Ascendiendo por los peldaños de las intenciones

Una persona puede comprobar cuán integrada está al grupo, y si éste es capaz de proporcionarle una nueva intención. Obviamente, el otorgamiento es contrario a su naturaleza y desde el principio la persona se resiste a este atributo, pero ella debe organizar su entorno y a sí misma para que éste le influya. El grupo debe “doblegarlo” a uno, de tal forma que lo desvíe del camino que le dirige “directamente” a su propio beneficio, hacia un camino de otorgamiento y unidad que a uno le parece torcido.

Aquí se encuentra el primer criterio para esta comprobación: ¿cuáles son los valores que el grupo me infunde? – por ahora nosotros hablamos sobre valores de unión. Este es el problema que el grupo debe presentarme, para que su importancia crezca a mis ojos. Pero a la vez, debemos entender que existen también otras metas que, por ahora,  el grupo no puede realizar por sí mismo e implementar con todo vigor.

Al mismo tiempo, a través del entorno, mi intención varía: yo aun pienso en mi propio beneficio, pero ya lo conecto con el entorno y encuentro provecho personal en la unión con los amigos. Luego resulta que no estamos simplemente unidos uno con el otro, sino que descubrimos al Superior, o sea- algo espiritual. Ahora pensamos que esto nos beneficiará: nosotros ascenderemos por los peldaños espirituales más y más arriba. Esta ya es una intención colectiva de Lo Lishmá (no en beneficio del Creador). Y luego comenzamos a pensar un poco sobre una verdadera intención altruista de Lishmá (en beneficio del Creador), ya que, en realidad,  los esfuerzos deben ser para beneficio del Creador. Con el tiempo,  también comienzan a asaltarnos este tipo de pensamientos.

Obviamente no es algo que deseamos, pero de todas maneras aceptamos hablar de ello, y entonces cada uno comienza a unirse, un poco, a la verdadera meta y a absorberla. Así es que nos mudamos de un estado a otro, de un “sitio” a otro, y de un nivel a otro vamos mejorando nuestro deseo y la intención que recibimos de los amigos. De a poco corregimos el deseo, y aún más, la intención; ya que la intención es el vector (dirección) que recibimos del entorno. Por lo tanto, hay que preocuparse que la misión, la meta que hemos recibido del entorno, varíe constantemente, al convertirse en más y más importante y sublime, y que sea más genuina a nuestro criterio. Como resultado de todas las intenciones “intermedias” nosotros nos uniremos en un solo grupo, para deleitar al Creador.

(26795 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 17 de noviembre 2010 – El Zohar.)

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