israel ya no tuvo este problema.

Esta es una de las formas que la Torá emplea para explicarnos cómo defendernos y corregirnos. La “serpiente de cobre” es un método sumamente interesante para sobreponernos a nuestros “deseos malos” (nuestro egoísmo). Construimos nuestra propia oposición para permitirnos tomar consciencia que se trata tan sólo de una ilusión. Puedes notar la diferencia pues eres tú que construyes el “ídolo”. Puedes llamarlo “terapia ocupacional”, si lo deseas. Así es como una persona se deshace del problema, al evocar a una “víbora”, desde adentro. Inútil decir que se trata de acciones internas.

Un comentario: Por un lado dice, “No te forjes ídolos”, pero en esta situación, es el Creador que le ordena a Moisés forjar un ídolo.

Respuesta: Es correcto. En ocasiones necesitamos comportarnos como lo hacemos con nuestros hijos. Para terminar con sus temores, deliberadamente los obligamos a hacer algo a lo que le temen: “Vamos a acercarnos a este perro y verás que no te hace daño”.

Miras imágenes y piensas que las envía el Creador, y que una “víbora” es una manifestación de la Fuerza Superior que te controla. Pero, el Creador dice, “No, haz lo mismo y verás que eres tú que lo imagina; eres tú que representas la imagen de esta víbora. De hecho, no hay nada allí; sólo te parece que está allí.

Si fabricas un “ídolo”, verás que está vacío, que estas “víboras venenosas”, que vienen para asustarte no tienen nada excepto lo que tú mismo les atribuyes. Eres tú quien las ha creado, y no la Fuerza Superior. Constrúyelos y verás que es cierto. Una “serpiente de cobre” es un remedio que nos permite lidiar con nuestros deseos egoístas correctamente.

(Extracto de la lección vespertina del Zohar el 14 de junio 2010).

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El Moisés dentro de una persona es el punto más cercano al Creador

thumbs_Laitman_008.jpgPregunta: ¿Cómo reconocemos al “Moisés” dentro de nosotros?

Respuesta: El “Moisés” dentro de una persona es el punto más cercano al Creador, o el punto de contacto con el Creador. Si una persona avanza correctamente de esta forma, cuida y protege este punto como si fuera su más preciada joya. Después de todo lo conecta con el Creador.

“Moisés” es la cualidad que se encuentra más próxima al mundo espiritual. Todos los demás puntos se esfuerzan por el mundo espiritual en algunas ocasiones, bajo ciertas condiciones, en diversos niveles del Aviut (el espesor del deseo) y por diferentes razones, mientras que el “Moisés” dentro de una persona se halla verdaderamente consagrado a la meta.

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¿El Creador se enfada?

thumbs_Laitman_139Resumen breve de la porción semanal de la Torá de Jukat, parte 1: La nación de Israel sigue vagando por el desierto y llega a Kadesh, que está situado en el desierto de Tzin, donde la nación comienza a quejarse por la falta de agua. Moisés y Aarón se dirigen al Creador en busca de consejo y él les dice que le pidan a la roca que les dé agua delante de toda la comunidad. Sin embargo, en lugar de pedir a la roca, la golpean. Esto enfurece al Creador, que les condena a morir en el desierto y a no estar entre los que traerán a la nación a la tierra de Israel.

Recibí esta pregunta: Si el Creador nos da el punto en el corazón y si Él mismo nos lleva a través de todos los estados, entonces ¿por qué se enfada?

Mi respuesta: Obviamente el Creador crea todos nuestros problemas desde el principio. Nos pone obstáculos a cada paso del camino; nadie más lo hace. De la manera más cruel, primero hace el mal, después grita, nos castiga, y luego nos sugiere: “Está bien, hazlo de una forma diferente, que sea mejor para ti”. Sin embargo, mientras estamos en ese estado “mejor”, una vez más nos lo pone peor aún y nos vuelve a castigar.

¿Por qué se enfada el Creador? Esta ira es corrección. La persona siente el comportamiento del Creador dentro de sí mismo: esta es la manera en la que estamos organizados. No podemos relacionar este sentimiento con la Fuerza Superior, y con lo que ocurre en Su interior. Después de todo, no pasa nada en el Creador, Él existe en reposo absoluto.

Sin embargo, dado que todavía no existimos en un estado completamente corregido, nuestra realidad se divide en “yo” y “fuera de mí”, “yo” y “el mundo que me rodea”, “yo” y “el mundo espiritual, y “yo” y “el Creador”. Sin embargo, todo lo que aparentemente está fuera de mí, en esencia, soy yo; pero, por el momento, sólo parece existir fuera de mí.

Por lo tanto, el comportamiento del Creador, que se me presenta de diversas formas, realmente sólo es la forma en que lo imagino a través de mis propias cualidades. Si me corrijo, veré que sólo amor, y nada más que amor, me viene del Creador. Pero mientras mis deseos externos no se corrijan, estos deseos me traen la sensación de un mundo malo o la sensación de un malvado Creador.

