¡Queremos Arvut!

Al Creador no se le puede conocer sino a través del grupo. Por otro lado, el grupo sin el Creador no es un grupo sino una “asamblea de habladores”. Por consiguiente, yo, el grupo y el Creador somos un todo. Esto está descrito como, “Israel, la Torá y el Creador son uno”.

La Torá es la fuerza que nos integra como un grupo, si queremos unirnos a pesar de la fuerza de resistencia. Por lo tanto la entrega de la Torá y el Arvut (la garantía mutua) están conectados. Después de todo, el Arvut per se es imposible. Nosotros no lo implementamos, más bien exigimos que se implemente. Este es el “milagro del éxodo de Egipto”. Sólo participamos en ello, y los cambios per se no se realizan mediante nuestros esfuerzos sino únicamente como resultado de nuestro deseo.

Nuestro trabajo es desearlo con tanta fuerza como nos sea posible. Entonces la Luz llegará. Mientras tanto, estamos fabricando “el becerro de oro”, como en los tiempos de la recepción de la Torá. Ocurre, pero no olvidemos tampoco gritar fuerte.

Debemos prepararnos para extender la exigencia más seria. Sólo exijan y no piensen en lo que seguirá. Lo que necesitamos es el colectivo, la demanda unificada que nos permitirá recibir la fuerza de la unificación. Entonces dejamos que nuestro egoísmo se eleve también en el instante que sigue, pues así es el programa del sistema. No es nuestro asunto.

Nuestro asunto es pedir la corrección del egoísmo que se nos entrega ahora mismo, nada más. Se evalúa a la persona según las circunstancias actuales. Sólo necesitamos llenarnos al máximo de nuestra necesidad y presteza para atacar.

(24023 – De la lección diaria de Cabalá del 15 de octubre 2010. El Arvut.)

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