Castigo espiritual

La naturaleza de este mundo es egoísta, y hemos nacido dentro de un deseo cuya naturaleza es recibir. Por tanto, este deseo está constantemente tirando y empujándome hacia el placer, sin dejarme en paz por un segundo. Cada momento está creando una nueva necesidad en mí, seduciéndome con nuevas fuentes de placer. Resulta que en este mundo estoy bajo la persistente presión de la fuerza de la naturaleza que despierta en mí la sensación de dolor y sufrimiento. Por lo tanto, si no hago nada, no hay castigo. La urgencia de hacer algo deriva de la naturaleza porque estoy controlado por la fuerza que me está empujando “desde atrás”.
Por otra parte, no hay una fuerza de empuje en el desarrollo espiritual dado que no hay coerción ahí. Es mi decisión el ganar, reunir, acumular, y ordenar una fuerza dentro de mí que me haga avanzar. Por lo tanto, para ayudarnos a los que residimos dentro de nuestro egoísmo (el deseo de recibir placer) en avanzar espiritualmente, somos “castigados” si no trabajamos. Esto es, somos castigados por inactividad.
Si comenzamos a poner atención a nuestras sensaciones, reconoceremos que vienen del Creador. Esto nos ayudará grandemente a reaccionar más correctamente y avanzar. Si comenzamos a ver la actitud del Creador hacia nosotros, castigo por nuestra inactividad en el trabajo, en todo estado que atravesemos, seremos capaces de prepararnos mejor para cada nueva acción momento a momento. Veremos que el Creador siempre es primero y que Él nos invita y nos guía a actuar. Todo lo que necesitamos hacer es poner atención a lo que Él está diciendo, a cómo Él trabaja dentro de nosotros, y de acuerdo a eso, discernir los detalles de nuestro trabajo. Más adelante, nuestro trabajo por entero implica unir nuestras almas, donde el Creador Se revelará a nosotros.
Dentro de esta unidad, sintiendo como el Creador está guiándonos, comenzaremos a percibir la Luz Directa, la Luz Reflejada, y todas las otras acciones que estamos estudiando en la sabiduría de la Cabalá. Comenzaremos a percibir cómo se manifiestan entre nosotros. En esta manera, el Creador nos empuja a conectarnos  para que nuestros deseos correspondan con el Suyo.

Así que, el Creador no castiga sino corrige nuestra trayectoria.

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 18 de Julio 2010, Artículo, Yo soy el primero y el último.)

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