Esperando el alba

thumbs_Laitman_718_07[1]El egoísmo humano odia a la sabiduría de la Cabalá, ya que ella nos habla del amor hacia los otros. Aún así, para llevar al hombre más cerca del estado opuesto a su ego, se inventaron las religiones. Esto proporcionó una oportunidad para utilizar la “sabiduría de la Cabalá” (como así fue) en varias formas falsas, lo que habilitó a que las personas se desarrollaran egoístamente.

 La religión eleva a la persona por sobre su existencia animal al adoptar la idea de que existe un Creador, el castigo y la recompensa en este mundo y en el mundo por venir y la eternidad de su alma. Le da a la persona la posibilidad de vislumbrar algo superior, sin importar cuán falso pueda ser. Sin embargo, la gente comienza a construir sobre ello  diversas teorías, filosofías, metodologías y así se va desarrollando el arte y la cultura esforzándose para ser mejores. A través de las religiones, la humanidad se desarrolla en su ego, para luego darse cuenta finalmente, durante nuestro tiempo, que está en el exilio de la verdad espiritual.   

Cuando hace 2000 años atrás perdimos nuestro camino espiritual, habiendo caído del amor a los otros, al odio infundado a todos, no sentimos la caída porque estábamos acostumbrados  a la presencia del Creador en nuestra existencia. Pero la humanidad necesita sentir la profundidad sin fondo de la caída y la total desconexión de la espiritualidad. Para lograr esto, se necesita que la Luz brille sobre ella y revele ese estado como oscuridad.

Ya que no tenemos el deseo del amor por otros, en lugar de que se nos entregara la Torá  (la luz que reforma) se nos entregó la Torá en la forma de religión de este mundo, que es cuando usamos la Torá con intenciones egoístas y no para de alcanzar el amor hacia los otros.

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Al estudiar la Torá con intenciones egoístas, una persona sólo se hunde más profundamente dentro de la oscuridad de su egoísmo, hasta que alcanza el estado en el cual se da cuenta de la oscuridad y del hecho de que en lugar de amar a otros, es pretencioso y está lleno de odio hacia los demás. Tenemos que atravesar, superar,  este proceso para llegar a darnos cuenta de  la naturaleza perversa de nuestro egoísmo. El Creador dice:” Yo he creado la inclinación al mal”, y debemos encontrarla dentro de nosotros mismos.

Entonces tendré la necesidad de la Torá, como el remedio para la corrección de mi ego y lo lamentaré. Esto ya no será una mera religión sino la Luz que Reforma la que nos llevará al otorgamiento y al amor.

 (Extracto de la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 29 de junio 2010, Introducción al Libro, Panim, Meirot uMasbirot)

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