Una persona en el camino

thumbs_Laitman_733Recibí una pregunta: ¿Qué son las tres líneas?

Mi respuesta: La línea de la izquierda es el deseo sin corregir, el cual primero debe ser restringido (Tzimtzum Aleph). La línea derecha es la fuerza de otorgamiento, la fuerza de la Luz. Y la línea media es el resultado de la labor de combinar y conectar ambas líneas.

Nuestro trabajo conjunto se encuentra en la línea media, y todos los materiales de la Cabalá hablan de esto. La línea derecha y la línea izquierda se nos dan desde lo Alto, es decir, desde la naturaleza o el Creador. Si no trabajamos en la línea media, nos quedamos como los animales, actuando por la fuerza de estas dos riendas: la línea derecha y la izquierda. Sin embargo, cuando recibimos la primera chispa de la línea del medio, llamada el punto en el corazón, es una oportunidad, una invitación para obtener el control sobre nuestras vidas y dejar de moverse como un caballo, maniobrado por dos riendas desde arriba. .

Tenemos que llevar esas riendas y llegar a ser “humano.” El punto en el corazón es el comienzo de lo humano dentro de nosotros, el cual controla a su animal, y avanza hacia la semejanza con el Creador. El trabajo espiritual consiste únicamente en la conducción de uno mismo, desde el punto en el corazón, hacia la fusión con todos los demás.

Entonces, nos relacionamos con todas nuestras cualidades como condiciones dadas desde el cielo y, ya no nos identificamos ni con nuestro cuerpo y sus cualidades intrínsecas, ni con la luz, dada a nosotros para corregir dicho cuerpo. Es decir, nos relacionamos con estas dos líneas, la derecha y la izquierda, como la perfección creada por el Creador, como una invitación que nos hace Él para que empecemos a construir por nosotros mismos.

Ya no me preocupo, ni me regocijo o me angustio por las líneas derecha o izquierda; en lugar de eso, me centro en los estados que me han dado la oportunidad de combinar adecuadamente estas dos líneas y seguir adelante, conduciendo mi animal y apuntando directamente a la meta .

En todo momento, mi animal se lanza de una forma u otra, en una dirección desconocida para mí y, tengo que imaginarme la meta: el Creador, la fusión con Él, y ser igual a Él en propiedades. Debo imaginármelo tanto como pueda. Tengo que intentar ver mi medio ambiente como un sistema perfecto, equilibrado, vinculado e interconectado con todas las partes de igualdad y en garantía mutua, a fin de ser llenado por la Luz Superior.

Una vez aclarado el objetivo, tengo que corregir a mi animal, así como orientarlo en la dirección correcta, a través de las dos riendas. Este trabajo no se detiene ni un segundo. En cada momento imagino la meta espiritual más clara y con mayor detalle, y, en consecuencia, con una mayor confusión porque, la luz es conocida sólo desde la oscuridad. Tengo siempre que esforzarme por alcanzar esta meta, es decir, situarme yo misma en el sistema general, como su componente inseparable.

Por lo tanto, cuando leo El Zohar tengo que actuar como un conductor de coche, es decir, empujar el pedal del acelerador, mirando la carretera, la dirección de la rueda, y sintiendo los frenos; todo al mismo tiempo.

Del mismo modo, cuando escucho aquello de lo que El Zohar habla, quiero imaginarme todo eso antes que yo. Aunque esté girando, intento moverme junto con El Zohar y participar en él.

En otras palabras, quiero saber qué es lo que estudio, para conectarme a este material, para estar en este proceso. Porque conocer es integrar, como está escrito: “Y Adán conoció a Eva (su deseo corregido).”

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 1/06/10. El Zohar)

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