Lo que los adivinos no saben

La libertad empieza a partir del momento en el que tomo una decisión acerca de si estoy siendo gobernado desde arriba o no; si el Creador existe o si dependo al 100 por cien de Él. Si no es así, entonces, ¿qué significa la libertad? Si no hay libertad en absoluto y no podemos cambiar nada, evidentemente, no hay nada que pensar al respecto. Sin embargo, si somos capaces de realizar acciones autónomas, ¿qué es lo que representan?

A partir de este punto, comienzo a aclarar por qué vivo, cuál es la esencia de mi vida, lo que me va a pasar y qué objetivo tiene mi vida. En otras palabras, me gustaría saber si puedo ser el gestor de mi propia vida y modificar algo de ella. Estas preguntas surgen en el ser humano en el “nivel hablante”.

Toda la aclaración es acerca de si puedo actuar por mi cuenta, a la hora de luchar por el Creador (la naturaleza), que rige todo lo que hay. ¿Existe un punto “libre” fuera de mí que no pertenezca a la naturaleza?

En el nivel animado de esta vida material, no podemos cambiar nada, y, por tanto, es totalmente predecible. Sin embargo, un adivino no sabe lo que pasará en la vida Superior, en el nivel “hablante”, dentro de nuestra conexión con el Creador, nuestra libertad. Un echador de cartas sólo puede adivinar lo que sucede en el nivel de este mundo, en nuestro cuerpo físico.

Por debajo del Majsom (la barrera que nos separa de la espiritualidad), no existe el libre albedrío, éste sólo subsiste en la espiritualidad. Un animal no posee ningún tipo de libertad de voluntad, así que ¿por qué nuestro cuerpo físico tendría que ser diferente? Sin embargo, el alma existe más allá de este nivel y obedece a diferentes fuerzas que están presentes en otro mundo, en otra dimensión. Sólo podemos hablar de libertad en relación con el alma.

¿Qué tipo de libertad puede existir en este mundo si nuestros cuerpos biológicos están rígidamente gobernados por el placer y la aflicción? La libertad de elección sólo existe en la espiritualidad, en concreto en la “línea media”. No desperdicies tu energía en las cosas materiales que estén más allá de tus necesidades básicas. No recibirás, en esta vida corporal, nada que merezca la pena y, si persistes en pedir más de lo que realmente necesitas, lo único que conseguirás es complicar más tu vida.

Sin embargo, si utilizas tu energía para alcanzar la espiritualidad, saldrás ganando. Ésta es la ley de la naturaleza: tienes que proveerte de una existencia material normal pero, el resto de tu energía e intelecto tiene que ser dedicado a alcanzar la espiritualidad. Ahí es donde encontrarás el llenado real.

(23726 – De la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 15 de octubre 2010, La Libertad.)

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