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Cuando te abandonas, adquieres el Infinito

Pregunta: En nuestro mundo las personas sienten odio y amor las unas por las otras, se dan regalos o se matan. ¿Pero, qué sucede en el mundo de las almas?

Respuesta: Las almas tienen un solo objetivo: unirse hasta alcanzar la adhesión total, al igual que las gotas de agua separadas se van reuniendo en una sola gota. Luego es imposible diferenciarlas y se forma una nueva esencia: el otorgamiento.

El mundo material es la parte del deseo roto que se corrige sólo hasta al final de la corrección. Antes de esto, revelamos amor por encima de él.

Dondequiera que haya amor, cada persona piérdela sensación de su yo. Queda incluida en los demás ilimitadamente al unirse con ellos en forma total. Sin embargo, el odio anterior conserva sus cualidades “negativas”.

 Es similar a la paradoja de la física cuántica en donde una partícula puede estar en dos lugares simultáneamente. No es porque se mude de un lugar a otro a velocidad infinita, sino que se encuentra en realidad en dos lugares al mismo tiempo ¡aunque sólo sea una partícula! ¿Cómo es esto posible?

Finalmente, revelaremos que sólo existe una partícula por doquier, en todo el universo, y se encuentra en todos lados simultáneamente. Si aceptamos el hecho que no existe la velocidad y que una partícula puede estar presente en dos lugares, entonces también podemos aceptar el hecho que puede estar en un número infinito de lugares.

Además, no tiene forma, porque la forma de una partícula depende del lugar en donde la descubrimos. Así que resulta que no hay nada además del único punto que el Creador creó “de la ausencia” (Yesh Mi Ein) y todo lo demás es un derivado de éste.

Por consiguiente, entre más cercanos nos hallemos de la espiritualidad, más nos daremos cuenta que no hay forma de hablar sobre la espiritualidad como no sea a través del lenguaje de los libros cabalísticos.

(21983 – De la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 26 de septiembre 2010, sobre 600,000 Almas.)

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Una morada en el mundo del Infinito

Pregunta: Está escrito acerca de la fiesta de Sukkot: “Sal de tu residencia permanente para habitar  en una morada temporal”. ¿Piensa que una persona en su sano juicio puede dejar una casa segura y cómoda y mudarse a una choza temporal?

Respuesta: De cualquier forma nos vamos a ver obligados a cambiar nuestra residencia egoísta a pesar de nuestros deseos. No importa que tan sólida te parezca tu casa ahora, todos saben que es temporal  y que nos mudaremos a otro lugar permanente.

Pero la Cabalá invita a la persona a “salir de tu residencia permanente” que parece ser tan segura y mudarse por anticipado a una “temporal”. Nuestro egoísmo nos pinta al mundo como algo permanente, pero el estudio de la Cabalá nos revela una relación diferente entre los mundos: el mundo del otorgamiento es permanente porque una persona de hecho se une con el Creador y alcanza la eternidad y la perfección en el Mundo del Infinito.

Nosotros, como niños pequeños, estamos apegados a nuestra residencia de hoy en día; tenemos miedo de mudarnos lejos y abandonar nuestro juguete favorito. Incluso como adultos tenemos problemas si debemos renunciar a nuestras opiniones y ver al mundo en forma distinta. La diferencia entre una morada temporal y una permanente es que con la ayuda de un nuevo ambiente, estoy intentando separarme de mi ambiente anterior, nuestra “residencia permanente”.

En mi ambiente anterior, me encontraba bajo la presión de los medios, las opiniones de los colegas y los vecinas. Me veía obligado a ser y pensar como todo los demás. Dependía de una multitud de factores que definían mi “residencia permanente”; tenía una deuda con todos y corría sin sentido como todos los demás. Todos entienden y están de acuerdo con esto.

¡Pero, entonces la residencia permanente resulta ser como un campo de concentración y no puedo escapar!  Empiezo a mirar fuera de mi mismo y a comprobar que esta vida permanente es en realidad temporal y que pronto llegará a su fin. Bajo la nueva influencia de los libros y la opinión del grupo, poco a poco abandono la “carrera desaforada” que se llama la vida y veo ahora mismo mi “morada permanente” (un estado) dentro de la Luz Superior, en su absoluta quietud, en este mundo y en mundo por venir.

