Cuando se te acaban las fuerzas

Una persona avanza cuando es capaz de soportar dos líneas: la derecha y la izquierda. Dentro de la línea que extiende de arriba hacia abajo se siente abatido, desilusionado, desesperado, débil y desanimado. Pero en la línea que extiende de abajo hacia arriba, es todo lo contrario. Es en este punto que realizamos un análisis.

Por ejemplo, me siento totalmente exhausto, física, mental y moralmente. No puedo organizar mis pensamientos, mi consciencia se encuentra  confusa y nada tiene importancia. Quiero olvidarme de todo e ir a dormir para no sentir nada.

Sin embargo, al ascender por encima de este estado por un momento, juzgo que es un buen estado. Hay un Salmo que dice, “Pues aquel que está muerto es libre”. Ahora soy libre de mi egoísmo; ha muerto y no me exige nada.

Si ingresa en mí un poco más de Luz, entonces entiendo la razón de este estado: que el Creador fue quien me lo envió. Lo que quiere es que yo lo resuelva: ¿Para qué necesito un deseo que no me está pidiendo nada y es incapaz de hacer nada? ¿Por qué me lo ha enviado?

La Luz ilumina mi estado actual de caída, revelando sus causas, que a su vez se convierte en el punto de partida para que empiece a crecer de nuevo. Los sabios dijeron, “El hombre justo se eleva desde ese lugar en donde cae el egoísmo”. Mi egoísmo cae y el hombre justo nace allí. Dentro de una línea veo que he caído hasta el fondo, pero dentro de las dos líneas empiezo a ascender.

La recesión ocurre sólo para que Luz influya, para que la Luz me imparta la segunda línea que me ayuda a pensar por encima de la sensación que tengo. Me eleva desde la sensación de “dulce o amargo”, al análisis de “verdadero falso”.

Una persona siempre debe situarse bajo la Luz, para que la Luz lo eleve por encima de la sensación y le muestre la verdad, la razón, le muestre a Aquel que opera. Incluso con una sensación poco clara al conocer la razón, el Creador, Quien delinea la imagen del mundo que se encuentra dentro de mí, cambia mi percepción de la imagen a lo opuesto. Entonces me siento feliz que el Creador me haya dado esta sensación tan negativa y menguada. Es la debilidad que me da la capacidad de actuar.

Una vez que comprendo y resuelvo la situación, tengo una meta y un medio. Una vez que he despertado, comienzo a ascender.

(22514  – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 4 de octubre 2010, ¿Cuál es la ayuda que tengo que pedir al Creador?).

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