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Un Descenso es un trampolín para el Ascenso

Todo nuestro trabajo consiste en encontrar la actitud correcta hacia los estados que recibimos. Mientras hacemos este trabajo, poco a poco, empezamos a dividirnos en dos componentes:

 1. Mi deseo, en el que veo varios fenómenos, como el bien y el mal.

2. La mente, con la que discierno Quién me envía mis sensaciones y con qué propósito.

En la medida en que sea capaz de analizar mis estados, independientemente de la sensación de “bueno o malo”, podré entenderlos y justificarlos, a pesar de mi sensación. Los puedo desear, con la intención de revelar la cualidad de otorgamiento, el Creador, a pesar de que la revelación de cada nuevo estado implique que yo sentiré primero el sufrimiento que acompaña a la revelación de un nuevo deseo vacío.

La actitud que tenga hacia este deseo vacío puede cambiar mi sensación de su vacío. La sensación de la meta, una conexión con el Creador, me pueden llevar a estar de tan buen ánimo que excederá con mucho, mi sensación de sufrimiento.

Es debido a esto que tenemos la oportunidad de ascender por encima de las sensaciones desagradables, con nuestras intenciones, con nuestra sensación de conexión con el Creador. Podemos justificar toda la creación en una medida tal, que precisamente esta brecha nos ayudará a ascender por encima de las sensaciones desagradables e incluso provocar su revelación, para subir aún más alto por encima de ellas.

No podemos cambiar ningún estado de nuestro desarrollo, pero podemos pedir que logremos entender, por encima de nuestro deseo de disfrutar,  en qué medida  estos estados son buenos y están orientados a la meta,

Así es como podemos acelerar nuestro desarrollo y pasar por los estados de descenso de tal forma que no los percibiremos como descensos, sino una razón para ascender. Todo depende de nuestra actitud hacia lo que nos ocurre.

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 16 de septiembre 2010, sobre ¿Cuál es el asunto del sufrimiento en el trabajo?)

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Pregunta: Si “no hay nadie más, aparte de Él” y, todo fue hecho sólo por Él, entonces, ¿por qué se me considera un pecador?

Respuesta: Cuando se me revela el mal por primera vez, no se considera todavía como mi pecado. Sin embargo, cuando esto sucede por segunda vez, es decir, cuando descubro dentro de mí el mal y, decido usarlo, este acto va a “mi cuenta”, considerándose un pecado. Es como degustar, en repetidas ocasiones, la fruta del Árbol del Conocimiento. Sin embargo, solamente cuando esto sucede por tercera vez, se me considera un verdadero pecador. La segunda vez es sólo la revelación de que yo existo en el mal.

Pongamos que cometí un delito pero era mi primera vez. Incluso los tribunales toman esto en consideración como circunstancia atenuante. Me aplican un castigo leve como advertencia para que me ayude a no volver a hacer esto nunca más. En otras palabras, me están dando la fuerza de la corrección.

Sin embargo, cuando, independientemente de la corrección que se me dé, conforme a la transgresión, vuelvo a cometer el delito (debido a que el deseo criminal que se despierta en mí es aún mayor que el castigo, o el temor al propio delito), esto quiere decir que realmente he pecado.

Cuando transgredo por primera vez, se me revela la magnitud de mi mal. Esto no se denomina, todavía, pecado. La segunda vez, revelo cuán grande es el delito contra el Creador y me imponen un castigo ligeramente mayor que el pecado.

Si ahora revelo este tipo de deseo en mí por tercera vez y el deseo es aún mayor que antes entonces esta diferencia se llama “la inclinación al mal“, pues es con ella que voy en contra del Creador.

Ésta es la fuerza del Faraón dentro de mí. Ahora sí es un verdadero pecado. Es allí donde tengo que arrepentirme y pedir perdón. Indudablemente ahora sí soy un pecador.

La primera vez no es más que la creación de una vasija (el deseo). La segunda vez, es la evaluación de mi pecado, mientras que la tercera vez es el verdadero crimen; es sólo como resultado de este crimen que aparece la petición de corrección.

Sin embargo, la más importante de todo esto es que sólo es posible dicha corrección, a través de la Luz Circundante, la cual viene en la forma de un “grupo” o de conexión interna, donde mora el Creador.

Esto significa que “Israel (todo aquél que se esfuerza en avanzar hacia el Creador), la Torá (la Luz de la corrección) y el Creador, son uno”.

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 14 de septiembre de 2010 sobre Preparación para la recepción de la Torá.)

