Bienvenido al mundo del otorgamiento

Extraído de Pri Jajam, de Baal HaSulam, Igrot (Cartas), Carta N º 26, pg. 85: “La campana de oro y la granada se encuentran en el borde del manto, y se oye un sonido cuando el Sumo Sacerdote entra en el santuario”. La palabra “efod” (prendas de vestir del Sumo Sacerdote) viene de la expresión “¿Dónde está la puerta? “, ya que donde hay una puerta, hay una entrada, aunque se encuentre bloqueada. En el mundo material, vemos la puerta cerrada, la entrada bloqueada, pero en la espiritualidad, sólo es visible la entrada abierta. Uno puede verla sólo a través de una fe total; sólo bajo esta condición la puerta se hace visible y, en ese mismo instante, se convierte en una entrada.

En el momento en que una persona alcanza la fe perfecta, la medida completa de otorgamiento, la entrada y la puerta se revelan ante él como una sola. Un segundo antes de esto, él no veía nada, ni la puerta ni la entrada. Y, de repente, la puerta se abre. ¿La puerta ya existía o no? No, en absoluto; la propiedad que la persona adquirió se convirtió en una entrada y una puerta, lo que le permite entrar.

En nuestro mundo, las puertas existen antes de que estemos listos para cruzar su umbral pero, en la espiritualidad, primero tenemos que construir nuestros Kelim (vasijas espirituales) con el fin de detectar una nueva realidad a través de ellos. Antes de hacerlo, la espiritualidad no existe. Tenemos que darle su forma. Por esto, tanto la puerta como la entrada son construidas por una persona que ha alcanzado la fe perfecta: el otorgamiento.

Durante su formación, la persona se balancea de lado a lado, como aquellos que buscan una puerta. En los momentos finales de su avance, está al lado de la entrada pero, es entonces, en concreto, que le sucede que, de pronto, se cansa y da un paso atrás. Ya no tiene fuerzas para abrir la puerta, y pasa su vida vagando de un lugar a otro, buscando una salida que nunca alcanza.

Nuestro camino se compone de múltiples pasos, adelante y atrás, y continúa hasta que se forma en nosotros una necesidad real por entrar en la espiritualidad. Tenemos que preparar nuestros deseos, porque la espiritualidad no tiene forma propia hasta que no le damos una. La persona carece de la percepción, reacción y aclaración correctas hasta que pasa a través de los cuatro niveles de cada deseo. Poco a poco, acumula todos los discernimientos y los combina en una estructura que revela en la Luz. Uno sólo puede acelerar el tiempo de su desarrollo; ahora bien, ha de pasar por todos los estados.

(Extracto de la Lección Diaria de Cabalá 9/7/10, Pri Jajam, Igrot (Cartas), carta 26, pag. 85)

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