(21766 – De la segunda parte de la lección diaria de Cabalá del 22 de septiembre 2010, Carta 51.)

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La garantía mutua es un espacio entre nosotros: nuestro deseo en común. Todas las revelaciones espirituales ocurren allí. Y si un espacio así no se concretiza, no existe el deseo en común, sino sólo nuestros deseos individuales y egoístas. Construimos este espacio común al grado que yo me anulo a mí mismo y entro en este deseo colectivo; tú te anulas y te ubicas allí al igual que todos los demás. De otra forma, ¡no existe!

Las vasijas dentro de las cuales recibes la Luz no son pre-fabricadas;  tenemos que construirlas, tenemos que aspirar a la unidad. Al cultivarla de 0 a 125 grados, en cada grado percibimos una nueva imagen, una mayor revelación del Creador. Todos los libros “sagrados” (la Torá, El Zohar, etc.) nos hablan exactamente de esto: los grados de conexión que creamos al convertir nuestra maldad y rechazo entre nosotros en amor y unidad. Por lo tanto, la Torá entera se compone de historias que describen cómo se desenvuelve y se corrige el mal.

Sentimos nuestro mundo en el “lugar de la unificación” como su ausencia; sentimos nuestra separación y no al Creador, el Único. Sin embargo, este mundo habita en ese mismo “lugar” entre nosotros, con una diferencia: aquí revelamos el grado de nuestra unidad rota y la ausencia del Creador.

Entretanto, la  unidad actúa como una resistencia que conecta el más y el menos. Dentro de ésta, se oculta mi ego, mi rechazo a los demás. Pero por encima de ella, hago un esfuerzo para unirme. Al hacerlo, creo la resistencia entre el rechazo y esfuerzo. Y entre mayor sea la diferencia, la resistencia entre los dos elementos, (“fe por encima de la razón”) más cantidad de Luz se revela.

La misma ley se aplica en la electrónica y en el mundo espiritual. A fin de cuentas, toda la Naturaleza consiste de “más” y “menos”, o las fuerzas de otorgamiento y recepción. La única forma de conectarlos es por medio de una resistencia, que podría ser cualquier tipo de receptor. Este receptor es el Adam que estamos construyendo: nuestra alma.

Por consiguiente, por una parte, tenemos la fuerza de ruptura, y por la otra, la fuerza de nuestro esfuerzo para crear la unidad. Pero no anula el rompimiento; nos unimos exactamente por encima de éste. Y como resultado creamos un espacio en donde la Luz que se expande desde las dos líneas, más y menos, puede trabajar y comenzar a afectarnos. A través de este trabajo, construimos nuestra “realidad humana”.

(21583 – De la tercera parte de la lección diaria de Cabalá del 20 de septiembre 2010 Talmud Eser Sefirot.)

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No luches contra la Luz

En el principio, la Luz creo el deseo de recibir. Luego, éste se desarrolló y la Luz se apartó para darle independencia, la oportunidad de gobernarse y ser equivalente a ella. En el proceso, la Luz era primaria, era la causa, mientras que el deseo de recibir era secundario y el efecto.

Toda acción se produce por el impacto de la Luz en el deseo de recibir (el deseo). El deseo por sí mismo no puede actuar. Sólo la presencia de la Luz dentro de él le da la voluntad de recibir la oportunidad de solicitarle a la Luz algún tipo de efecto.

Una vez que la Luz ha preparado el deseo para una corrección independiente, dándole la habilidad de volverse semejante a ella, la Luz ya no es primaria con respecto a las acciones realizadas por el deseo.  Se queda únicamente como una fuerza motivadora. Despierta al deseo de recibir para que actúe, creando todas las circunstancias necesarias para su corrección y permitirle su alcance de equivalencia con la Luz.

