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Siempre un nuevo comienzo.

El trabajo espiritual constantemente comienza de nuevo. Nosotros tenemos que entender esto, aceptarlo y estar agradecidos por este nuevo comienzo.  Una persona siempre comienza como si no hubiese tenido nada antes. Todo se borra.

 “Nukva siempre regresa a su estado virgen”. Esto significa que yo no retengo ninguna experiencia de mi vida en el camino hacia Él, el contacto completo con el “Novio” o el Creador desaparece. Uno no debe tomar nada del pasado consigo. Es justamente lo opuesto: Se debe rezar para recibir la habilidad de olvidarlo todo. Es mejor, si yo no sé nada.

Estando en el deseo egoísta, somos incapaces de imaginar cómo uno puede rechazar sus experiencias. Sin embargo, no necesitamos ningún conocimiento. Necesitamos la mente solamente con el propósito de comenzar de cero cada vez como una hoja de papel en blanco. Si somos capaces de hacer esto, entonces estamos, de hecho, aproximándonos a la fe u otorgamiento.

 Yo no necesito la mente para otorgar. Todo lo que necesito es una actitud pura que no se ate a nada del estado pasado, el cual seguramente esta corrupto porque yo aun no he alcanzado el  Infinito y el Final de la Corrección. Así es que Nukva y Zeir Anpin regresan cada vez a su estado mínimo, un punto y seis Sefirot.

Uno necesita aprender esto como una condición necesaria para el avance y tratar de aceptarlo con comprensión, amor, y regocijarse cada vez que uno comienza desde la zona cero.

(Extraído de la tercera parte de la lección diaria de Cábala del 15 de septiembre 2010 sobre Talmud Eser Sefirot.)

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El Libro del Zohar, fragmentos del capítulo VaYeji (Y Yaacov vivió), Ítem 333

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Prefacio a la sabiduría de la Cabalá, Ítem 86

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El Libro del Zohar y los escritos de Baal HaSulam, Fragmentos seleccionados para Yom Kippur

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El Día de la Expiación es un día de alegría

Yom Kippur, el Día de la Expiación, es un estado donde el Kli (deseo) que necesitamos corregir se revela. Rabash escribe en muchos artículos que una persona llega al Día De Expiación de acuerdo a su estado interno, que puede ser revelado sin ninguna conexión con el comienzo del día festivo de acuerdo al calendario.

Cada uno de nosotros atraviesa esos estados en nuestro desarrollo, incluyendo ascensos llamados Rosh Hashana (el Año Nuevo), Yom Kippur (el Día De Expiación) y otros. Yom Kippur es un estado muy elevado. Una gran Luz tiene que influirnos para revelar este estado en nosotros y toda una secuencia de acciones es requerida. Una persona debe hacer grandes esfuerzos dentro del grupo, en nuestra unificación, donde ocurrió la ruptura. El lugar de la ruptura se nos entrega para que podamos corregirlo. Entonces entenderemos a qué se le llama corrección, cuál es la estructura de este lugar, y cómo la Fuerza Superior lo creó y lo continúa sosteniendo. Como resultado, descubrimos al Creador.

Con el fin de lograr esto, hacemos esfuerzos de acuerdo a la principal regla en la Torá, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Como los Cabalistas nos aconsejan, primero lo realizamos en uno o varios pequeños grupos antes que en toda la humanidad, ya que eso sería imposible. Al tratar de realizar esta regla en la unificación entre nosotros de acuerdo al método de los Cabalistas, vamos del amor por los seres creados al amor por el Creador y descubrimos hasta qué punto no estamos en la cualidad de amor y otorgamiento.

No estamos hablando de la vida en este mundo y de cuán bien o mal nos sentimos. No nos cercioramos del bien y el mal de acuerdo a esto, no llegamos al Día de la Expiación de esta manera. Sólo al estar en un grupo, aspirando a la conexión entre nosotros, y despertando la Luz que Reforma, llego a ver cuán consumido estoy por el odio y el rechazo con respecto a mis amigos, que están tratando de unirse para revelar el Creador dentro del grupo.

