Todo el universo es tan sólo diez Sefirot

thumbs_Laitman_417El Zohar, Capítulo Vaietze (Y Iaacov salió), punto 59) “Y he aquí que el Creador estaba de pié sobre él”. Aquí, en la escalera, Jacob vio la conexión de la fe, la Nukva, atando todas las Sefirot como una. “De pié sobre él”, es tal como está escrito, “Una columna de sal”, un montículo, ya que todos los grados son como uno en la misma escalera, la Nukva, conectando a todos en un nudo debido a que la escalera se ubicaba entre los dos lados.

Está escrito, “Yo soy el Señor, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Itzjak (Isaac)”. Estos son los dos lados, el izquierdo y el derecho, Abraham es el derecho e Isaac es el izquierdo.

Maljut es una imagen, una pintura del Creador. Nos encontramos dentro de Maljut. En realidad somos Maljut y sentimos todo dentro de nosotros como una imagen de este mundo. De hecho, siempre sentimos al Creador y nada más que a Él. El problema es que lo sentimos conforme a nuestras propiedades y en el nivel de nuestra semejanza con Él.


Las sensaciones siempre provienen de la Luz, pero el deseo (la vasija de su percepción) se siente a sí misma como un determinado objeto, dependiendo de su semejanza u oposición a la Luz. Es por esta razón que las Sefirot Superiores constituyen propiedades que están presentes en Maljut e incluyen la actitud del Creador hacia los intentos de Maljut por convertirse en semejante a ellas. Se llaman Sefirot porque iluminan dentro de Maljut, que las enciende debido a su deseo corregido de recibir placer con el fin de otorgar. Por eso es luminiscente.


La Luz Superior en sí misma no ilumina; está oculta. Sólo en la medida que el inferior avanza e intenta transformarse en semejante al Superior, se encienden las propiedades del inferior que en este momento se llaman Sefirot.


Todo lo que sentimos comienza y termina dentro de Maljut. Cualquier cosa que podamos imaginar que pudo haber existido antes de Maljut es una ilusión de nuestra percepción. De igual manera, visualizamos una determinada realidad que nos rodea, pero de hecho no hay nada en absoluto; todo se halla dentro de nosotros. Sencillamente dividimos toda la realidad en “yo” y “lo que está fuera de mí”.


Lo mismo ocurre en la espiritualidad: dividimos toda la realidad en un alma, que hasta el momento no tiene ninguna sensación de sí misma, y algo que se encuentra fuera de ella. Pero cuando nuestra corrección esté completa, todo se unirá y no habrá diferencia entre “exterior” e “interior”; todo se fusiona en un solo punto.


A medida que una persona avanza, empieza a ver que a pesar de que toda la imagen que lo rodea se ensancha, es más intensa y más complicada, al mismo tiempo, se concentra y se organiza en diez Sefirot. Esto nos permite llegar a la conclusión que todo depende de nuestra percepción, es decir, de nuestra semejanza con la Luz.

(Extraído de la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 14 de junio 2010. El Zohar)

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