(Extracto de la Lección nocturna del Zohar del 14 de junio de 2010).

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Y la Tierra se unirá a Los Cielos

thumbs_Laitman_705El Zohar, Capítulo Vaietze (Y Jacob salió), Punto 60) Ciertamente, así está establecido en la Merkava – Abraham e Isaac son la derecha y la izquierda y Jacob está en el medio. Está escrito, “La tierra”, la Nukva, “en donde yaces”. Así, unidos, son una Merkava sagrada, las tres líneas con la Nukva. Y aquí vio Jacob que sería el más íntegro entre los patriarcas.

El Zohar nos habla mucho acerca de las líneas y, especialmente, sobre las que se encuentran una frente a la otra (Abraham e Isaac), ya que, simplemente, no sentimos todavía cuán difícil es para una persona trabajar con la intención y la acción cuando son opuestas una a la otra. Después de todo, en nuestro mundo, todo funciona en una dirección. Si le otorgo a alguien con la intención de hacer algo bueno para mí, eso no quiere decir que esté otorgando, es decir, que esté trabajando en dos direcciones. Es un trabajo en una sola dirección: para mí.

Cuando empezamos a trabajar fuera del deseo de recibir placer, vemos que cada elemento incluye dos opuestos, que están en intención o en acción. Por lo tanto, no es una coincidencia que El Zohar siempre enfrente este tipo de cálculos. Habla, al parecer, una y otra vez de dónde están Abraham, Isaac y Jacob, o en otras palabras, de dónde están las líneas derecha e izquierda.

Esto es así porque el trabajo en las tres líneas es muy difícil en cada nivel. Es la conexión del deseo de recibir placer la que no tiene nada que ver con la espiritualidad, es decir, con la intención de otorgar a fin de que este deseo concreto se convierta en activo y pueda determinar, construir y realizar un acto espiritual.

(Extracto de la primera parte de la Lección Diaria de Cabalá 14.6.10, El Zohar).

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Duración: 00:03:29

Todo el universo es tan sólo diez Sefirot

thumbs_Laitman_417El Zohar, Capítulo Vaietze (Y Iaacov salió), punto 59) “Y he aquí que el Creador estaba de pié sobre él”. Aquí, en la escalera, Jacob vio la conexión de la fe, la Nukva, atando todas las Sefirot como una. “De pié sobre él”, es tal como está escrito, “Una columna de sal”, un montículo, ya que todos los grados son como uno en la misma escalera, la Nukva, conectando a todos en un nudo debido a que la escalera se ubicaba entre los dos lados.

Está escrito, “Yo soy el Señor, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Itzjak (Isaac)”. Estos son los dos lados, el izquierdo y el derecho, Abraham es el derecho e Isaac es el izquierdo.

Maljut es una imagen, una pintura del Creador. Nos encontramos dentro de Maljut. En realidad somos Maljut y sentimos todo dentro de nosotros como una imagen de este mundo. De hecho, siempre sentimos al Creador y nada más que a Él. El problema es que lo sentimos conforme a nuestras propiedades y en el nivel de nuestra semejanza con Él.


Las sensaciones siempre provienen de la Luz, pero el deseo (la vasija de su percepción) se siente a sí misma como un determinado objeto, dependiendo de su semejanza u oposición a la Luz. Es por esta razón que las Sefirot Superiores constituyen propiedades que están presentes en Maljut e incluyen la actitud del Creador hacia los intentos de Maljut por convertirse en semejante a ellas. Se llaman Sefirot porque iluminan dentro de Maljut, que las enciende debido a su deseo corregido de recibir placer con el fin de otorgar. Por eso es luminiscente.


La Luz Superior en sí misma no ilumina; está oculta. Sólo en la medida que el inferior avanza e intenta transformarse en semejante al Superior, se encienden las propiedades del inferior que en este momento se llaman Sefirot.


Todo lo que sentimos comienza y termina dentro de Maljut. Cualquier cosa que podamos imaginar que pudo haber existido antes de Maljut es una ilusión de nuestra percepción. De igual manera, visualizamos una determinada realidad que nos rodea, pero de hecho no hay nada en absoluto; todo se halla dentro de nosotros. Sencillamente dividimos toda la realidad en “yo” y “lo que está fuera de mí”.


Lo mismo ocurre en la espiritualidad: dividimos toda la realidad en un alma, que hasta el momento no tiene ninguna sensación de sí misma, y algo que se encuentra fuera de ella. Pero cuando nuestra corrección esté completa, todo se unirá y no habrá diferencia entre “exterior” e “interior”; todo se fusiona en un solo punto.


A medida que una persona avanza, empieza a ver que a pesar de que toda la imagen que lo rodea se ensancha, es más intensa y más complicada, al mismo tiempo, se concentra y se organiza en diez Sefirot. Esto nos permite llegar a la conclusión que todo depende de nuestra percepción, es decir, de nuestra semejanza con la Luz.

(Extraído de la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 14 de junio 2010. El Zohar)

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