Dónde comienza La Libertad

Hay dos etapas a lo largo de nuestro ascenso al mundo espiritual, y la primera es obtener un deseo (Jissaron). En nuestro mundo corporal, hemos nacido con un deseo de revelar este mundo y de controlarlo, tomar ventaja, y conectarnos con éste. Pero en el mundo espiritual, es diferente ya que necesitamos ganarnos este deseo.

Es la Luz lo que nos ayuda con esto. La usamos para ajustar nuestro deseo egoísta en una manera opuesta, altruista que nos permite obtener el deseo por el otorgamiento, es decir, un Kli espiritual (una vasija espiritual es un deseo por otorgar).

En nuestro mundo, se nos ha dado el deseo de recibir, entender, y sentir. Similarmente, en el mundo espiritual, hay un deseo de otorgar, amar, conectar, y unir. ¿Cómo podemos obtenerlo? Claramente, solo podemos recibirlo de la Luz que Reforma y de nada más. Y para esto necesitamos al menos algún deseo inicial de recibir el impacto de la Luz. Este diminuto deseo inicial es llamado libre albedrío que nos es dado de una forma muy simple y particular: como un punto excepcional que podemos encontrar y discernir dentro de nuestro estado actual.

Esto puede ser logrado solo a través de la conexión entre nosotros y nuestro esfuerzo colectivo, con la condición de que tengamos el deseo de unirnos y depender unos de otros. Si tales relaciones se encuentran entre las almas (o las personas que las portan), entonces de acuerdo a nuestros esfuerzos, la Luz se revela, comienza a darnos un nuevo deseo, y nos pasa su propio deseo.

Este es el único trabajo real que una persona tiene como Baal HaSulam explica en su artículo “La Libertad“: Necesitamos aplicarnos en el esfuerzo mínimo, en una dirección selectiva, precisa, y clara en relación al ambiente, y como resultado de la medida de este esfuerzo, la Luz desciende sobre nosotros.  Clarifica nuestros deseos (su lado opuesto), nos da una sensación de carencia, de acuerdo a la cual revelamos todos los nombres santos del Creador hasta la completa revelación de la Luz (todos los nombres del Creador).

Así, una persona alcanza un estado espiritual donde “Israel (el alma que anhela al Creador), la Torá, y el Creador se vuelven uno,” es decir que todos los deseos del hombre llegan a ser equivalentes a la Luz que los reformó. A través de esos nombres sagrados una persona alcanza toda la Luz general llamada la Torá y el Creador (el propósito de la creación “deleitar a las criaturas”) que es revelado en esta Luz.

Todo esto es revelado dentro del deseo de una persona. La Torá es la revelación del mundo espiritual alcanzado a través de la revelación individual, parcial de los nombres del Creador a una persona.

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 11 de agosto 2010, sobre el artículo, Debes siempre discernir entre la Torá y el trabajo.)

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