El Zohar es el arma más poderosa

Está escrito que está prohibido estudiar la Torá sin intención, porque, de este modo, uno no atrae la Luz que Reforma, e inmediatamente, la “poción de la vida” se vuelve “poción de la muerte.” Este punto de elección es nuestra única opción en la vida. Por lo tanto, cuando manejemos El Libro del Zohar, el cual es la única arma contra el mal (el egoísmo), debemos tratar de usarlo correctamente.

Obviamente, no debemos pulsar el “botón rojo”, que llevaría al mundo a resultados nocivos e irreversibles pero, sin llegar a tanto, puede ocurrir que, si no hacemos bien las cosas, estemos expuestos a caminar a través de los estados del sufrimiento, lo cual ya ha sucedido en el pasado (ver Introducción al Libro del Zohar artículos 70, 71). Por eso, antes de leer El Zohar, una persona debería revisar algún surtido de aforismos cabalísticos, pasajes que le impresionen, que le ayuden a empezar a despertar, del nivel animado (deseo de recibir para uno mismo) al nivel humano (aspiración hacia la unidad, el otorgamiento, y el amor).

El nivel humano equivale al deseo de unirse con los demás. El sistema corregido de las almas se llama “Adam” (hombre). Tan pronto como este sistema se rompe y se deshace en múltiples pedazos, cada uno de ellos se convierte en su única parte animada. El nivel humano (equivalencia con el Creador, “Adam” viene de “semejante al Creador”) aparece en nosotros sólo cuando las partes rotas (almas) comienzan a unirse y a experimentar un deseo común.

Resulta que las almas no viven dentro de sí mismas sino en la conexión entre ellas. A esto se le llama “vida por encima de la razón”, es decir, en las relaciones entre las almas, en el otorgamiento mutuo. La suma total de estas relaciones de otorgamiento la constituye el Creador, el cual nos une. Esta fuerza unificadora que alborea en la distancia se llama “La Luz Circundante“.

Por lo tanto, el Creador es la fuerza que realmente nos une y, la Luz Circundante es su manifestación desde lejos. No hay nada más que la Luz y el deseo (Kli). Les asignamos diversos nombres pero, en última instancia, sólo existen estas dos fuerzas.

(Extracto de la segunda parte de la Lección Diaria de Cabalá, 6/7/10, El Zohar)

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