El proceso de la Luz al crear todas las condiciones necesarias para que el deseo alcance la equivalencia de forma con ella, se llama el descenso de la Luz y el deseo de recibir de arriba hacia abajo.  El proceso de madurez gradual del deseo para volverse equivalente a la Luz se llama el ascenso de abajo hacia arriba. Durante el descenso de arriba hacia abajo, la Luz establece los grados de ascenso de abajo hacia arriba, dejando al deseo el libre albedrío (la libertad de elección de sus acciones). Este libre albedrío consiste en formar la aspiración por alcanzar la semejanza o cercanía con la Luz, volviéndose hacia la Luz.

La Luz programó las etapas de ascenso para  guiar al deseo a través de las formas que debe adoptar en su corrección gradual. Todo lo que debemos hacer es consentir en la forma del grado espiritual específico en cada etapa y pedir la Luz de la corrección que nos hará semejantes a la Luz.

Con el fin de aprehender el trabajo de la Luz en nosotros y su programa de corrección, y desear que se implemente este programa en nosotros, nos reunimos en un grupo, estudiamos Cabalá y nos inspiramos reunidos para darle importancia a la adquisición de la equivalencia con la Luz y no oponer resistencia. En este proceso, primero debo anularme haciendo una “restricción” (Tzimtzum), como si yo no existiera. Tengo que dejar que venga la Luz y haga el trabajo. Esta participación pasiva me permite “encontrar el camino hacia la Luz”.

Después de esto necesito desear activamente el impacto de la Luz, pues al hacerlo aumenta la presión de su corriente con mi aceptación que recibí del grupo. Al estar de acuerdo en recibir el efecto poderoso de la Luz (diciendo “Que así sea”), gano el atributo de otorgamiento, la semejanza con el Creador. Yo pongo la entrada de mi deseo mínimo (mi aceptación), pero gracias a la poderosa corriente de Luz, recibo un enorme atributo de otorgamiento (la intención de otorgar) a la salida, y ese es mi nuevo “yo”. 

La Luz entra en mi “punto en el corazón” inicial (Netzotz, la chispa) y lo hace estallar. Al estar de acuerdo con sus acciones, “crezco” hasta llegar al grado espiritual 125, el Creador, y adquiero su mismo poder.

Esto es lo que simboliza la festividad de Sukkot. De hecho, todas las festividades mundanas son símbolos de lo que nos sucede en el mundo espiritual.

(21914 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 24 de septiembre 2010, Deshecho del granero y la cava.)

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El sabor de la verdad

Hoy por hoy tenemos la oportunidad de apurar el grado de nuestro avance al elegir egoístamente el menor de los males. Obviamente, todavía no se trata del libre albedrío porque el libre albedrío me permite elegir lo que quiero, mientras que aquí se me ofrece sólo el dolor o el placer y me dice, “Elige”.

Baal HaSulam describe dos escalas de medida: “amargo contra dulce”, y “verdad contra mentira”. Debemos ascender al grado de la verdad en lugar de la falsedad, o en otras palabras, dulce y amargo. Todos ven que allí no hay libre elección, sino sólo el análisis: ¿hasta qué punto me controla mi mente y hasta qué punto mi corazón?

Todo queda determinado por lo que se me revela y lo que no se me revela, ¿y qué es más importante, la verdad o la amargura? Obviamente, voy a elegir según mi percepción. Pero, el libre albedrío verdadero surge únicamente en el grupo. El grupo sirve como el factor externo mediante el cual discierno el significado de la verdad externa.

Por consiguiente, la “verdad” significa que tengo que ser parte del grupo. Sin embargo, existe una resistencia entre la verdad y el grupo, que es mi egoísmo, el deseo de recibir placer. Es un sistema completo y no depende de mi capacidad de discernir lo “verdadero”, lo “falso”, lo “amargo” y lo “dulce”. No necesito ser inteligente o sensible. No importa quién sea el más inteligente, el más simpático, o previsor. A final de cuentas, lo vemos todo en relación al grupo, nuestra unidad y el Creador.

