El Arvut no es para los débiles.

En nuestro mundo, la humanidad gradualmente avanza desde lo inanimado (natural) al nivel de “humano” (espiritual, Adam ó “similar al Creador”). Esto quiere decir que, aparte de nuestro alimento, sexo, familia, riqueza, fama y conocimiento, el deseo de la espiritualidad, el anhelo de alcanzar la fuente y el propósito de nuestras vidas, se despierta en el sistema colectivo de las almas, en las personas.

El deseo se despierta por etapas, paso a paso, puesto que el alma colectiva está compuesta por varias partes: Rosh (Cabeza), Toj (Cuerpo), Sof (Fin),  y las tres líneas, JBD (Jojmá, Biná, Da’at), JaGaT (Jesed, Guevura, Tifferet), NeJY (Netzaj, Hod, Yesod), 10 Sefirot, GE (Galgalta ve Eynaim), AJaP (Ozen, Jótem, Pé), y así sucesivamente. Obviamente, no todas las partes son iguales. Existen diferencias en su Aviut (Grosor o espesor del deseo de recibir): Shoresh (0), Alef (1), Bet (2), Guimel (3), y Dálet (4).También existen diferencia en la forma con la qué ellos trabajan con el deseo de recibir: sin pantalla, con pantalla, antes del rompimiento, y después del rompimiento.

Después del rompimiento, los deseos cayeron del nivel de otorgamiento al nivel de recepción, mezclados entre sí, y están despertando gradualmente hacia la corrección desde las almas desde los deseos más livianos hacia las que tienen deseos más pesados. Las almas con el deseo de recibir relativamente pequeño empezaron a despertar antes, como en los tiempos de Babilonia.

Entonces, por primera vez, un despertar ha ocurrido en las masas; aquellos que han reconocido entre ellos el deseo de alcanzar la espiritualidad son considerados como “Isra-El” (aspiran al Creador). Abraham los organizo y recolecto en el primer grupo. Él les enseño esta cualidad, “Jésed” (Piedad).

Pero los deseos eran débiles, y por lo tanto, el mecanismo de  corrección, la Torá, el método de atracción de la Luz Superior que Reforma, no fue necesario. Su propia lucha fue suficiente para atraer la Luz que Reforma sin necesidad de usar la ayuda del sistema entero de conexión entre nosotros, que es llamada “la Torá”.

Claramente, todas las correcciones son realizadas solamente con la ayuda de la Luz, pero el Aviut débil que nuestros “antepasados” poseían durante el periodo de tiempo entre la antigua Babilonia y Egipto les permitió revelar la espiritualidad y corregirse a sí mismos de forma natural. Pero después de “Egipto”, las almas han adquirido un egoísmo mayor, el deseo de recibir, y fueron separados por un odio tan grande como el Monte Sinaí. Por un lado, ellos se odiaban entre sí, pero por el otro, ellos lograron alcanzar el reconocimiento del mal, ellos odiaron su exilio de la espiritualidad y estaban ansiosos de liberarse.

La clave se encuentra en la magnitud del deseo, la revelación del egoísmo. Para contrarrestar el ego que evoluciona durante el éxodo de Egipto, las almas tiene que conectarse con la fuerza que se considera como “seis mil almas”. Y solo cuando estén ansiosos de unirse, aceptando la norma del Arvut (Garantía muta), la Luz que los trae de vuelta a la fuente, al Creador, es revelada. Esto es conocido como “La recepción de la Torá”.

 (23220– De la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 11  de octubre del 2010, “El Amor por el Creador y el Amor por los Seres Creados”)

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