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La Puerta de la Plegaria

Con el fin de llegar a un nuevo grado necesito adquirir un deseo adicional, la pesadez del corazón. Puedo entonces hacer un escrutinio de ello y hacer una petición con una plegaria completa al darme cuenta de que no puedo permanecer en este egoísmo; que lo que me hace falta es la cualidad de otorgamiento. No le digo al Creador que me siento mal y le pido que mejore las cosas. Mi plegaria sólo puede ser esta: “Es bueno que me hayas dado este mal de manera que entienda cómo desear el otorgamiento y elevarme hacia el amor de otros”.

No pido que retire el mal, porque es la única base que puedo usar para construir sobre éste, de otra manera permaneceré como una bestia. En su lugar, debo examinar este mal, esta sensación de vacío, para reconocerlo como ayuda en contra de mi egoísmo, obligándome a conectarme con otros.

Doy gracias por el “mal” y la esperanza de que permanezca porque de otra manera caería de nuevo en mi egoísmo. Pero por encima del mal quiero construir una actitud de otorgamiento hacia todos los demás. Y por lo tanto veo el mal como un ayudante que me libera de mis deseos egoístas ya que la sensación de desagrado me permite desconectarme de ellos.

Si una persona se quemara, entonces no querría volver a tocar el objeto que lo quemó. Similarmente, comienzo a no querer más esos deseos y, por encima de ellos, construyo una actitud de otorgamiento. Esto requiere un nuevo comienzo, Rosh Hashana (Un Año Nuevo), un estado donde ya no deseo las satisfacciones pasadas porque las siento como malas. Por el contrario, por encima de ello quiero ahora construir una actitud de otorgamiento hacia los otros. Esta transformación, la transición de uno a otro, es llamada el Comienzo de un Año Nuevo.

Y entonces, tras verificar que soy incapaz de hacerlo por mí mismo, llego al Yom Kippur, teniendo sólo el deseo, pero sintiendo que carezco de la fuerza. Así es como llego a la plegaria, y esto se llama el Día de la Expiación. En este estado no juzgo al Creador, sino a mí mismo porque carezco de la fuerza para otorgar, y en esto yace mi pecado.

Esto es lo que clamo en Yom Kippur cuando expío todos mis “pecados”. El verdadero significado de Día de la Expiación es la revelación del Kli que está listo para la corrección. Es un punto crucial en Rosh Hashana cuando decido rechazar el antiguo deseo y abordar y resolver esforzarme por el otorgamiento. Pero en los 10 días de Rosh Hashana a Yom Kippur he verificado que soy incapaz de otorgar. Y ahora por primera vez, me dirijo al Creador con una petición genuina y logro hacer contacto con Él.

Esta petición le llega a Él porque no pido satisfacción, sólo la fuerza de corrección. Es así como llego a la puerta de la plegaria. 

(De la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 15 de septiembre 2010: Fragmentos sobre Yom Kippur.)

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Un puente maravilloso al Zohar

Tenemos un problema con la percepción del Libro del Zohar porque aunque Rashbi escribió este libro para nuestro tiempo, lo hizo desde la altura de su alma y con estilo antiguo de hace de unos 2000 años. Obviamente, en esta forma este libro no nos conviene, porque estamos al final del último exilio, totalmente apartados del mundo espiritual; no sabemos cómo abrir este libro y con su ayuda trabajar sobre nosotros mismos.

Por eso Baal HaSulam crea su “escalera” (Sulam) con la cual podemos subir hasta la altura del Libro del Zohar. Esta escalera está construida de tal manera, que sobre cada párrafo de este texto hay un comentario.  ¡Y no importa cuánto entendemos en este texto! La verdad es que no entendemos ni el comentario, ni el mismo libro. Pero, el comentario crea una conexión entre el texto original del Zohar y yo.

Y en cada grado ocurre de este modo. Subiendo por estos grados a través del Comentario Sulam, ingresamos en el Libro del Zohar. Sin este comentario sería imposible conectarse al Libro del Zohar.

Necesitamos el Comentario Sulam no para la comprensión, sino para nuestra unión interna.  Aun sin entender ni el comentario, ni el Libro del Zohar los uso y entonces me conecto con la fuente y El Zohar empieza influirme.

Al principio el comentario Sulam es indispensable para unirnos con la Luz que Reforma. Sin él no tenemos ninguna posibilidad de usar este medio maravilloso.

Al ir leyendo  me influye la Luz, a través de la lectura, de los estudios, del grupo y la Luz despierta en mí unas nuevas cualidades.  Gracias a estas cualidades nuevas realmente establezco el contacto con El Libro del Zohar  y entonces empiezo sentir lo que ocurre allí, lo que está escrito. Sólo en este caso se puede hablar sobre entender El Zohar.

(Extracto de la lección dedicada a la memoria de Baal HaSulam, correspondiente al 16 de septiembre 2010.)

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