Cómo salvarse de un mar en tempestad

En el Día de la Expiación leemos la historia de Jonás, el profeta a quien el Creador había dado instrucciones para viajar a Nínive, a fin de despertar al pueblo para que hiciera buenas obras. Sin embargo, Jonás decidió huir del Creador. Abordó un barco y decidió navegar lejos, muy lejos. Pero el Creador hizo estallar una tormenta en el mar; cuando los marineros del barco se enteraron de que Jonás era la causa de la tormenta, lo tiraron por la borda. Una ballena tragó a Jonás y lo trajo a la orilla, a la ciudad de Nínive.

Jonás entró en la ciudad y, tras hablar con sus habitantes, estos se apartaban del mal y lograban amarse los unos a los otros. Así es como Jonás llevó a cabo el decreto del Creador, en contra de su voluntad.

Jonás, a bordo del barco, representa el alma que desciende a un cuerpo humano, porque una persona en este mundo es como un barco en un mar en tempestad. Un alma entra en un cuerpo con el fin de llegar a su corrección mediante la conexión con otras almas. Es exactamente a través del deseo egoísta de recibir placer que puede corregirse a sí misma, usando el egoísmo y la inclinación a rechazar a los otros, con la intención de conectarse con los demás y amarlos. Así es como el alma se desarrolla, desde el “punto de otorgamiento” hasta el nivel del Creador y la grandeza.

Este “punto de otorgamiento“, poco a poco, se conecta a deseos egoístas cada vez mayores. Los deseos que todavía no son aptos para ser utilizados, por el bien del otorgamiento, se dejan sin usar (restringidos). Esto ocurre gradualmente 125 veces, hasta que el punto transfiere a sí mismo todos los deseos de recibir placer.


El Creador envía el “punto de otorgamiento”, es decir, la raíz del alma (el profeta Jonás) a este mundo, en concreto, a los deseos de la persona (el barco). Los marineros y el capitán son los ángeles, es decir, los agentes del Creador, los cuales rodean al hombre.

Jonás necesita despertar sus deseos hacia la corrección, ha de conectarse con todas las almas (la ciudad de Nínive), y despertar en ellos la corrección. Tiene que transformar la inclinación al mal en bondad y amor por los demás. De lo contrario, caerá en el egoísmo y el odio, lo cual le llevará a la muerte.

Para hacer esto, tenemos que pedir la ayuda de la Luz. Esto es lo que queremos decir cuando pedimos ayuda a gritos. Dependiendo de lo “fuerte” que gritemos, la Luz elevará una parte de nuestro deseo de recibir placer y lo conectará con la acción de otorgamiento.

De esta manera, trasladamos todos nuestros deseos de este mundo, (que son los deseos “para nuestro propio bien”) al mundo por venir, (donde se encuentran los deseos “para el bien de los demás”). Al hacer esto, entramos en el mundo del Creador, donde nos percibimos a nosotros y al mundo a través de la cualidad de otorgamiento, la cual se experimenta como una existencia eterna y perfecta.

La historia del profeta Jonás nos habla de cómo el Creador nos fuerza, ya sea mediante el buen camino o el camino del sufrimiento, a difundir la Cabalá alrededor del mundo, el método de corrección del mundo. Por eso está escrito: “Por lo tanto, escoge la vida”, que es de lo que trata el Día de la Expiación.

(21382 – De la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 17 de septiembre 2010, Pasajes seleccionados de Yom Kippur.)

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