Una sencilla fórmula de realidad

La realidad en la cual existimos no tiene tiempo.  Todos los cambios de tiempo, espacio y acciones, todo lo que nos sucede incluyendo nuestras propias transformaciones, están todas basadas en nuestras sensaciones cambiantes, mientras que nada cambia fuera de nosotros. No sentiríamos ningún cambio sin los cambios en nuestros deseos e intenciones.

En realidad no existe nada más que el deseo con intención y opuesto a ello, la Luz Superior que permanece en reposo absoluto. A medida que cambia este deseo, experimenta formas y contornos diferentes.  Actualmente, estamos experimentando la sensación de nuestros cuerpos, y esto es también el deseo que se percibe asimismo de esta manera.

Este deseo pasa a través de diferentes estados, uno tras otro, en el orden de causa y efecto, desde el principio de su desarrollo hasta el final.  Todo este desarrollo sucede solo en relación al del deseo; no hay cambios fuera de él.

Por lo tanto, toda la sabiduría de la Cábala habla solo acerca de la manera como el deseo percibe la realidad: la ubicación de este deseo, porqué está allí, y con quien está conectado. Esta es toda su vida.  La sabiduría de la Cabalá nos revela todos los acontecimientos que le ocurren al deseo, nos explica todo el proceso y especialmente la última etapa del desarrollo del deseo.

Esta última etapa es un paso consciente, cuando el deseo se desarrolla junto con sus intenciones y consiguen un estado donde comienzan a percibir su propia realidad. Cierta fuerza surge en ellos, una propiedad especial de percepción, la cual faculta al deseo a levantarse sobre esto y mirarse a si mismo desde un punto externo y objetivo.

Entonces el deseo concientiza que de hecho existe; cambia y se mueve hacia algo, existiendo en conexión con alguien desconocido hasta ahora, y existe un propósito para su desarrollo.  Comienza a pensar acerca del próximo estado el cual todavía no ve.

Todo esto sucede porque el bien llamado “punto en el corazón” se despliega en el deseo en la última etapa de su desarrollo. A partir de este momento, el deseo comienza a identificarse más y más con este punto; se conecta con él, lo valora, y se mueve más fuera de sí mismo. 

En otras palabras, en lugar de prestarle atención a las cosas que el deseo tiene o no tiene, hasta el punto en el cual está lleno o vacio, empieza a ver el cumplimiento o su ausencia como los medios de identificarse más con el punto sobre el deseo identificados como la pantalla o la intención, el Creador o unidad. Así es como se desarrolla el deseo.

(22346 – Tomado de las Lecciones Diarias de Cábala del 29 de septiembre 2010,  Shlavei Hasulam, Articulo 25, 1991.)

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