Yo revelo la fuerza de separación, la fuerza de la ruptura en mí, y sólo en relación a esta fuerza puedo decir que he revelado el mal. Entonces, con este mal, puedo venir con el Creador y exigir de Él la corrección. El Día de la Expiación entonces se convierte en un día de alegría porque revelo la enfermedad del egoísmo, mi propia naturaleza que necesita ser corregida. Revelo la condición, “Yo cree el egoísmo,” y ahora puedo pedirle al Creador la Torá, que es la fuerza para corregirlo. Está escrito, “Creé el egoísmo y creé la Torá para su corrección porque la Luz tiene lo regresa a uno a la Fuente” (al Creador).

Primero tenemos que trabajar muy duro por la unificación  entre nosotros, y entonces la Luz Superior brilla sobre nosotros desde el nivel de ELUL (que viene de “Yo pertenezco a mi Amado y mi Amado me pertenece“). Entonces llegamos a Rosh Hashana, un estado donde deseamos un nuevo comienzo, nuevos cambios en el camino, unidad entre nosotros, el nacimiento de un nuevo sistema o un nuevo ser humano (Adam) en nosotros. Y sólo después de atravesar por todo esto llegamos a un estado donde revisamos todas nuestras diez cualidades. En el décimo día después del Año Nuevo, que marcó el comienzo de un nuevo camino, llegamos al Día de Expiación.

En ese punto, por un parte estamos verdaderamente en un estado de completa desesperación y falta de fuerza, y por otra parte experimentamos una gran alegría porque finalmente podemos clamar hacia el Creador pidiéndole que nos ayude con la completa confianza de que nos ayudará. Tenemos esta confianza porque ya nos hemos revisado y hemos llegado a la conciencia de que todos habitamos sólo en el mal, incapaces de hacer nada al respecto. Pero ahora, en virtud de la conexión entre nosotros, tenemos la confianza de que el Creador nos está ayudando y está esperando este preciso momento.

Baal HaSulam escribe que “No hay momento más feliz en la vida de una persona que cuando descubre cuán absolutamente impotente es y pierde la fe en su propia fuerza, ya que realizó todos los esfuerzos posibles de los que fue capaz, pero no llegó a nada. Esto es porque precisamente en este momento, durante este estado, ¡está listo para una plegaria clara y completa al Creador!” Este momento es llamado el Día de la Expiación. De este momento en adelante, una persona puede estar segura de que recibirá la Luz de Corrección.

(De la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 15 de septiembre 2010 sobre Yom Kippur.)

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El sendero para revelar al Creador

Cuando leemos El Libro del Zohar tratamos de crear un espacio común en donde aspiramos a conectar nuestros puntos en el corazón. Este es el significado de “estudiar la Torá”. Es imposible “estudiar la Torá” si no se tiene esta intención.

El punto en el corazón es “Isra-El”, que se traduce como “aspirar al Creador”. A través del estudio, queremos alcanzar la Torá: la Luz que nos corrige. Entonces, revelamos al Creador en la conexión entre nosotros. En esa conexión y como corresponde, al revelar al Creador existen 125 grados, o 5 mundos, o 5 Luces NaRaNJay.

Nuestro mundo es la carencia total de conexión, desde donde iniciamos nuestros esfuerzos por unificarnos. El punto final de unificación entre nosotros se llama “El Mundo del infinito”.

Así es como se revela el sistema entero del alma común, llamado Adam ha Rishon, Shejina o Maljut del Infinito. La forma de esta vasija espiritual (Kli) se llama “el Creador” (Kadosh Baruj Hu): el atributo de amor y otorgamiento.

Todo existe dentro de este sistema. Toda la ciencia de la Cabalá habla solamente de cómo revelar al Creador de conformidad con la ley de la equivalencia de forma, tal como está escrito, “Desde el amor a los seres creados al amor por el Creador”.  Al unirnos creamos un sistema entre nosotros que se iguala a la Fuerza Superior de otorgamiento.

