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Preocuparme de la conexión y el grupo

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Una historia acerca del estado ideal.

thumbs_Laitman_522_02[1]El libro de la Torá habla solamente acerca de cómo unir todas las almas y volverlas una sola. Esta escrito, “Yo he creado la inclinación al mal, y Yo he creado la Torá para su corrección porque La Luz en ella reforma”.

La Luz de La Torá nos regresa a un solo deseo. La narración completa de la Torá está dedicada a describir el proceso de unificación de las almas. La Torá habla acerca de las formas de conexión entre las partes de ZON (Zeir Anpin y Nukva) en todos los estados espirituales. Por consiguiente, la Luz desde estos estados de conexión restauran las conexiones entre nosotros y nos regresa a esa fuente: El Creador.

Es difícil de imaginar como la unificación de los fragmentos de una sola alma pueden ser dilucidados tan intensamente, y aun, toda La Torá nos habla solamente acerca de esto. Aunque La Luz de La Torá viene de una sola alma, ella pasa a través del sistema que fue creado antes de su rompimiento. Por esta razón, ella se ha adaptado a nuestro estado roto y tiene la habilidad de corregirlo.

(Extraído de la segunda parte de la lección diaria de Cabalá, 30/06/2010, El Zohar.)

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Llegó, pero no estaba la gente

laitman_2010-05_ny_0014196cc3_o[1]Si la gente no está unida, el Creador no la ve, como si no existiera, aunque esté toda la humanidad. El Creador no ve a cada uno por separado, aislado de los demás. Sólo ve las conexiones entre la gente. El Creador sólo observa la cantidad y la fuerza de estas conexiones. Por eso ha dicho el Creador: “¡Vine, pero no halle a nadie!”.

Vemos lo mismo en el hombre, nuestras decisiones aparecen no en las propias neuronas, sino en sus conexiones: en la sinapsis.  Precisamente estos contactos, estas conexiones y las cadenas de conexiones en  nuestro cerebro son la base de nuestro pensamiento;  “del hombre que hay en nosotros”.

En otras palabras, la esencia del hombre está no en los propios elementos del sistema, sino en las conexiones entre estos elementos. El resultado de estas conexiones ya no se encuentra en el mismo material, sino se eleva por encima de él. Es un nivel diferente, un nivel más alto de la realidad.

 (Extracto de la lección sobre el artículo de Rabash correspondiente al 1 de julio 2010).

Esperando el alba

thumbs_Laitman_718_07[1]El egoísmo humano odia a la sabiduría de la Cabalá, ya que ella nos habla del amor hacia los otros. Aún así, para llevar al hombre más cerca del estado opuesto a su ego, se inventaron las religiones. Esto proporcionó una oportunidad para utilizar la “sabiduría de la Cabalá” (como así fue) en varias formas falsas, lo que habilitó a que las personas se desarrollaran egoístamente.

 La religión eleva a la persona por sobre su existencia animal al adoptar la idea de que existe un Creador, el castigo y la recompensa en este mundo y en el mundo por venir y la eternidad de su alma. Le da a la persona la posibilidad de vislumbrar algo superior, sin importar cuán falso pueda ser. Sin embargo, la gente comienza a construir sobre ello  diversas teorías, filosofías, metodologías y así se va desarrollando el arte y la cultura esforzándose para ser mejores. A través de las religiones, la humanidad se desarrolla en su ego, para luego darse cuenta finalmente, durante nuestro tiempo, que está en el exilio de la verdad espiritual.   

Cuando hace 2000 años atrás perdimos nuestro camino espiritual, habiendo caído del amor a los otros, al odio infundado a todos, no sentimos la caída porque estábamos acostumbrados  a la presencia del Creador en nuestra existencia. Pero la humanidad necesita sentir la profundidad sin fondo de la caída y la total desconexión de la espiritualidad. Para lograr esto, se necesita que la Luz brille sobre ella y revele ese estado como oscuridad.

Ya que no tenemos el deseo del amor por otros, en lugar de que se nos entregara la Torá  (la luz que reforma) se nos entregó la Torá en la forma de religión de este mundo, que es cuando usamos la Torá con intenciones egoístas y no para de alcanzar el amor hacia los otros.

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Al estudiar la Torá con intenciones egoístas, una persona sólo se hunde más profundamente dentro de la oscuridad de su egoísmo, hasta que alcanza el estado en el cual se da cuenta de la oscuridad y del hecho de que en lugar de amar a otros, es pretencioso y está lleno de odio hacia los demás. Tenemos que atravesar, superar,  este proceso para llegar a darnos cuenta de  la naturaleza perversa de nuestro egoísmo. El Creador dice:” Yo he creado la inclinación al mal”, y debemos encontrarla dentro de nosotros mismos.

Entonces tendré la necesidad de la Torá, como el remedio para la corrección de mi ego y lo lamentaré. Esto ya no será una mera religión sino la Luz que Reforma la que nos llevará al otorgamiento y al amor.

 (Extracto de la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 29 de junio 2010, Introducción al Libro, Panim, Meirot uMasbirot)

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