Yo existo en este circuito, este transistor espiritual en donde yo activo la Luz que fluye de arriba hacia abajo en la medida en que yo estoy unido con el grupo.

Este es nuestro libre albedrío, que se encuentra en el tercio medio de Tifferet. En un lado se encuentra el ego, en el otro el grupo; y yo realizo un  análisis de las escalas de “verdadero y falso”, sobre “amargo y dulce” en relación conmigo mismo y el grupo.

(21912 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 24 de septiembre 2010, Deshecho del granero y la cava.)

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Pregunta: ¿Por qué una persona puede desviarse del camino por deseos pequeños?

Respuesta: Al principio una persona tiene la impresión que le distraen de la meta sólo los asuntos muy importantes que no puede ignorar. Sin embargo, más adelante se da cuenta que incluso las perturbaciones pequeñas lo desvían. Lo que es más, estas perturbaciones pequeñas ofrecen una aspiración más definida.

Una persona se siente débil, revelando cada vez más su naturaleza endeble. Sin embargo, esto no ocurre porque se haya debilitado y no pueda lidiar con ellas. Esta es su propia visión subjetiva de las cosas mientras que en realidad, se encuentra trabajando con deseos más poderosos. Anteriormente, sólo un problema serio en la vida la hubiera podido distraer del camino espiritual, pero ahora incluso una dificultad menor es suficiente para apartarlo de la meta.

Una persona siente que se ha vuelto más débil y descubre que debe realizar esfuerzos mayores que antes para quedarse en el camino espiritual. La persona continúa avanzando y por lo tanto está obligada a apuntar con mayor precisión hacia la meta.

El grupo también atraviesa por estados similares. Cualquier perturbación es regulada exactamente por los grados espirituales y están hechos a la medida para el estado de la persona. Sin embargo, siempre se me da la oportunidad de sobreponerme y ascender a un nuevo grado en el siguiente instante. Es una lástima que las personas permitan que estas oportunidades pasen de largo. En este aspecto, una herramienta eficaz para avanzar es la diseminación. Si no participo en la diseminación y la vida del grupo, entonces el retraso puede durar varios meses. Sin embargo, la ventaja de actualizar la Cabalá es completar la corrección en esta vida, en lugar de en varias encarnaciones.

(21758 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 22 de septiembre 2010, La Agenda de la Asamblea.)

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Los Cabalistas sobre el Lenguaje de la Cábala, Parte 6

Queridos amigos, por favor hagan sus preguntas en relación a estos pasajes de los grandes cabalistas.  Los comentarios entre paréntesis son míos.

La Sabiduría de la Cábala no habla de nuestro mundo corpóreo:

Existe una condición estricta durante el trabajo en esta sabiduría (la Cabalá): no materializar los asuntos (que se describen en la Torá y particularmente en la Cabalá) con cuestiones imaginarias y corporales (de nuestro mundo). Esto es porque si se hace (imaginar que las cosas que están descritas en la Torá existen en este mundo) se viola “No te harás escultura o imagen alguna”. En ese caso (estudiar de esta forma la Torá) más bien uno se perjudica (se distancia de la espiritualidad) en lugar de recibir el beneficio (y por esto es que se dice, “Es preferible sentarse y no hacer nada”).

Baal HaSulam, Introducción al Estudio de las Diez Sefirot

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Pregunta: ¿Qué sucede si no hago esfuerzos durante el estudio de la Cabalá?

Respuesta: Si no haces el esfuerzo entonces te quedas solo durante un corto tiempo y recibes un nuevo despertar más adelante. Si todavía no haces el esfuerzo en este momento, entonces te quedas solo porque habrás probado que no eres digno. En esta ocasión es posible que te quedes solo durante años e incluso hasta tu siguiente ciclo de vida

En la primera ocasión a la persona se le da la oportunidad de alcanzar la realización propia. En la segunda, se le envía un recuerdo, una nueva oportunidad, y un castigo. En realidad no es un castigo sino una corrección porque se le aguijonea con sensaciones negativas para ayudarle, aunque parece como algo diferente. La persona perdía su tiempo sin ser productiva y de pronto algo malo le sucede. Puede tener relación con el trabajo, el dinero, o algo más.