Esta es la imagen que siempre debemos mantener en la cabeza cuando leemos El Libro del Zohar. Debo siempre comprobar en dónde me encuentro en esta escalera que nos conecta, debo examinar lo que dice El Zohar en este momento, verificar si deseo unirme con los demás o me resisto y qué es lo que me detiene. Todo el tiempo debo pensar en una cosa: ¿cómo estoy conectado yo (Israel) con los otros a través de la fuerza que nos une (la Torá)? Dentro de nuestra conexión revelo el verdadero atributo de otorgamiento: El Creador. 

(De la segunda parte de la lección diaria de Cabalá del 14 de septiembre 2010 sobre El Zohar.)

El hombre por si mismo, no es capáz de nada.

Como convertir la tristeza en alegría

Pregunta: ¿Por qué Yom Kipur no se percibe en el pueblo como un día festivo, sino triste, incluso un día de pesar?

Respuesta: Porque la gente no entiende que “lo malo” en la percepción puede ser un trampolín hacia lo bueno y dependiendo de nuestra relación se entiende no como un mal sino como un bien. Por ejemplo. El hombre hace un reconocimiento médico y se le descubre una enfermedad: se descubre el mal. ¡Pero ahora ya se le puede curar y significa que el descubrimiento del mal es el bien!

Pero se ha dicho: “La opinión de la gente común es contraria a la opinión de la Torá”, y el hombre rechaza las correcciones. Él no entiende por qué las necesita. Clama que está mal y pide al Creador que haga que se encuentre bien: o sea, llora por su egoísmo, quejándose de que el Creador no le llena. Como si dijera al Creador: ¡¿Por qué eres tan malo, tan cruel?! Que más te da… ¡Dame la posibilidad de recibir placer!

No entiende que el descubrimiento del mal es para su bien, para su crecimiento. Con el ejemplo de nuestra milenaria historia tendríamos que entender ya que el Creador responde sólo al deseo que esté dirigido a la corrección, a la meta de la creación. Y a ninguna otra petición.

Pero ahora ha llegado el momento de explicar a todos lo que significa realmente llegar al día del Juicio – para descubrir “Yo he creado el mal” y después “Yo he creado la Torá para su corrección”, y después “porque su Luz retorna a la Fuente”.

(Extracto de la lección sobre los artículos de Rabash, correspondiente al  15 de septiembre 2010.)

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Te caerás y te levantarás una y mil veces

Arrepentimiento” significa que he sentido que he pecado, pero aún no estoy preparado para continuar por el camino correcto. No pude pedir al Creador la fuerza para elevarme por encima de las sensaciones agradables o desagradables ni para verle, siempre, como Aquél que hace lo bueno. No he podido soportarlo y, por consiguiente, he descendido.

Ahora, con el fin de subir de nuevo, necesito el “despertar desde abajo” y el “despertar desde Arriba”. Con este objetivo, durante determinados períodos de tiempo, nos llega un estímulo especial, denominado “festividades” como el mes de Elul, que es una abreviatura de “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí.” Esta estimulación conduce a nuevas decisiones, sensaciones e impresiones.

Entonces, pido la corrección de los pecados que no me permitieron alcanzar la bondad, levantarme, conseguir la fuerza de la fe y avanzar espiritualmente. Bien al contrario, dichos pecados hicieron que descendiera, lo cual, por supuesto, fue planeado por el Creador. ¿Es necesario que, constantemente, me tropiece y caiga? Sí, lo es. No hay otra manera. Como está escrito: “El justo se caerá y levantará una y mil veces”

La sensación de estar en pecado, incluso por segunda vez, sigue siendo insuficiente para avanzar, y sentirlo en toda su profundidad. La primera vez, sólo siento cómo la Luz apenas toca la vasija y crea en mí un deseo. La segunda vez, me muestra la pantalla en contra de mi deseo de disfrutar. Cuando peco por tercera vez, empiezo a revelar la actitud ante el Creador, por encima de los deseos.

Por lo tanto, no hay otra opción: Todo el mundo debe convertirse en un completo malvado. De lo contrario, es imposible corregirse y convertirse en un completo justo. Sólo la impureza se convierte en santidad. Sin embargo, sólo es posible llegar a ser malo si uno aspira a convertirse en justo.

