Toma de la mano al Creador

Cuando la persona entiende la importancia del grupo para su corrección, ésta se abre como el cofre de un auto y permite a sus amigos “hacer el servicio” en el interior. Lo mismo hace el enfermo cuando se tiende sobre la mesa de operaciones para que los médicos le salven la vida.  La persona siente que depende al cien por ciento de la buena voluntad de sus amigos y que sólo con su ayuda puede transformarse, corregirse y salvarse de una enfermedad mortal.

Entonces el entorno empieza a influirle. Cuanto más se apega a sus amigos, más claro se le muestra cuán difícil es buscarlos, y cuán consternado se encuentra por esto.  Por un lado, la persona entiende que sencillamente debe ir hacia los amigos pues su vida depende de esto, pero, por otro lado, su egoísmo y su terquedad no le permiten hacerlo. Estad dos cualidades se llaman “el odio”, “el lado no puro”, “la impureza”.

Por ejemplo, a veces debemos pedir perdón a alguien y no podemos hacerlo. También en esta situación descubrimos estas dos fuerzas contrarias: debo hacerlo para salvarme, pero no puedo. Sin embargo, más adelante reconozco que mi incapacidad está provocada por una poder ajeno, y como resultado, adquiero fuerzas.

Y esto ocurre en cada nuevo grado: empiezo entender que el Creador ha organizado todo  para que le tome de la mano, como un niño pequeño toma de la mano a un adulto,  y entonces con su ayuda podré ir con el Faraón.

Y así es como avanzamos hasta el mismo final de la corrección: reconozco el mal de mi naturaleza, me aparto de él y constato que es el Faraón, mi rival. Y entonces deseo eliminarlo y pido a la Luz Superior hacerlo para mí.

 (24607 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 18 de octubre 2010 – Ven a Faraón.)

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