Esto le sirve como advertencia, como para decirle, “Si quieres sentirte más cómodo en el mundo en lugar de continuar con tu viaje espiritual, entonces comprueba cuán hostil puede ser este mundo”.

Y si esto no es suficiente y continúas por otros caminos que no llevan la dirección espiritual, entonces te quedas solo. Está escrito, “Aquel que peca de nuevo, en adelante se le permite”, ahora puedes hacer lo que quieras. Tu turno de corrección llegará sólo después de que las otras almas se hayan corregido, pero  llegar a tal medida de separación no es deseable en absoluto.

(21812 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 22 de septiembre 2010, sobre la Agenda de la Asamblea.)

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Los Cabalistas en el Lenguaje de la Cábala, Parte 5

Queridos amigos, por favor hagan sus preguntas en relación a estos pasajes de los grandes cabalistas. Los comentarios entre paréntesis son míos.

La Sabiduría de la Cábala no habla de nuestro mundo corpóreo:

Ay de los malvados (las personas ignorantes) que dicen que la Torá no es nada más que una historia (sobre este mundo terrenal), y consideran únicamente el ropaje (las narrativas externas de la Torá). Dichosos son los justos que consideran a la Torá (su contenido interior) como corresponde.

Como el vino está en la jarra, la Torá mora solamente en ese ropaje, en su vestimenta externa que tiene la forma de historias (que en apariencia se desarrollan en este mundo). Por ello, uno necesita considerar lo que se encuentra bajo el ropaje, pues todas estas historias son ropajes (mientras que la verdadera esencia de la Torá, la verdad que el Creador nos quiere transmitir se encuentra presente en la Cabalá. Esta es la razón por la cual la Cabalá se denomina “la Torá interna”).

(El Libro del Zohar con el Comentario de la Escalera, Parashat BeHaaloteja, Ítem 64)

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El sol nunca deja de brillar

La sabiduría de la Cabalá habla solamente acerca del deseo. En cuanto a la Luz, no hay gran cosa que decir. Es estática y existe en absoluta quietud. Sólo otorga y tiene sólo esta única propiedad de otorgamiento. Si deseas recibir de ella, entonces tus acciones deben ser semejantes a ella. La Luz no cambia; más bien, es tu deseo que causa que ésta actúe en ti.

Es semejante a una fuente de energía. Puedo acercarme o apartarme, aproximarme desde un punto u otro. Como con el sol, nos puede quemar o lo podemos usar en beneficio nuestro. Y como el sol, la luz es constante absolutamente. Puedes suplicar o clamar, pero no cambiará.

Todas las transformaciones ocurren únicamente dentro de ti, sin importar si lo lamentas o lo agradeces. Según los cambios, recibes los diversos resultados de su efecto. La Luz no cambia. Descubres un campo fijo e inmutable. En la medida de tus cambios interiores, disciernes cómo sentir sus diversos estados. Y sin embargo, eres tú que experimentas las diferencias, mientras que la Luz permanece siendo la misma.

La Luz es como el sol que nunca deja de iluminar. Puedes emplear su energía como te plazca, para producir calor, frío, etc. La energía misma no tiene forma, y eres tu quien la define.

Lo mismo es con el Creador: “El Bien que hace el bien a los buenos y a los malvados”, a todo aquel que lo desee. ¿Él hace el bien también a los malvados? Sí, sí lo hace. Pero, puesto que sus propiedades son contrarias (opuestas) a las del Creador, entonces en la medida de su incompatibilidad con Él, reciben golpes en lugar del bien. Esto les ayuda a tomar consciencia que el egoísmo es malo y eso gradualmente los transforma.

Sin embargo, existe una mejor opción: recibir la instrucción sobre el empleo correcto de la Luz. En consecuencia, la Cabalá nos permite transformarnos bajo el efecto de la Luz, rápida y fácilmente.

(De la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 20 de septiembre 2010, sobre 600,00 Almas)

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