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 15 de septiembre 2010, sobre el artículo, ¿Cuál es la ventaja que existe en el trabajo que es más que la recompensa?)

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¿Qué es un pecado?

El “pecado” está determinado por si usted le pide o no al Creador la fuerza para elevarse por encima de sus sensaciones de “bien” o “mal”. ¡La primera vez que usted hace algo no es un pecado! Tal vez usted aun no había discernido entre el bien y el mal y su actitud hacia el Creador. Sin embargo, si usted lo hace por segunda vez, se convierte en un pecado. Y si usted lo repite una tercera vez, desciende de su grado pues no puede mantenerse en él por más tiempo.

Con la primera interacción entre el placer y el deseo, se crea un deseo por el placer (una vasija, un Kli). En la segunda interacción entre el placer y el deseo, uno recibe un sentimiento de trasgresión (un pecado), la recepción para el beneficio propio. Pero si uno recibe placer en el deseo por tercera vez, entonces no solamente indica  que existe el pecado, sino que nos muestra que la sensación de ese pecado no fue suficiente para abstenerse de él.

Esto puede ser parecido a la situación en que la sentencia dictada en una corte es más débil que los deseos del criminal, así es que el criminal no se reforma de robar en el futuro. Y entonces se toma la decisión de ocultarme en la prisión de este mundo.

(Extraído de la primera parte de la lección diaria de Cábala del 14 de septiembre 2010, sobre la Preparación para la recepción de la Torá.)

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Cómo medir la Fe Por Encima de la Razón

Nuestro camino por entero consiste de la revelación de las acciones del Creador hacia nosotros y en encontrar la reacción correcta a estas. Es llamado “trabajo del Creador”, cuando deseo aprender dos cosas: Quién me está haciendo esto, y qué está haciendo. En otras palabras, deseo revelar la acción y al que actúa.

Mi actitud hacia las acciones y El que actúa es formada a través de mis intentos de revelarlas. Y a este respecto puedo ser considerado ya como un “ser humano,” el “Yo” que de alguna manera se relaciona con “lo que me sucede” y con “El que me controla.”

La actitud hacia la acción ocurre “dentro de la razón,” es decir, dentro  y de acuerdo a mi mente. Si me relaciono con El que actúa, con el Creador que controla esas acciones, en oposición a lo que siento a partir de Sus acciones, entonces esto es llamado “por encima de la razón” o a pesar de la razón. Si me relaciono con el Creador en dependencia directa de Sus acciones, esto es llamado “dentro de la razón.”

Sin embargo, evaluamos todo nuestro trabajo sólo en relación al Creador. Puedo sentir sus acciones como “amargas o dulces,” percibiéndolas como “bien o mal”, de acuerdo a mis sensaciones. Aun así simultáneamente, también tengo la actitud de “verdadero o falso” en relación al Creador.

No necesariamente amargo es siempre verdad y dulce siempre falso. Si me elevo por encima de mi sensación de “amargo o dulce,” y en lugar de preocuparme por la sensación, revelo que esta viene del Creador (que es el bien que hace el bien), entonces significa que estoy en fe por encima de la razón.

Soy incapaz de esto por cuenta propia ya que vivo mediante mis sensaciones. Sin embargo, puedo recibir ayuda del Creador, y la diferencia entre “dulce o amargo” ya no existirá. Entonces significa que estoy en otorgamiento y me relaciono con Él mediante fe por encima de la razón.

Me elevo por encima de mi sensación debido a la fuerza que recibí de Él, y ahora acepto estados placenteros y desagradables, “bien” y “mal” de manera igual. No sólo sucumbo a las circunstancias; realmente me siento de esa manera, y esto determina la altura de mi relación con el Creador.

Mientras más oposición hay entre el bien y el mal, mientras los percibo de manera igual y bendigo al Creador por las cosas malas así como las buenas, más alto es mi grado espiritual. Es la altura a la que me elevo por encima de mis deseos y satisfacción, sean placenteros o no. Esto es llamado la medida de la fe en el Creador.

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 14 de septiembre 2010, sobre Preparación para la recepción de la Torá.)

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