¿Una caída? ¡No, en absoluto!

Al ascender por los peldaños espirituales la persona al mismo tiempo desciende a su ego. Supongamos que he discernido y corregido sólo una capa superior y muy fina de mi deseo. En este nivel me he conectado con el grupo, revelé la importancia de la meta y atraje la Luz que Reforma. Pero, a pesar de esto, debo pasar por dos etapas más para ascender al primer grado espiritual (1/125).

Para mí se revela la segunda capa del deseo y aquí estoy peor, más “áspero”: maldigo, ignoro, niego y desprecio. En comparación con este estado, antes era como un niño, pero ahora me han rechazado más fuerte. ¿Para qué? Para darme una posibilidad de lograr unidad más profunda y atraer la Luz Superior con más fuerza.

De este modo, avanzo paso tras paso revelando un egoísmo cada vez más fuerte. Por más alto que ascienda una persona, la inclinación al mal siempre la precede. Está claro que uno está preparado para esto, pero de todos modos durante una caída nada funciona y él se cae bajo el infinito.

Realmente una caída no es una caída, sino un estado de ascenso a cual aun no estás preparado. Es como si fueses trasladado a un grupo de campeones, porque tu entrenador sabe que puedas unirte con los mejores jugadores. Todas las condiciones están preparadas para ti, sólo debes intentar ponerte en su nivel.

(21815 -Extracto de la lección según el artículo de Rabash, correspondiente al 22 de septiembre 2010.)

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