Unificación de las Almas = Equivalencia con El Creador

Necesitamos sentir nuestra oposición con respecto a la Luz y avanzar hacia su estado. Si no atraemos la Luz hacia nosotros, sufriremos, ya que es muy amargo sentir que somos opuestos al Creador. Por lo tanto, con el fin de darnos la oportunidad de desarrollarnos adecuadamente, se nos conduce a un sistema denominado “grupo cabalístico”. Así, en vez de existir en un vacío, sin saber cómo desarrollarnos en los intentos por convertirnos en semejantes al Creador, tenemos la oportunidad de conseguirlo al encontrarnos en un grupo.

Puedo trabajar en la unión junto al grupo, con otros que aspiran a la misma meta que yo; es decir, en vez de centrarme en algo invisible, estando en un vacío y no sabiendo de dónde proviene el sufrimiento ni qué está pasando, me focalizo en trabajar en la unificación y ¡nuestra conexión soluciona todos los problemas!

¿Cómo puede sustituirse la similitud con el Creador por la unificación de las almas? Al principio, éramos una sola alma de Adam, en el Mundo del Infinito. Más tarde, nos rompimos en muchas partes, como almas individuales y, en vez del Mundo del Infinito, comenzamos a sentir nuestro mundo roto. A través de este rompimiento, la Luz creó cualidades en nosotros que son opuestas a Ella y, por lo tanto, el alma se convirtió en opuesta a la Luz.

Sin embargo, si juntos corregimos y reunimos los trozos del alma rota, este acto nos dará por sí mismo la revelación de la Luz, volviéndonos como Ella. En vez de ecualizarnos o igualarnos a la Luz, la cual está oculta, nos igualamos a los deseos, los cuales sí somos capaces de sentir y entender. Nos parece como si hubiéramos sido convocados como niños buenos a unirnos y anular nuestro egoísmo. Lo cierto es que haciendo esto revelamos la Luz de unificación de nuestros deseos, ya que es aquí donde Ésta se esconde: dentro de las vasijas rotas.

Resulta que, la oportunidad de trabajar en el grupo es la aplicación más práctica y real de la Cabalá.

Llevamos a cabo acciones que están disponibles para nosotros, a nuestro alcance, mientras en esencia revelamos la Luz que se encuentra más allá del rompimiento. De esta manera, aclaramos nuestro contraste con la Luz, volviéndonos iguales a Ella y uniéndonos. La luz y la vasija se funden en un todo y volvemos al Mundo del Infinito.

Revelamos 620 estados, o grados, que nos separan entre nosotros y con respecto a la Luz. Al hacer estas revelaciones descubrimos que somos opuestos a la Luz en 620 grados y por consiguiente entendemos la Luz del Infinito 620 veces mejor. De hecho, revelamos el alma común y la Luz entera que lo llena: el Creador.

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 3 de septiembre 2010, Shamati #50.)

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