No luches contra la Luz

En el principio, la Luz creo el deseo de recibir. Luego, éste se desarrolló y la Luz se apartó para darle independencia, la oportunidad de gobernarse y ser equivalente a ella. En el proceso, la Luz era primaria, era la causa, mientras que el deseo de recibir era secundario y el efecto.

Toda acción se produce por el impacto de la Luz en el deseo de recibir (el deseo). El deseo por sí mismo no puede actuar. Sólo la presencia de la Luz dentro de él le da la voluntad de recibir la oportunidad de solicitarle a la Luz algún tipo de efecto.

Una vez que la Luz ha preparado el deseo para una corrección independiente, dándole la habilidad de volverse semejante a ella, la Luz ya no es primaria con respecto a las acciones realizadas por el deseo.  Se queda únicamente como una fuerza motivadora. Despierta al deseo de recibir para que actúe, creando todas las circunstancias necesarias para su corrección y permitirle su alcance de equivalencia con la Luz.

El proceso de la Luz al crear todas las condiciones necesarias para que el deseo alcance la equivalencia de forma con ella, se llama el descenso de la Luz y el deseo de recibir de arriba hacia abajo.  El proceso de madurez gradual del deseo para volverse equivalente a la Luz se llama el ascenso de abajo hacia arriba. Durante el descenso de arriba hacia abajo, la Luz establece los grados de ascenso de abajo hacia arriba, dejando al deseo el libre albedrío (la libertad de elección de sus acciones). Este libre albedrío consiste en formar la aspiración por alcanzar la semejanza o cercanía con la Luz, volviéndose hacia la Luz.

La Luz programó las etapas de ascenso para  guiar al deseo a través de las formas que debe adoptar en su corrección gradual. Todo lo que debemos hacer es consentir en la forma del grado espiritual específico en cada etapa y pedir la Luz de la corrección que nos hará semejantes a la Luz.

Con el fin de aprehender el trabajo de la Luz en nosotros y su programa de corrección, y desear que se implemente este programa en nosotros, nos reunimos en un grupo, estudiamos Cabalá y nos inspiramos reunidos para darle importancia a la adquisición de la equivalencia con la Luz y no oponer resistencia. En este proceso, primero debo anularme haciendo una “restricción” (Tzimtzum), como si yo no existiera. Tengo que dejar que venga la Luz y haga el trabajo. Esta participación pasiva me permite “encontrar el camino hacia la Luz”.

Después de esto necesito desear activamente el impacto de la Luz, pues al hacerlo aumenta la presión de su corriente con mi aceptación que recibí del grupo. Al estar de acuerdo en recibir el efecto poderoso de la Luz (diciendo “Que así sea”), gano el atributo de otorgamiento, la semejanza con el Creador. Yo pongo la entrada de mi deseo mínimo (mi aceptación), pero gracias a la poderosa corriente de Luz, recibo un enorme atributo de otorgamiento (la intención de otorgar) a la salida, y ese es mi nuevo “yo”. 

La Luz entra en mi “punto en el corazón” inicial (Netzotz, la chispa) y lo hace estallar. Al estar de acuerdo con sus acciones, “crezco” hasta llegar al grado espiritual 125, el Creador, y adquiero su mismo poder.

Esto es lo que simboliza la festividad de Sukkot. De hecho, todas las festividades mundanas son símbolos de lo que nos sucede en el mundo espiritual.

(21914 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 24 de septiembre 2010, Deshecho del granero y la cava.)

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